Lo de princesa iba con algo de ironía. Zoe era hermosa y delicada, lo que el apodo no le iba mal. Pero noté el veneno en las palabras de mamá. Aunque me di cuenta de que su hostilidad no era hacía mi joven tía, sino hacia el mismísimo tío Julio. Debía estar aún molesta por haber llevado a una desconocida a esa reunión que ella consideraba tan íntima. —Se siente un poco mal. No es nada grave. Un dolor de cabeza. Pero le dije que descansara, así a la noche está bien. —¿Y no tiene hambre? Podemos llevarle algo a su cuarto —dijo tía Lucía. —No se preocupen. Después le llevo un sánguche. Las empanadas son muy pesadas para ella. Más si en la cena vamos a comer un montón. Sentía algo raro en el ambiente. Algo turbio. Era como si tío Julio estuviera forzando su actitud alegre. Como si tuviera

