Capítulo 2: Por Poco.
【Jack Pritzker】
Me muevo sigilosamente por toda la farmacia, los observo mientras que ellos más se adentran en la tienda más me encamino hacia la salida.
Veo la oportunidad de oro, la tengo entre mis manos, no dudo, agarro la puerta haciendo que esa maldita campana suene y me deslizo, así estando totalmente afuera de la farmacia. En esta temporada es invierno, aquí esto suele primero llover para después nevar.
Piso mal un escalón y me voy de bruces hacia el suelo, dándome un buen golpe en la nariz, siento un líquido recorrer por mi labio superior, intento reincorporarme, pongo mis manos en el suelo también me apoyo de mis rodillas. «Básicamente me puse en cuatro, como pongo a mis clientas».
Apoyo mis pies, pero se me es imposible me duele un infierno el tobillo derecho, escucho como suenan las campanas, me siento sobre mis piernas y volteo para saber quién posiblemente esté detrás de mí.
—Con que las maricas cobardes correr, ¿Eh?. — Me miran como si un lobo tiene a una gacela justo a donde la quería. Le ruego a Dios mentalmente para que no me muelan a golpes que ya con mi tobillo no estaré para mis clientas un tiempo.
—Les pagaré el precio que tengan, se los juro. — Les ruego como un marica, ellos se miran entre sí y se ríe de mis pocas esperanzas, por unos segundos después de burlarse de mi posición, me miran.
—¿Cuánto nos puede dar un prostituto?, ¿50 dólares?. — Se vuelven a carcajear, arqueo las cejas en señal de ironía y achico un poco los labios. Carraspeo para llamar su atención.
—500 dólares. — La cifra que sale de mis labios, los impacta, bajan los tubos de metal e inclinan un poco la cabeza.
—800 dólares y no es negociable. — Asevera uno de los matones. Ruedo los ojos y de mi espalda saco mi bolso, dentro de él cuento minuciosamente el dinero. Extiendo el brazo para dárselo. Uno de ellos lo toma como si de oro se tratase y se van dejándome en la entrada de la farmacia.
Me arrodillo, al lado de mí hay una barandilla en la cual me aferro apoyándome sobre mis pies, en verdad me cuesta apoyar el pie derecho, evitando todo el dolor, piso firme.
Inhalo y exhalo, siento el aire frío comerme vivo, examino con la mirada para ver a donde estoy, reconozco y analizo donde puede estar la parada de autobús más cercana. «¡Maldición!, la parada más cercana queda a una cuadra de aquí».
Me hago la idea de que tengo, que caminar una maldita cuadra completa. Doy el primer paso, doy el segundo paso que es el que más me cuesta, doy el tercero y me desprendo de la barandilla, ya que no es más larga.
Escucho como alguien suena unas llaves, volteo y me devuelve la mirada una chica de baja estatura, por las raíces oscuras de su cabello delatan que no tiene un rubio natural, con unos lentes con cristales que reflejan sus ojos verdes oscuros.
—Hola, ¿Me podrías dar una mano?. — Le pregunto con una sonrisa simpática en el rostro, ella asiente y se me acerca con cuidado.
—Dime, ¿En qué te puedo ayudar. — Su voz de niña es inconfundible, sonrío por su amabilidad.
—Es que pise mal y me doble el tobillo. — Le explico con tristeza en mi tono, ella sonríe y se va a pasarle bien la llave a la puerta de la farmacia.
—Sí ese es tu intento para ligar es muy malo, me voy no necesito estas cosas. — Asevera muy determinada. «Pero y si no estoy flirteando con ella, no le miento».
—No te miento, en verdad necesito ayuda y tú eres la única a esta hora por favor, ayúdame. — Le pido con voz suplicante, ella se voltea y rueda los ojos, se asegura de este bien cerrada y baja la Santamaría, se agacha para colocarle candado y se encamina hacia mí, me ofrece su hombro.
Me apoyo en ella, camino a pasos cortos, vemos a los lados para ver si no viene ningún auto, como no lo hace cruzamos ya que su auto está del otro lado de la calle.
Saca sus llaves de su bolsillo delantero de su camisa, presiona el botón, desactivando los seguros me lleva hasta estar enfrente de la puerta del copiloto, la abro y me siento. Tomo la puerta y la cierro al mismo tiempo, ella cierra la puerta del piloto y enciende el auto. Gira varias veces el volante hasta estar en vía.
—Ok, ¿Dónde vive el señor, me doble el tobillo?. — Inquiere con sarcasmo, yo pongo los ojos en blanco, me paso una mano por mi cabello.
— ¿Cómo que donde vivo?, llévame a un hospital por favor, que no soporto el tobillo. — Intento mantener la compostura y no gritarle a una desconocida que solo me está ayudando, no me dejo morir allá en la acera.
—Bien, bien te llevaré al hospital. — Intenta cambiar los ánimos, me quedo callado apretando fuertemente mis puños, caminar o más bien solo cruzar la calle ha aumentado el dolor pulsante en mi tobillo.
