Melody y Nelson se levantaron asustados. —¡Octavio! Octavio le propinó tal golpe que lo hizo caer al suelo. —¡Cobarde! ¡Traidor! —gritó Las palabras dolieron más que aquel golpe. —¡Octavio! Octavio miró a esa mujer, la tomó del cuello, lo apretó con fuerza, ella abrió tanto los ojos, no podía creer que ese fuese Octavio Hesser, el hombre bueno que hacía sus caprichos realidad, cuando la amó. —¡Esto es lo más perverso de todo! Falsa, maldita, dime, ¿Los otros niños son míos? ¿Son mis hijos o no? Sintió que alguien lo tomó, y lo empujó, miró a Nelson con odio. El hombre retrocedió, parecía una fiera herida, con ojos inyectados en sangre, miró sus puños, blancos de tanto apretarlos. —Octavio, ¡escúchame! Perdóname, no quería esto. —¿No querías esto? ¿Fue un accidente que te hayas a

