Día 18 Puedo abrir mis ojos para notar que estoy acostada en una habitación de hospital. Más blanco, era perfecto en definitiva. Llevo una bata de paciente, el cabello largo baña mis hombros y parece que no estoy sola en la habitación porque una enfermera está inyectando un medicamento. Ello en un suero que tengo puesto por vía en la muñeca derecha. —¿Estoy bien? — cuestiono con la garganta apenas pudiendo emitir sonidos. —Lo estás. Hay que hacer más exámenes todavía, pero se cree que tuviste una descompensación por una emoción fuerte — me devuelve la mujer enfocada en su labor. ¿Estoy bien? ¿Desde cuándo por emociones fuertes vomitas sangre? Me sentía terrible, con resaca pero sin la historia divertida de la otra noche. Toco mi cabeza para tratar de calmar el dolor. Como si eso fuer

