Capítulo 1: Retos.

1611 Palabras
Capítulo 1: Retos. 【Jack Pritzker】 Tomo su trasero entre mis manos y le doy unas últimas estocadas fuerte así llegando a ese punto de éxtasis, que he anhelado llegar por tercera vez, por los últimos treinta minutos. —Agh…— Un quejido sale de mi boca, me vacío en ella, saco mi pichula de su trasero y me voy al baño para limpiarme con las toallas húmedas que guardo especialmente en el baño privado de mi habitación del Club de Lux. Me aseo y las tiro en la papelera. Voy hacia el lavamanos y me limpio las manos, me veo en el espejo acomodo mi cabello oscuro liso, que está despeinado por prestarle mis servicios a la clienta que llego esta noche en la recepción de Lorena. Fanfarroneando que yo no era lo suficiente, que yo no podía darle ese anhelado orgasmo y que mi reputación era una mierda. Flashback —Jamás podrías darme un orgasmo, ni que teniendo Parkinson en tu pichula. — Me reta ante sus alegatos, carcajeo, pueden llegar a ser muy curiosas o tal vez muy descaradas, hasta que las pruebo. —Usted nunca en su vida ha tenido sexo como el que otorgo yo, así que páguele a la señorita que tiene al lado y quédese una noche conmigo con servicios extras a ver si le doy el orgasmo de su vida y si no es así… (Me le acerco a su oído)… Le devolveremos el dinero. — Me alejo para que tenga una mejor perspectiva de mi rostro, así le guiño el ojo con sensualidad. La mujer se remoja los labios se voltea para hablar con Lorena. —Mmm… quiero una noche de servicio extraordinarios, ¿Cuánto sería?. — Inquiere animada, me cruzo de brazos arqueando las cejas con una sonrisita malévola mientras que a mi lado está Luke que no ha vendido en toda la noche. —Quinientos dólares. — Responde Lorena relajada con un cigarro entre los labios. —¿¡Qué!?… — Expulsa sorprendida, antes de que se eche para atrás me acerco para tomarla, poner mis manos en sus caderas y masajearlas. «En casos así tienes que dales estímulos, no muchos para que quieran más, pero, eso sí tienes que darles algo prometedor». Por lo que bajo mi mano hasta su entrepierna para que sienta el calor que le trasmito y me le pego al oído. —Si quieres más, tienes que pagar. — Mascullo con voz ronca y veo que la hace erizar. Con los ojos le indico a Lorena de que sí va a pagar por lo que sonríe. —Bien, tenga. — La mujer le hace entrega del todo el dinero a Lorena y ella le da un ticket. El cual, me lo da a mí. En este dice que el servicio dura media hora, con todo el licor disponible de la habitación, más los tres platos principales y si la clienta lo desea, hacer cualquier tipo de fantasía y usar cualquier juguete. Tengo de la mano a la mujer y la guio por el extenuante pasillo, a veces las mujeres están tan buenas que me prenden enseguida y hay otras veces que tengo que imaginarme escenas obscenas en mi mente para acabar el trabajo que ellas no pudieron. Aunque muchos no lo saben este trabajo te da la posibilidad de ver una extensa variedad de cuerpos femeninos, lo que hace que llegues apreciarlos a todos, no tengas tanta preferencia por uno en específico. Abro la puerta y ambos entramos. —Muchacho más vale la pena que hagas bien tu trabajo porque gasté mucha plata en ti. — Sin que diga otra palabra la beso con ferocidad. Llegamos hasta el borde de la cama y la tiro. Aun con la ropa puesta me acomodo encima de ella y la sigo besando. Fin del flashback Busco mi bóxer y me lo coloco, ella solo se limita a verme, detallarme, eso es una especie de alago porque paso una hora entera en el gym cinco veces por semana. —Entonces, ¿Valió la pena pagar tanto por mí?. — Le interrogo irónico, ella se levanta y sonríe, empieza a vestirse. —Sí ya sé porque te auto denominas Eros, nadie sabe tu nombre real. — Sonrío por lo cierto que es, no digo mi nombre real cuando estoy de servicio, uso mi seudónimo Eros, él es el Dios de la seducción y el sexo, así que me queda muy bien, me termino de vestir y espero a que ella haga los mismo y la guio de nuevo a la salida. Siento como me toma del brazo y me detiene, volteo sobre mis talones y la observo confundido. —¿Qué pasa?. — Pregunto extrañado, ya término el servicio. —Valió totalmente cada centavo que le di… (Me empieza acariciar el torso)… A esa mujer que bota más humo que como una chimenea. — Veo