Después de llegar a casa de su hermana y comprobar que sus hijos estaban bien, Paulina se sentó en un banco de la barra de la cocina, con una humeante taza de infusión de tila y manzanilla para tratar de controlar sus nervios.
Mientras le relataba a Marina todo lo ocurrido al levantar el acta y al salir del lugar, incluida la llamada de su suegra y lo que pensaba haría Abel ahora que estaba respaldado por su madre.
Ambas hermanas esperaban que llegara de un momento a otro gritando y exigiendo llevarse a sus hijos y a Paulina con él. Por eso mismo Arturo estaba en camino acompañado de un amigo suyo que era policía Judicial, no buscaban problemas, sólo tal vez asustar un poco a Abel y dejarle claro que Paulina no estaba sola y que las cosas no serían como en el pasado.
-Ahora, lo más importante es que consigas un buen abogado - le dijo Marina con algo de alarma en la voz - no podemos dejar este asunto en las manos de cualquiera, es primordial que la custodia de los niños sea sólo tuya- puntualizó, mientras tamborileaba las largas uñas en su taza. - lo sé, lo sé, pero un especialista debe cobrar una fortuna y además debe ser alguien que no se deje comprar ni sobornar, conozco a la madre de Abel y sólo por quitarme a los niños es capaz de muchas cosas - respondió Paulina con mucho pesar, mientras la insertidumbre, acrecentaba el hueco en su estómago.
Marina estaba a punto de responder cuando llamaron a la puerta, poniendo a ambas en estado de alerta y perdiendo por un segundo cualquier capacidad para moverse o hablar. Cuando escucharon nuevamente el timbre y posteriormente una serie de golpecitos leves en la puerta de entrada, finalmente salieron de su estupor y Marina tomó rápidamente el teléfono para avisar a Arturo que se diera prisa, mientras se dirigía a la entrada, pero se detuvo un instante, volteo tras de sí y dijo a su hermana - Pau, toma a los niños y encierrate en mi recamara. enciende la cámara de tu celular y graba todo, te aviso cuando sea seguro salir. Tranquila, estas a salvo aquí- Paulina, solo asintió en silencio, y corrió a buscar a sus pequeños que jugaban en la alfombra de la sala.
Marina llegó a la entrada y sosteniendo con fuerza el pomo de la puerta, tomo aire, exhalando lentamente, para finalmente preguntar quién era.
- Disculpe, buenas tardes, estoy buscando a... Paulina Romero Medina, se encuentra ella? - dijo una voz masculina en un tono afable. - Tengo unos documentos que preciso entregarle personalmente - dijo el hombre
Extrañada Marina se estiró para alcanzar la mirilla, pues no era muy alta, a diferencia de Paulina, cuando observo a un atractivo hombre de unos 35 años, con un traje gris, camisa blanca y corbata azul, con maletin en mano y toda la pinta de abogado, se asustó; pensó que tal vez Abel, decidió actuar fríamente y contratar un abogado para hacer todo legalmente desde el principio, en lugar de la rabieta que ella y su hermana esperaban, y que para ser honestos, les habría ayudado para comprobar que no era un hombre capaz y facultado para tener con el a sus hijos. Pero el que un abogaducho, "guapísimo" pero abogado al fin, estuviera frente a su puerta para entregar documentos, sin duda era un nuevo nivel en ese juego.
Marina abrió la puerta decidida y dijo casi sin respirar y mirando fíjamente a los ojos verdes de aquel hombre (cosa nada fácil dado su innegable atractivo y el aura de seguridad que emitía aquel espécimen) - La señorita no se encuentra, pero yo soy su hermana y puedo atenderlo por ella, ¿cuál es el asunto a tratar? -
El hombre, que le sostuvo la mirada con curiosidad, pudo notar la tensión en su voz y el gesto adusto con que le respondió, pero sin desmotivarse ni un poco ante tal recibimiento, respondió con calma - El día de hoy, por la mañana me encontré con la señorita en la entrada de las oficinas de los juzgados y dejó este expediente, creí que querría recuperarlo. - le dijo, levantando la mano y mostrando el folder, pero retirando la mano rápidamente cuando Marina lo quizo alcanzar - lo siento, dada la importancia de estos documentos, no puedo dejarlos en manos de cualquier persona, sólo puedo entregarlos a ella personalmente- respondio con una sonrisa de suficiencia y un brillo en los ojos que hacían evidente la satisfacción de ver la frustración en la cara de Marina, que sólo podía abrir y cerrar la boca, intentando refutar eso.
