Capítulo 13: Triste

1157 Palabras
Hoy ha sido un día complicado, lo único que deseo es descansar y en lo posible, morirme, pero supongo que un individuo psicológicamente saludable, no pensaría en algo como esto. Esta mañana, al despertar, no esperaba tener que solucionar tantos problemas, por un lado, lo relacionado con Martín, mientras que, por otro lado, debía hacer las labores que mi padre me había otorgado. Todo iba bien, hasta que me llegó una carta informándome que debía viajar de regreso a mi castillo. Estaba ocurriendo algo de suma importancia, mis padres no especificaron de qué se trataba, sin embargo, era bastante insistentes en el tema de regresar cuanto antes. Como no sabía si se trataba de algo peligroso, no pensaba llevar a Martín conmigo, algo que me dio tiempo para alistar mis maletas mientras agilizaba mi regreso. En mis planes no estaba armar tanto alboroto, le hablé a un par de guardias y les anuncié sobre su nueva labor, suponiendo que, antes de irme debía hablar con Derek. La última vez que lo vi, fue esta mañana, luego de presenciar cómo sus esposas se le apegaban lo suficiente como para hacerme sentir asqueado. Es normal que él esté con sus esposas, incluso que tenga hijos con ellas, sin embargo, debo reconocer que esperaba algo diferente. Sé que mi error fue pensar que su trato hacía mi era diferente, incluso llegué a pensar que era el único que podía besarlo o tocarlo, lo que por supuesto no es cierto. Derek y yo no tenemos nada, él está casado, mientras que yo estoy soltero sin ánimos de estar con alguien que ya tiene dos esposas. Toda mi vida he recibido lujos, no he tenido la necesidad de compartir mis pertenencias, por tanto, pensar en compartir a una pareja, sin duda me genera rechazo. Me dejé llevar por el calor y las caricias, reconozco cuál ha sido mi error, puesto a que olvidé que Derek estaba casado y que, entre nosotros, jamás ocurriría algo más. El arte de compartir no se me da especialmente bien, así que cuando me dirigí a su oficina, lo hice pensando en que es estúpido involucrarme con alguien como él. Se supone que estaba enamorado de Tyler, él llegó al punto de caer en depresión cuándo lo perdió, incluso recuerdo cuánto sufrió por la perdida, sin embargo, si aun estando enamorado de él, no fue capaz de separarse de sus esposas, entonces, ¿qué podría esperar yo? ¡Ellos se amaban! Es absurdo pensar en que Derek logrará superar aquel sentimiento sólo por mí. Yo no espero que me ame aún más que a Tyler, de hecho, estoy seguro de que siempre estaré bajo su sombra y ahora que lo pienso con más calma, es triste. Yo no busco reemplazar a mi amigo, bien sé que es irreemplazable y sin duda lo extraño mucho, además él dijo "Cuida a mi hijo" no "Acuéstate con mi esposo" –Soy de lo peor...–murmuré parando frente a las puertas que daban al despacho de Derek. Sus guardias se mantenían perfectamente posicionados, e incluso permanecían quietos aun cuando yo los miraba espero a que abrieran las puertas. –No podemos, el rey está con su segunda esposa– me anunció. –¿Y?– pregunté con extrañez. –No podemos interrumpir cuándo está con sus esposas, fue una regla que implantó hace varios años– me respondió otro guardia. –Pero he entrado en varias ocasiones cuándo... –Es diferente, la situación parece haberse calentado– me interrumpió el guardia– ahora mismo no podemos interrumpir. –Oh...– dije comprendiendo por fin. Básicamente los guardias me estaban anunciando que el rey y su esposa estaban teniendo sexo, por tanto, preferí dejarles el recado, sintiéndome triste y decepcionado. ¿Pero qué esperaba? Que Derek haya sido tierno conmigo no significa que yo fuera alguien especial dentro de su vida, aunque igualmente me siento triste... Bueno, no importa, es mejor así. Tarde o temprano debía darme cuenta, como dije, me dejé llevar por el calor y es posible que mi propia soledad me haya jugado en contra. No se volverá a repetir... –¡Papi! –me llamó Martín corriendo hacía mis brazos tras verme regresar a la zona sur, yo buscaba verificar si los sirvientes habían movido mis cosas e incluso evitar al pequeño príncipe, ya que sabía que me retrasaría–me dijeron que te irías– me decía con tristeza. –Sí, sólo será por unos días– le aseguré, poniéndome de su tamaño para mirarlo directamente a los ojos. –¿Es porque me porté mal? –preguntó preocupado– prometo que ya no lo haré, pero por favor no te vayas sin mí. –No te puedo llevar esta vez, aunque una vez solucione este problema, regresaré, ¿vale? –le fui diciendo, mientras Martín se ponía cada vez más triste. Podía ver como sus ojos se empañaban de lágrimas, esta sería la primera vez que regreso a mi reino sin llevármelo, aunque confío en que Derek lo cuidará. –No me dejes solito...– me pedía aferrándose a mi pecho entre lágrimas– ¿qué pasa si mi padre vuelve a evitarme? No tendré a nadie... Mi pecho se encogió tras oírlo llorar, no pude evitar abrazarlo con fuerza, tratando de darle todo mi amor con aquel gesto, aunque igualmente debía irme. –Tu padre no te dejará...– le trataba de asegurar– además ahora tienes a tu amigo, él estará contigo para que no te sientas solo. –¿Y si las esposas de mi padre lo echan? –me preguntaba preocupado. –Daré la orden de que no puedan venir aquí, ellas no los molestarán, los guardias se encargarán de no dejarlas pasar, ¿está bien? –Por favor regresa pronto...– me pedía mientras que yo lo levantaba del suelo, manteniéndolo en mis brazos mientras trataba de consolar su llanto. Martín ocultaba su cabeza en mi hombro, aferrándose fuertemente a mi cuello. Al mismo tiempo, yo cumplía mi promesa y les daba la orden a los guardias de no dejar entrar a las esposas de Derek a este lugar. Como Derek aún no me quita el mandato de sus hombres, ellos rápidamente dijeron "Si señor" aliviando de paso a Martín quién claramente aún no quería soltarme. Yo tenía que viajar, es mejor viajar en la noche, eso es algo que Johan me enseñó, aunque según como resultaban las cosas, primero tendría que esperar a que Martín se durmiera. Los guardias que me acompañarían me anunciaron que mi transporte estaba listo, aunque les pedí que esperaran un poco, mientras Martín lloraba aún más. "Todavía no" me decía, manteniéndose aferrado a mi cuello. No deseo irme, no cuándo él está de este modo, pero como príncipe heredero tengo responsabilidades que ahora mismo requieren de mi atención con urgencia. Ojalá sea realmente importante, no quisiera que las lágrimas de Martín sean en vano.
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