No sé cuántos minutos llevo besándola, pero sé que no quiero detenerme. Hay algo en los labios de Valentina —en su torpeza dulce, en la forma en que se aferra a mí como si yo fuera un lugar seguro— que me derrite todas las defensas. No debería sorprenderme que bese así. Tiene el corazón tan puro… que cada cosa que hace es honesta. Pero aun así me estremece. Me desarma. Me revienta el autocontrol. Cuando por fin me obligo a separarme, ella queda abrazada a mi pecho, respirando agitada contra mi camisa, sin saber que yo estoy igual o peor. «Es mi novia… Valentina Ferrara es mi novia.» Jamás pensé decir una frase así con tanta certeza. —Eres tan especial… —susurro contra su cabello, saboreando la idea, saboreándola a ella. Levanta la mirada, sonrojada, buscando alguna burla que yo jamás