Veo como conduce con agilidad a pesar que son las tres o cuatro de la mañana, si no fuera después de donde se difuminan las luces del auto y las luces de los postes estaríamos a oscuras, exceptuando alguna que otra ventana que se puede ver que claramente tiene luz.
—Y… ¿De qué trabajas?. — Pregunta para romper el silencio que se ha formado en el auto, aunque para mí no es incómodo este silencio ni hablar sobre mi trabajo, pero algo me dice que no le diga toda la verdad.
En realidad nadie a mí alrededor sabe que soy trabajador sexuál, solo mi familia, salvo Luke y Lorena saben quién verdaderamente soy o saben mi verdadero nombre.
Sin embargo, mi familia es muy conservadora y se guardan “El Secreto” como si fuera el Santo Grial, lo que me hace las cosas más fáciles a la hora de conocer personas.
—Soy bartender. — Le digo media verdad para también ser trabajador s****l, tienes que saber de tragos y como venderlos. A veces en el Club en sí bailamos en el escenario y servimos tragos, solo cuando quieren ir al segundo piso por placer. Allí nos volvemos trabajadores sexuales. En sí trabajamos de las dos cosas, bailarines y trabajadores.
—Con razón andas a estas horas por aquí, pero… ¿Y tu uniforme?. — A lo lejos veo el hospital, pero no quiero que se quede con la duda así que le respondo lo primero que se me viene la mente.
—Me cambie estando en el Club. — Le soy honesto. «Joder, contigo Jack. ¿El Club?. El bartender trabaja en el bar. ¡Idiota!». Sonriso para ocultar mi vergüenza.
—Oh, un Club, en cuál trabajas. — Casi nos estacionamos y en verdad quisiera esta vez dejarla con la duda, pero me ha ayudado mucho y lo menos que se merece es saber algo de mí.
—Es decir, si trabajo en un Club, más específicamente en el Club Lux, pero solo de bartender. — Me excuso. Creo que ya más o menos cubrí mi cagada, ella asiente y se concentra a estacionar correctamente. Espero a que diga algo.
—Ah, perfecto quizás me pase por allá. — Asegura con una pequeña sonrisa y sale del auto. Mantengo la misma sonrisa, sin embargo por dentro me estoy muriendo.
Jamás en mi vida había sido tan tímido, esta emoción es un asco. Abre mi puerta y me ofrece su mano y la tomo apoyo los dos pies para después pasar mi brazo por sus hombros para tener mejor apoyo.
Caminamos de a pasos lentos hasta llegar a las puertas del hospital donde una enfermera nos recibe y me sienta en una silla de ruedas. La chica que me ayudo aun nos sigue a mí y a la enfermera una camilla para que me atiendan
—Sabes voy agendar una noche dentro de un mes en ese Club, para la despedida de soltera de mi madre… (Se pone de medio lado una mano cerca de su boca como si fuese decir un secreto)… No se lo digas a nadie, pero ya es su tercer matrimonio. — Se cubre la boca con la misma mano y se ríe delicadamente, sonrío de medio lado, entendiendo el porqué.
La enfermera me pregunta algunos datos que va rellenando en un formulario, me pregunta cosas como mi nombre o adonde me duele y desaparece detrás de las cortinas que delimitan una mini-habitación como en el programa “Sala de emergencias historias inéditas”.
Justo en ese momento llega el doctor, me quitan el zapato junto con la media. Ese momento me siento muy estresado porque no sé si antes de salir del Club, me eche talco en los pies.
El doctor al tocar mi pie y examinarlo, arruga la nariz, cierra los ojos por unos segundo, pero se aguanta para verificar mi estado y se aleja lo más antes posible. Confirmando que no me eche talco. «Joder, pasando pena».
—Doctor me duele mucho—le digo suplicando que me coloque algo para el dolor.
—Ya le indico a la enfermera que le coloque un analgésico—Viene la enfermera con una inyectadora preparada con un líquido transparente y me la coloca en el brazo.
Sale la enfermera y vuelve con una silla de rueda, me dice que me pase porque deben hacerme una rayos X, así lo hago y vamos a la sala de radiografías, entramos el técnico, me pide montarme sobre el aparato y me indica como colocar el pie para hacer las radiografías, me las hace, luego me pide bajarme a la silla y llama otra vez a la enfermera, me dice espere un momento, espero, me entrega las radiografías y la enfermera me lleva otra vez a emergencias.
—Bien, señor Pritzker tiene un esguince en el tobillo derecho, lo tendremos que enyesar por un mes, nada de movimientos brucos o acciones apresuradas, descanso total. — Me indica el doctor, exhalo frustrado. Y si mi trabajo trata de eso, acciones apresuradas y movimiento bruscos.
Y no trabajar por un mes, va a ser muy duro para mi economía, bueno me puedo mantener un mes, tengo dinero suficiente, pero lo ideal es ganar el dinero de cada semana.