Segundos después, cuando salió del asombro, y estaba dispuesta responder, una voz conocida detrás de ella, se adelantó y respondió -Muy bien, ya me encontró, ahora diga ¿que es lo que quiere?!- dijo Paulina con cara sería y tono severo, al mismo tiempo que se colocaba delante de su hermana y cruzaba los brazos.-yo me encargo Marina, gracias. Puedes... - dijo viendo a su hermana con ojos de súplica - Si claro, yo veo a los niños, si necesitas algo solo grita, estaré atenta- dijo una muy ofendida Marina
-Hola, me recuerdas? - dijo el hombre con cautela, pero sin perder la sonrisa de medio lado. - Hoy... en la mañana? las escaleras... tu teléfono... - dijo distraidamente- saliste corriendo como la cenicienta! - terminó diciendo tratando de reprimir la risa en su voz - sólo que en tu huida no olvidaste una zapatilla, olvidaste estos documentos - le dijo mostrando el sobre nuevamente pero cuidando muy bien no dejarlo a su alcance y pendiente de cada gesto de la chica.
Ella no pudo evitar la expresión de asombro que rápidamente fue reemplazada por una mueca de consternación al hacerse evidente en su interior lo que abría pasado de no tener esos documentos - Si, lo recuerdo - dijo finalmente Paulina, mientras una sonrisa luchaba por salir de sus delgados y suaves labios, a pesar de su intento por lucir apática e indiferente, el gesto de aquel extraño, que ya le había ayudado esa mañana y ahora estaba ahí para hacerlo nuevamente, la conmovió - no había notado que me faltaba este sobre, en verdad agradezco su gesto, son sumamente importantes para mi - dijo extendiendo la mano para tomar los papeles
- no tan rápido, ¿Paulina, cierto? - dijo extendiendo su mano para tomar la de ella. - Mi nombre es David, David Cáceres, soy abogado corporativo , especialista en derecho administrativo ... y disculpa, pero la única forma de saber quien eras y donde encontrarte fue leyendo algo de ese expediente y por lo que pude encontrar, creo que te urge un buen asesor...¿quien esta llevando tu caso?
- No tengo abogado aún, todo esto está pasando demasiado rápido, pero pronto lo resolvere- dijo ella rápidamente tratando de recuperar su mano y la compostura, después de perderse por segunda vez en el día en esos intrigantes y coquetos ojos verdes- Entiendo que haya tenido que revisar mis documentos y le agradezco el haberlos regresado, Licenciado Cáceres, pero este asunto es algo que no le incumbe, si me permite- le dijo extendiendo la mano para solicitar el sobre- tengo muchas cosas que hacer y usted debe retirarse- finalizó
-si claro, disculpa mi intromisión- dijo David cambiando su sonrisa por un gesto serio y frío, entregándole los documentos y retrocediendo un par de pasos - igual, ha sido un placer conocerte y lamento cualquier molestia que pude causar con mis cuestionamientos, no fue mi intención, fue sólo mi curiosidad como abogado, buenas tardes, señorita Romero. - y dándose la vuelta camino rápidamente a su auto estacionado unos metros más adelante
Paulina se lamentó haber sido tan severa al hablar con David, pero sabía que no podía permitirse más complicaciones en ese momento y ese hombre con su 185 cm de estatura, el tono ligeramente bronceado y su sonrisa ladeada que combinaba perfectamente con sus curiosos ojos verdes, gritaban a todas luces ¡¡Peligro!!
(No, no necesito eso) se dijo mentalmente mientras daba la vuelta y entraba a la casa.
Marina que observo todo detrás de ella, no supo como interpretar lo acontecido, pero no pudo evitar preguntar - qué!! ¿estás loca?! necesitamos un abogado, llega uno tocando a la puerta, interesado y dispuesto a darte alguna asesoría y tú lo despides!!! - le reprochó a Paulina haciendo un puchero y con los brazos en jarras, - no le diste oportunidad ni de explicarse, fuiste realmente grosera - decía mientras ambas daban vuelta al rededor de la habitación - al menos nos pudo recomendar a un buen abogado familiar y que nos garantice que no se va a dejar comprar
- No lo sé, no sé en que estaba pensando - dijo Paulina deteniendo sus pasos repentinamente, lo que hizo a su hermana chocar con ella- cuidado!!! - replicó Marina - lo siento!!! es solo que esto me está sobrepasando y encontrarlo aquí frente a tu casa con mis documentos, sabiendo todo lo que estoy viviendo, me sentí muy avergonzada, mucho y además no entiendo cuál fue su intención al venir aquí, que gana él? - dijo mientras negaba repetidamente con la cabeza - no Marina, no puedo perder el tiempo pensando en más cosas, debo concentrar mi atención en luchar por mis pequeños.-
y sin más salió corriendo a la habitación para reunirse con ellos.