Capítulo 308

1991 Palabras

Pero no dejé de embestir sobre ella. Su cuerpo era suave y liviano, y se sentía cálido, y su gesto de dolor era reemplazado, por momentos, por una hermosa sonrisa de perfectos dientes blancos. Lo raro era que me metía en ella siempre con la misma intensidad, por lo que no terminaba de entender por qué la lastimaba. —No —respondió Eugenia, jadeante—. Ya me estoy acostumbrando a vos. Seguí así. Despacito. Enseguida voy a estar bien dilatada. Le di el gusto, obviamente. Eugenia levantaba las piernas cuando mi pija entraba casi por completo en ella, y las dejaba un rato ahí, suspendidas en el aire, para luego bajarlas cuando yo retrocedía lo suficiente como para sacarle la mayor parte de mi m*****o. Y luego la coreografía se repetía una y otra vez. Entonces recordé la coreografía que había h

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