Capítulo 4. ¡Vamos, no te voy a hacer daño!

1521 Palabras
Ivanna. Me quedé petrificada al escuchar su voz, pero no estaba preparada para enfrentarlo, ni siquiera estaba siendo capaz de digerir la situación, no sé qué hacer, no sé qué decir, solo necesito poner mis ideas en orden y dejar de temblar como gelatina en su presencia. —¡Ivanna, tenemos que hablar! — se acercó un poco más y fue suficiente para que me faltara el aire, como es que este hombre me afecta tanto si nunca lo había visto antes. —No puedo, necesito estar sola — le contesté y caminé lo más rápido que mis piernas temblorosas me permitían, pero no sé si me está siguiendo, así que me tengo que armar de valor para voltear y cerciorarme, y ahí está, de pie en la puerta, observándome, giro de prisa porque el solo verlo me genera un escalofrío y continuo mi camino sin rumbo. Mi mente no es capaz de entender nada de lo que acaba de suceder tengo que aceptar que me llena de alivio no tener que casarme con Guillermo Zambrano, pero ya no estoy dispuesta a permitir que mi padre me someta a semejante humillación, no entiendo cómo he podido ser tan débil y permitirle semejante crueldad, siento que mi respiración se vuelve errática y me cuesta trabajo mantenerme en pie, tengo que detenerme por un momento para recuperarme, he llegado al parque que está cerca de la casa de mis padres y me siento en una de las bancas para permitirme llorar, me siento tan poca cosa y estoy tan decepcionada que siento que he caído en un agujero tan profundo del que no voy a poder salir jamás, ¿en qué momento mi padre consideró la posibilidad de utilizarme como moneda de cambio? ¿Cómo es posible que yo lo permitiera? Esto no puede seguir sucediendo, tengo que sacar a mi madre y a mi hermana del yugo de mi padre y mi hermano, o en cuanto yo ya no les sirva van a intentar hacer lo mismo con mi hermana y eso si no lo puedo permitir. —Mi querida Ivanna… yo también estoy destrozado por la injusticia que acaba de cometer tu padre con nosotros — cuando escuché la voz de Guillermo me incorporé de inmediato y sequé mis lágrimas lo más rápido que pude, todas mis alarmas estaban encendidas, estaba sola en un lugar alejado y mi cuerpo me ordenaba que saliera corriendo de inmediato. —Lo sé y lo siento, señor Guillermo, pero tengo que regresar — le contesté lo más tranquila que pude, pero mi corazón empezaba a dar tumbos de solo ver la mirada lasciva de ese hombre. —Me temo que no va a ser posible, hermosa mía, he esperado pacientemente por mucho tiempo para tenerte y no estoy dispuesto a renunciar a ti — bien, todo lo que temía se está volviendo realidad, pero es un anciano, de un empujón lo puedo lanzar muy lejos e incluso estoy segura que terminará con fractura de cadera por lo menos, no puedo temerle tanto, ¡no lo haré! —¡Y no me tendrá nunca!, así que será mejor que se vaya de aquí — le dije y de inmediato y con horror observé cómo el hombre hacia una señal a la que de inmediato un hombre vestido de n***o salió de la nada y caminaba de prisa hacia mí. Por un instante no supe que hacer o hacia donde correr, pero al ver que el mastodonte se acercaba muy rápido salí corriendo lo más rápido que pude, estoy muy asustada, si ese hombre logra atraparme lo que me espera no es para nada alentador, pero estos malditos tacones y este vestido incomodo me están haciendo ir más lento de lo que yo quisiera y el hombre alcanza mi brazo sin que yo pueda hacer algo para zafarme, me abraza e inmoviliza y por más que yo me retuerza no puedo moverme ni un centímetro, estoy totalmente sometida. —¡Suéltame, maldito desgraciado! — era lo único que podía hacer, gritar, gritar lo más fuerte posible para intentar ser escuchada por alguien que pudiera ayudarme, pero este parque está apartado y lo más probable es que nadie me pueda escuchar. —Deja de gritar, Ivannita, ya nadie puede salvarte, ahora serás mía, tal vez no serás mi esposa, pero sí vas a ser mi mujer — me dijo mientras el hombre me mantenía inmóvil. —¡Ayudaa! — grité con todas mis fuerzas y traté de liberarme del fuerte agarre, pero eso era algo que parecía imposible, el