que se alza para besarme, así que volteo y sus labios se impactan contra mi mejilla. —Si quieres más ya sabes que hacer. — Me encojo de hombros restándole importancia. Ella con el ceño fruncido me mira triste por lo que le doy un piquito en los labios para animarla. «Tampoco puedo dejar que se desanime». Le indico la salida, me quedo en la recepción junto a Lorena. Veo como cuenta los pagos del día o más bien noche de hoy. —Toma esto te pertenece. — Me hace entrega del efectivo, lo cuento por encima y son como dos mil dólares. De esos tomo cuatrocientos y se los doy de vuelta a ella sonríe cómplice, niega con la cabeza. —No sé porque lo haces, pero, siempre me devuelves algo de dinero. — Lo toma con gusto, voy hacia el cuarto de depósito lugar que llamamos así porque en los casilleros guardamos nuestras cosas y cuando hay shows, aquí está un extenso armario donde están los disfraces de vaquero, policía, los puños y cuello inspirados en los disfraces delas conejitas de playboy. Tomo la perilla, y le voy algunos giros medios, introduciendo mi clave secreta, 5346 al principio fue difícil para mi aprendérmela porque mi mente tiende a ser muy dispersa a veces, sin embargo, con el tiempo me la aprendí. —A veces no sé si admirarte o envidiarte porque los gemidos que salían de tu habitación era… Uff. — Sonrío por su alago, es Luke, se acerca a mí y le tomo la mano, chocamos hombros, le palmeo la espalda. Me separo de él. —Bro, si necesitas una mano podemos hacer un trío, no habría problema además podríamos cobrar más caro, es que ya lo imagino “Noche de locura en el Club Lux”. — Ambos reímos, a nosotros no nos importa hacer tríos o incluso cuartetos, con tal de hacer dinero vamos a lo que sea. —Tendrá que ser, de todos modos muchas gracias tengo que ir a la casa con mi novia, ya sabes no puedo llegar tarde más de lo que llevo retrasado. — Posa su mano en mi hombro, siento como se va. Luke es un buen chico, lo he llegado a conocer a profundidad, del buen sentido, siempre ha querido terminar la Universidad, pero, la ha dejado a mitad de camino, estudiaba para ser bombero, más no recaudó para pagar los siguientes semestres, después de un tiempo de estar desempleado, estuvo en los Clubes de la ciudad hasta que supo del Club Lux. Allí se unió, yo vine después y somos muy unidos, sin embargo, no hemos tenido tiempo para salir y tomar unas cervezas. Saco mi bolso con mis pertenencias y me lo pongo en la espalda, salgo del cuarto y me despido de Lorena, ella siempre se tiene que quedar hasta tarde, porque ella cierra el Club. Bajo las escaleras de metal oscuro y que por la hora la barandilla está fría, bajo los últimos escalones, escucho como unos pasos son delatados por la piedritas del callejón, camino más rápido, tal vez sea solo mi imaginación, quizás solo sea un gato, no lo sé. —¡Hey tú, puto!. — Al grito aquello es como si me electrocutaran, porque tiemblo como una gelatina, sobre exaltado, me volteo, y son dos mamuts con barras de metal, yo mido un metro ochenta y cinco, pero, ellos son como de quinientos metros. Se acercan peligrosamente a mí, quedo congelado en mi lugar. —Nos pagaron para darte una golpiza, así que no te muevas. — Demanda el mamut más fornido. —¿Quién los manda?. — Pregunto asombrándome. —Una de tus clientas. — Escupe sin simpatía, esto ya me aburrió, así que los ignoro y me voy caminando. —¿¡Hey, adonde crees que vas!?. — Se atreve a preguntarme uno de ellos, sé que empiezan a correr porque se escucha que aceleran sus pasos así que yo también hago lo mismo. Corro sin rumbo por las calles de Boston, sin rumbo con dos hombres fornidos persiguiéndome a las tres de la mañana. Corro por toda la avenida, en todo la calle se escucha nada más que nuestros pasos, busco con la mirada algún lugar abierto, a lo lejos veo una farmacia, sin dudarlo me dirijo hacia allá, abro la puerta de vidrio y de golpe me detengo. Miro todo el local, me escabullo éntrelos pasillos, fingiendo que soy otro cliente más. Escucho como las campanas avisan que alguien abrió la puerta, me voy hasta lo más profundo del local. Veo que son los dos idiotas, que no sé porque me mandaron dar una golpiza si yo no mezclo mi vida personal con ninguna de mis clientas.
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