Los ojos de Sergio se volvieron severos contra ese hombre, los miró con odio, de verdad detestaba a esas personas y pensó seriamente en la idea de poder matarlos. —¿Qué hace usted aquí? —exclamó Felicia. —Es mi jefe, y él siempre está a mi lado. Quiero que planeen la fecha de la boda, mañana traeré los papeles de divorcio, Pablo, debes cumplir como un hombre a mi hermanita, ella es tan inocente que se dejó embaucar por un mujeriego, ¿es así como pasó, Felicia? La mujer la miró temerosa, asintió. —Bien, por cierto, se agotaron todos mis ahorros, está bien, quédenselos, para que así puedan mantenerse, mi jefe le dará un trabajo a Pablo, no queremos que vivan en la inmundicia. Ahora iré por mis cosas. —¿Tus cosas? ¿A dónde vas, hermanita? Julieta estaba de espaldas, pero escuchar esa vo

