La tarde caía lentamente sobre la ciudad, pintando el cielo con tonos cálidos y naranjas. Frank se encontraba en su apartamento, un rincón acogedor en el que había decidido quedarse durante su estancia en Salem. Dado que Vicky, por alguna razón, no pudo ir a buscar a su hermanastra, él ofreció llevar a Brenda allí y hacer tiempo en su lugar. El sonido de la puerta al cerrarse resonó en el pequeño vestíbulo mientras Frank se giraba para ver a la muchacha, quien observaba el lugar con curiosidad. El apartamento, iluminado por la luz tenue del atardecer, revelaba detalles de su decoración renovada. — ¿Quieres algo de tomar? — preguntó Frank, tratando de romper el hielo. Brenda sonrió agradecida y asintió. — Solo un vaso de agua está bien, gracias. Frank se dirigió hacia la pequeña cocina

