Gracias a las lágrimas de Martín conseguí que se durmiera más temprano de lo usual. Él lloró hasta caer dormido, por tanto, luego de dejarlo recostado en su cama, me dirigí a la salida del castillo donde mi carruaje estaba esperando.
La oscuridad de la noche era inminente, los guardias se ayudaban de antorchas para iluminar el lugar, mientras que yo un poco inseguro miraba hacia atrás, esperando algo que no ocurrió.
Sé que es estúpido seguir pensando en Derek, pero esperaba despedirme de él antes de irme. Si bien ya no puedo tener algo romántico con él, esperaba ser su amigo.
Nosotros estábamos congeniando, parecía que nos volveríamos más cercanos, por lo mismo, el ser amigos es totalmente válido ahora que no espero nada romántico con él.
No es que no quiera, en realidad, si me gustaría conocerlo un poco más en ese ámbito, pero no quiero ser su amante, mi orgullo no me lo permite.
Miré hacia atrás por última vez mientras cerraban la puerta del carruaje, sin embargo, él no apareció, así que simplemente di la orden de partir.
En mi viaje me acompañan 4 hombres, normalmente se utilizan más guardias, pero prefería pasar desapercibido o al menos intentarlo.
En caso de un asalto o atentado, yo también puedo pelear, no soy débil, mis habilidades son casi tan buenas como la de un soldado, por lo mismo, me mantenía confiado.
Durante la primera hora todo marchaba bien, aunque debo reconocer que estaba extremadamente aburrido, por lo mismo, opté por pedir un caballo y caminar junto al resto, mientras iniciábamos un tema de conversación.
La segunda hora, nos topamos con unos sujetos que llevaban unas capas que cubrían la totalidad de sus cuerpos, lo que rápidamente nos hacía estar alerta, ya que fingían ser simples vagabundos.
–¿No tendrán un poco de agua? –preguntó uno de ellos.
Yo le hice un gesto con los ojos a uno de mis guardias, quienes alertó al resto disimuladamente.
Sabía que estábamos a punto de ser atacados, la falsa debilidad de aquellas personas obviamente no me convencía, justamente porque literalmente hay un chorrillo de agua cristalina pasando por detrás de él.
No puedo verla debido a la oscuridad, sin embargo, he hecho este viaje tantas veces que conozco el sitio a la perfección, además aparte de los ruidos que emitían los insectos, podía oír el agua corriendo a través de las piedras.
Por suerte, antes de bajarme del carruaje anteriormente dejé mi corona allí dentro, de lo contrario, ellos ya me estarían atacando.
Ellos creían que había alguien dentro del carruaje, así que antes de que pudieran atacarnos por sorpresa, uno de mis guardias atravesó con su espada la garganta de aquel asaltante.
En cuánto cayó al suelo, pudimos ver como bajo su capa ocultaba dos espadas, además el resto de sujetos que lo acompañaba, sacaron sus espadas y tuvimos una reñida batalla donde destruyeron el carruaje.
Lo hicieron por desesperación, ellos querían huir con aquella persona que se encontraba dentro, esperando secuestrar a una persona que estaba peleando con ellos, aunque ellos no lo sabían.
Eran 6 sujetos. Neutralizarlos fue relativamente sencillo, aunque tuvimos que dejar el carruaje.
Le dañaron una de las ruedas, moverlo ahora sería problemático, por tanto, dejé una nota que decía: "Propiedad del rey Sherman" para aquel que lo encontrara.
Mis cosas las movimos a los caballos, no llevaba demasiado, así que fue sencillo, aunque si mi madre llega a enterarse de que guardé mi corona en el bolso de mi montura, sin duda le daría un infarto.
–Señor, ¿No deberíamos regresar? –me preguntó uno de los guardias.
–No, ahora mismo sería aún más peligroso– le aseguré– hay un pueblo a unos treinta minutos, allí podremos descansar en caso de necesitarlo.
–Como ordene, majestad– respondieron todos al mismo tiempo.
Nosotros continuamos con nuestro viaje, así hasta que nos dieron las doce de la noche. Ya habíamos pasado por el pueblo que antes mencioné, pero simplemente lo hicimos para que los caballos tomaran agua y limpiar nuestras espadas.
Como era tarde, no había nadie fuera de sus casas, lo que nos llevó a continuar por otra media hora, hasta que, en medio del silencio, oímos el inigualable ruido que producen los caballos al correr.
Nosotros nos ocultamos entremedio de unos arbustos, esperando a que nuestros caballos no relincharan o produjeran algún tipo de ruido.
Eran muchos, no pudimos ver cuantos exactamente, sin embargo, vimos las suficientes antorchas como para saber que, una pelea contra esos sujetos nos daría un viaje directo a conocer a los Dioses.
