No la tenía así de dominante. Pero tener esa jugosa concha ahí, esperándome, hacía que no me molestara su actitud. Así que me acerqué a ella. Recorrí su pierna con la yema de los dedos, y luego la llevé a su pequeño seno desnudo. Arrimé mis labios, pero ella corrió la cara. —Nada de besos —dijo—. Y si en cinco segundos no estás agachado, con la cara entre mis piernas, va a ser mejor que te vayas nomás. Me quedé aturdido un instante. Luego acerqué otra silla frente a ella. Me estiré, para meter la cabeza entre sus muslos, y le di un lengüetazo. Miré hacia arriba, encontrándome con sus tetas hinchadas y su rostro, que aún no reflejaba placer, aunque su mirada sí parecía muy expectante. Me acerqué un poco más. Extendí mi brazo, pasándolo por su pierna, para encontrarme con su culazo. Lo ac

