Me miró apenas un rato y luego desvió la mirada. Rodeó la casa, para ir al lavadero. El lavarropas estaba averiado y por eso lavaban en la casa de Elvio. Al rato la vi con dos bolsones grandes, y que además parecían bastante pesados. —Te ayudo —le dije, apresurándome a quitarle uno de los bolsones—. Les causamos muchas molestias, ¿no? —No es molestia. Es trabajo. Y no lo hacemos gratis —dijo ella, con una lógica tan simple como irrebatible—. Y no hace falta que me ayudes. Yo puedo sola. —Ya lo sé. Pero no me cuesta nada. La distancia entre la casa del casero y la casa principal era considerable si se hacía caminando. Y encima ella era tan pequeña y esas bolsas tan grandes… Después de un rato de caminata, me percaté de que bien podría llevar ambas bolsas. Así que también la libré de ell

