Día 20 Como Irene tenía tantos litros de veneno y resentimiento como para llenar una piscina olímpica. Pero todo eso quedó a un lado cuando una luz tenue iluminó la habitación con su presencia, fue María con una bandeja de desayuno y unas disculpas que no creía necesarias, pero que igual recibí en el día número 20. También recibí un abrazo lleno de sus lágrimas, y palabras de amor, sobre lo mucho que le importaba, lo mucho que me amaba, y lo fuerte que era. Le siguió una comida que combinaba lo que más me gustaba, un pesado y completo desayuno, salchichas, huevo, y obviamente el yogurt de fresa al que me había vuelto tan adicta como Irene. Mientras que el postre era un enorme cambur, que estaba picado para poder comer con más comodidad. María se sentó conmigo en la cama a hablarme de m