Obviamente apagamos nuestras antorchas permaneciendo en un completo silencio, viendo como aquel grupo de hombres se acercaba a toda velocidad.
Debo reconocer que estaba nervioso, mi corazón latía con fuerza, temía por la seguridad de mis guardias, quienes al igual que yo, habían hecho este recorrido las mismas veces que yo.
Cuándo Martín me acompañaba, obviamente era mucho más seguro, puesto a que Derek ponía a disposición de su hijo alrededor de 50 soldados.
Por mi parte, prefiero los números reducidos ¡Es más fácil ocultarse! Además, los asaltos bajan considerablemente su número de apariciones.
Yo sabía que, con la cantidad de guardias que elegí, podría combatir contra un porcentaje de delincuentes reducido, puesto a que estoy acostumbrado a convivir con ellos una a tres veces como máximo, aunque esta era la primera vez que veíamos a tantos hombres.
Podía notar el nerviosismo de todos, aunque al mismo tiempo, cuándo pasaron frente a nosotros, sentí mis músculos relajarse.
–¡Son de los nuestros! –anunció con felicidad uno de mis hombres, saliendo de nuestro escondite.
No todos se dieron cuenta de nuestra presencia, aunque me sorprendí cuándo uno de los soldados dijo "Majestad, los encontramos"
¡Yo no esperaba ver a Derek saliendo del carruaje que aquellos hombres rodeaban!
Podía ver que parecía preocupado, aunque cuándo noté que se deseaba acercar, me alejé queriendo buscar mi caballo.
–¿Por qué saliste con un número tan reducido de hombres? –me cuestionó, siguiéndome entremedio de los árboles.
Mis hombres me miraron nerviosos, casi diciéndome con la mirada "No queremos estar allí" así que tuve que decir "Yo traigo a los caballos"
Por otro lado, como no querían ser regañados por el rey, mis hombres se mantuvieron cerca de los otros soldados, mientras Derek y yo nos adentrábamos por aquel sitio, con sólo una antorcha como método de iluminación.
–Cuando viajo sin Martín, me gusta pasar desapercibido– respondí tomando las riendas de uno de los caballos.
–¡Pero es peligroso! –me aseguraba con enfado, mientras que yo estaba totalmente relajado.
–Ya estoy acostumbrado– le aseguré.
–Antes fueron atacados, ¿verdad? ¿Qué tal si los hubiesen lastimado? –me cuestionaba, mientras yo tomaba otro caballo.
–No es la primera vez que somos atacados, así que no exageres– le pedí tomando las riendas de otro.
–¿Por qué pareces estar enojado conmigo? –me preguntó.
–No lo estoy– le aseguré entregándole las riendas de dos caballos, para así tomar las riendas de los otros dos que faltaban.
–¿Y entonces por qué te fuiste sin despedirte? –me continuó preguntando.
–Hoy recibí la carta, decía "urgente" así que alisté todo con velocidad y cuándo intenté avisarte, estabas ocupado, así que dejé el recado con los guardias– le respondí.
–¿Así de simple? –preguntó frunciendo el ceño– dejas un recado como si nada.
–¿Tenía que pedir permiso? –pregunté confundido, viéndolo a los ojos.
–No se trata de eso, aunque esperaba una despedida acorde a la situación– me respondió.
–Derek, debo regresar a mi castillo, por favor cuida de Martín. Trataré de regresar pronto, nos vemos– le dije, creando una pequeña pausa– ¿feliz? –pregunté.
–No– respondió tomándome del brazo, tratando de detenerme cuándo pensaba regresar con el resto– ¿por qué estás enojado? Esta mañana no actuabas de este modo, ¿qué ocurrió?
–En serio no sé qué estás esperando de mí– le dije con cansancio– ni siquiera deberías estar aquí.
–Pero quería...
–Tienes que cuidar de Martín, ¿qué pasa si despierta y no estás? Se sentirá solo, deja de alargar la situación y simplemente regresa al castillo.
–No me iré hasta que me digas por qué estás enojado– me aseguró.
–¡No estoy enojado! –le aseguré casi gritándole, perdiendo la paciencia– de estar enojado, ni siquiera estaría hablando contigo.
–Entonces explícame ¿por qué estás actuando así? –preguntó mientras que yo soltaba un bufido cansado, subiéndome a mi caballo para así cortar la conversación de una vez por todas.
Obviamente me siguió trayendo los otros caballos que les fueron entregados a mis hombres.
Les di la orden de montarse en ellos, aunque Derek dio la orden de dejarnos solos.
Esto era tan fastidioso, ¿Qué más espera que diga? Realmente no estoy enfadado con él, ya que en realidad estoy enfadado conmigo mismo por acostarme con alguien que ni siquiera entiende por qué estoy actuando de este modo.
Que fastidio....