También pensé en Zoe. Ella tenía una edad mucho más cercana a la nuestra que a la de los tíos, pero por su relación con tío Julio le tocaba relacionarse principalmente con los vejestorios de la familia. Y de todas formas no le veía por ningún lado. Me percaté de que no serían muchas las veces en las que me vería con ella a solas. Lo de la madrugada había sido una gran casualidad. Cuando atravesamos el portón de salida, vimos a Eugenia. Estaba con una pollera blanca, larga y holgada. El pelo n***o se movía en sincronía con las yerbas que había más allá. Tenía una canasta de verduras que por lo visto acababa de tomar de la huerta. —¿Vamos al pueblo, Euge? —le preguntó Juanjo. La hermosa morena pareció intimidada por mi corpulento primo, pero cuando me vio a mí, en el asiento del acompañan

