1- Se busca secretaría.
Pov: Alexander Reed
“ — ¡Maia! —bajo las escaleras en un vago intento de apelar a su razón—. ¿Vas a irte aún cuando te estoy implorando que no lo hagas? Hay más que ese viaje, tienes una familia aquí —sus ojos apenados escanean mi rostro y suspira bajando su mirada al suelo.
— Lex, es que tú no entiendes. Mi carrera es importante, esta es una gran oportunidad para mí —frunzo el ceño molesto.
— ¿Y nosotros qué? ¡No puedes abandonarme así, en un momento como este! —la frialdad en su mirada duele, se clava en mi corazón como una estaca.
— Debo pensar en mí, Lex —mi nariz pica y mis ojos se cristalizan.
¿Cuándo pensará en nosotros? En un momento como este, no puede abandonarme. No puede solo dejar una familia por una simple oportunidad de trabajo.
— ¡Maia, si cruzas esta puerta no serás bienvenida al volver! Si me dejas ahora, ya no vuelvas —toma su maleta sin que le importen mis palabras.
— Lo lamento, Lex, supongo que hasta aquí llegó lo nuestro. No perderé esta oportunidad, no me ataré a esto para estancar mi vida, no puedo y entenderé que quieras el divorcio, adiós —cruza la puerta dejándome destrozado”
El golpeteo de la puerta me vuelve a la realidad sacando de mi mente ese tortuoso recuerdo; que a pesar de ya haber pasado 6 meses sigue llenando mi mente de rencor. Me abandonó y nada le importó, ni que yo la amara. Se priorizó, cuando yo siempre la prioricé a ella.
— ¡Con permiso! —Vanessa; mi abogada y mejor amiga, entra por la puerta—. He preseleccionado a las candidatas. Hay muchas que pueden ser de tu agrado, competentes, con buena presencia. Espero esta sea la buena, Lex, porque has tenido 8 secretarias en los últimos 6 meses —ruedo los ojos.
— Salte del estereotipo esta vez, quiero una que salga completamente de los parámetros que hemos elegido hasta el momento —inclino mi asiento hacia atrás tomando un respiro—. Esta debe ser la buena. Vane, no quiero hacer más entrevistas, no pido demasiado —enarca una ceja y su sonrisa ladina capciosa me dice lo que no quiero oír.
— Organizada, memoriosa, responsable, que esté disponible las 24/7, con buena presencia, graduadas de universidades prestigiosas, bilingües, que pasen la semana de prueba y acepten el contrato con todas sus cláusulas, que no se derrita por ti y todo lo que Alexander Reed representa para las féminas, mucho menos que intente conquistarte. Al señor Reed le gusta que le rueguen y rechazarlas, ¿he olvidado algo? —achico los ojos con regaño mientras ella toca su barbilla pensativa—. Ya sé, que soporte tu humor de perro rabioso y no digamos de que realice las tareas asignadas con total perfección. No eres complicado, solo eres el dueño de la revista de moda más leída de todo Londres —frunzo el ceño y chasqueo la lengua.
— No exijo demasiado, Vanessa, tú sabes que no es chiste lo que hacen, no están permitidos errores, hablamos de lo más valioso que tengo —sonríe.
— Qué tierno, Lex, tienes corazón, qué alivio saberlo —siseo burlándome de ella.
— Ya tráeme los currículum de alguna postulante, no vamos a perder todo el día en esto —con su mano finge hablar, es que ella no me respeta, se olvida que soy su jefe aparte de su amigo.
— Todo este trabajo para que luego la despidas en dos semanas —jadeo abriendo mis ojos.
— Ella me propuso descaradamente un acostón —toma el picaporte de la puerta.
— Es que se te nota lo necesitado, por eso tienes ese humor. Guardándole luto a alguien que no volverá —le lanzo una mirada de advertencia—. Asunto prohibido, es cierto. Sigo preguntándome: ¿Cuándo le enviarás los papeles de divorcio? —la ignoro.
— Ya sabes, cuando termine con el periodo de prueba. Harper, el trabajo —resopla.
— Como ordene, señor Reed —oigo la puerta y suspiro odiando que ella me recuerde todos mis problemas.
No quiero una mujer en mi vida nunca más, aun así, necesito una.
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Ya he visto tres postulantes y ninguna logró convencerme, tengo en mis manos el último currículum del día de hoy. No es nada de lo que he pedido, un curso de secretariado de 6 meses, edad; 20 años, experiencia… 3 meses en un bufete de abogados. Es el peor perfil que he visto.
Suspiro y dejo mi asiento para llamar a la dueña de este desastre de currículum.
— Margot Jones —dejo la puerta abierta entrando a la oficina.
Me acomodo en mi sillón sin mirar a quien entrará, solo escucho los pasos y siento una presencia en mi oficina.
— Cierre la puerta y siéntese por favor —señalo la silla frente a mi escritorio—. He revisado su hoja de trabajo, señorita Jones, y debo decir que…
— Lo sé, señor Reed, usted pensará, qué descaro de mi parte presentarme frente a usted con ese escaso currículum —levanto la vista encontrándome con un rostro de un tono bronceado, cabello castaño con suaves ondas cae por debajo de sus hombros, ojos café… no, uno es café oscuro y el otro es como, amielado. Su contextura es curvilínea, pero a su vez se ve delgada.
Dejo de escanearla y me concentro en la entrevista.
Te tomaste en serio lo de salirse del patrón, Vanessa.
— Pienso que es valiente, por eso la he llamado. Dígame: ¿Por qué debería contratarla? Teniendo candidatas que están graduadas de la universidad —pienso que eso la intimidará, que bajará su rostro avergonzada y desistirá.
— Ellas buscan el prestigio que la Revista Chandler les puede dar, yo busco empleo, solo me interesa trabajar, duro e incansablemente. Aprendo rápido, soy dedicada, organizada, puntual, tengo disponibilidad las 24hs del día, estoy dispuesta a lo que sea que me exija este empleo, no le temo a lo esclavizante de él —interesante.
Sus ojos seguros y determinados no se inmutan ante mi analítica mirada. Y los míos no dejan de verse incómodos por esa extraña condición en sus ojos.
— Este trabajo es de tiempo completo, la paga es excesivamente buena. Buscamos compromiso, alguien que pueda acatar órdenes, que no cometa errores, señorita Jones. El mínimo error significa despido —me interesa lo de “dispuesta a lo que sea”, eso es lo que necesito, alguien que no salga huyendo, que tenga valor.
— No habrá errores —asegura firme y sin titubear.
— Entonces empezará el día de hoy, estará una semana a periodo de prueba y si es lo que estoy buscando para una secretaria, firmará el contrato —tomo el teléfono—. Harper, tenemos una seleccionada —cuelgo sin esperar la respuesta de Vanessa.
— Empiezo hoy —se ve sorprendida.
— Sí, eso dije, señorita Jones. Mi abogada le dará instrucciones —la puerta se abre y Vanessa entra con varias carpetas en sus manos.
— Buenos días…
— Señorita Jones, ella estará en la semana de prueba, arregle todo, Harper —asiente.
— Aquí soy como una secretaria más, así que venga que la orientaré, señorita Jones —salen de mi oficina, no sin que la señorita Jones me dirija una mirada.
— Estoy agradecida por la oportunidad, señor Reed —no respondo, solo me quedo viendo sus ojos.
Solucionado, tengo secretaria.
Vuelvo a mirar los papeles en mi escritorio ignorando lo que dijo.