hombre es muy grande y fuerte y por más que luchara no lograba nada. —¡súbela! — le ordenó y yo empecé a gritar con más fuerza —¡Eso no va a ser posible! — ¡esa voz! Se perfectamente a quien pertenece esa voz y a pesar de no poder verlo estoy convencida de que se trata de Santiago Aragón. —No te recomiendo que te entrometas en lo que no te importa, o podrás arrepentirte — le contestó Guillermo mientras a mí me encerraban en el auto. —Claro que me importa, se trata de mi prometida y tú la estás secuestrando — la voz de Santiago sonaba de lo más relajada y su mirada no demostraba una sola pizca de emoción, tenía sus manos en los bolsillos y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, detalle que a Guillermo estaba sacando de quicio. —Te recuerdo que hasta hace unos minutos yo era su prometido y no tengo la menor idea de que es lo que has hecho para que el imbécil de Ernesto cambiara su decisión tan de repente, pero yo no voy a renunciar a ella y tú no eres capaz de impedírmelo — Guillermo solo necesitó hacerle una señal al mastodonte para que él se le fuera encima a Santiago. En los pocos segundos que le tomo llegar hasta donde estaba él, Santiago Aragón no movió ni un músculo, solo lo esperó con una sonrisa siniestra en los labios, la diferencia de estatura no era demasiada, porque Santiago es un hombre alto, pero el hombre era nada más y nada menos que una mole, yo misma había intentado luchar contra él y eso me estaba dejando muchas dudas sobre si Santiago podría enfrentarlo, pero lo que vieron mis ojos me ha dejado mucho más que sorprendida, en primer lugar ha logrado esquivar todos los golpes que el mastodonte le lanzaba, pero cuando se cansó de jugar, solo fue necesario un golpe para mandarlo al suelo e intentando recuperar el aire que se había salido de sus pulmones. Guillermo puso la peor de las expresiones, su mejor arma estaba sometida y a él le quedaba claro que estaba a punto de perder la dentadura postiza de un solo golpe, pero en un arranque de estupidez, corrió hasta el auto donde me tenía encerrada y cuando estaba a punto de encenderlo para lograr con su cometido de llevarme con él, solo logré escuchar el sonido del cristal de la ventana rompiéndose en mil pedazos y vi cómo Santiago tomaba a Guillermo del saco y lo levantaba de su asiento para sacarlo por la ventana, mi primera impresión fue pensar que estaba a punto de matarlo, pero para mi mayor sorpresa, solo le arrebató las llaves del auto y abrió la puerta para ofrecerme la mano y que yo pudiera salir de ahí, yo no estaba siendo capaz de pensar con claridad y solo lo estaba mirando firmemente a los ojos, estaba lo suficientemente impresionada como para no saber que hacer o que decir. —¡Vamos, no te voy a hacer daño! — me dijo y su voz alteró todas las fibras de mi cuerpo, ¿Cómo es posible que un hombre me inspire miedo y al mismo tiempo me sienta atraída por él? Debo estar volviéndome loca porque no entiendo lo que me está pasando. Finalmente tomo su mano y cuando salgo me doy cuenta que Guillermo y su guardaespaldas ya están de pie, pero ninguno de los dos se atreve a continuar con la pelea y Santiago simplemente los ignora y sin soltar mi mano camina conmigo con rumbo de regreso a la casa de mis padres. No me atrevo a soltar su mano, pero en todo el camino no ha dicho una sola palabra, me siento muy perturbada y estoy agradecida por salvarme, no me atrevo ni siquiera a imaginar lo que ese hombre habría sido capaz de hacer conmigo, pero no dejo de pensar que Santiago también me ha comprado, ¿Qué clase de hombre compra a una mujer? Lo entiendo de Guillermo, pero de él no, es muy apuesto y sería capaz de conquistar a cualquier mujer, incluyéndome, tiene una personalidad abrumadora, pero me da mucho miedo pensar en su verdadera personalidad, es evidente que algo oculta, esa manera de pelear, de mantener la calma ante el peligro, sin duda es un hombre misterioso, pero ha cometido el grave error de verme como algo que tiene un precio y eso solo lo hace merecedor de mi absoluto desprecio.
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