Cuando recordó a su hermana se puso melancólica. Eso me hizo recordar que había otra pregunta que quería hacerle. Pero antes, quería aprovechar el momento para seguir esa conversación con connotaciones sexuales. —Es muy loco saber que mientras me estaba cogiendo a una mujer, había otra que estaba experimentando la misma excitación —comenté. Traté de que sonara lo más natural posible, aunque era obvio que había una buena cuota de perversión en esas palabras. Zoe me miró con los ojos bien abiertos. Parecía asombrada, pero no escandalizada —Qué lástima que vos tuviste que contenerte. Tu hermana acabó —agregué. —Yo también —respondió ella. Desvió la mirada. Como si no pudiera verme a los ojos mientras hacía semejante afirmación—. Cuando terminó la clase. Me encerré en el vestuario, y me ma

