Clinton se quedó a cuidar a Paulina y Alejandro lo acompañó. Mientras Virginia, Octavio, Sergio y Julieta fueron a la mansión, debían estar con los niños, además querían hablar. Virginia estaba perpleja ante lo que Julieta contaba. —¡Dios mío! July, debiste tener mucho miedo —Virginia abrazó a su amigo—. Debí estar contigo, Julieta, te extrañé tanto. Julieta la abrazó, limpió sus lágrimas. —Está bien, ya volví, no planeo morir ahora. —Tu bebé… La mirada de Julieta se endureció. —Felicia y Pablo lo pagarán, si hubiese sido solo yo, no dudaría en olvidarlo todo, en dejarlos lejos de mí, pero me arrebataron a mi bebé, por eso quiero que paguen por esto. —¿Qué harán? —Sergio tiene una idea, y yo tengo la mía, queremos hacerlos confesar, pero aún no lo sé, ya veremos. Virginia volvió

