Mi v***a aún seguía clavada en ella. Estábamos encastrados como dos piezas de Tetris. Pero no me moví. Se oían algunos murmullos. Eran Juanjo y Matías, sin dudas. Habrían estado bebiendo. ¿Querrían pasar a mi dormitorio o al de Rosina? Esperaba que no. Si lo hacían, podían sospechar. Quizás lo más práctico hubiera sido decirles que esa noche no me molestaran, que probablemente estaría con la prima. Pero recordé algunas actitudes de ellos, sobre todo de Juanjo. Concluí que sentiría celos si se enteraba de que me llevaba a la cama a ese caramelito que todos deseábamos. Después de un rato se escuchó una puerta cerrarse. Por fin se habían ido a dormir, deduje. —¿Se fueron? —preguntó Rosina. Por toda respuesta la penetré, hasta meterle ya la mayor parte de mi v***a. Seguía totalmente tiesa.

