La boda civil

1021 Palabras
Tome asiento en el sofá de la sala, mientras veía como todos me miraban extraño, pero claro, yo no era la novia que ellos esperaban. De repente veo como Demian está bajando las escaleras junto a sus padres. —Buenas tardes a todos, demos inicio a la ceremonia si perder más tiempo— Dijo Theo el padre de Demian. Sin verlo venir, Demian se acercó a mí, extendió su mano para que yo la tomara y en sintió así lo hice. Caminamos hacia una pequeña mesa que había en el centro, y detrás estaba el juez civil. —Oficialmente damos inicio a la ceremonia entre el señor Demian Lennon y la señorita Azucena Green— Inició diciendo el juez civil. Mientras él continuaba hablando, mi mente se marchó del lugar, recordaba las últimas palabras de Mildred sobre mi origen y además no podía sacar de mi cabeza que tendría que devolver a Demian cuando ella regresara. Finalmente las palabras del juez me devolvieron a tierra. —Señor Lennon, acepta como esposa a la señorita Azucena Green, para amarla y respetarla, estar con ella en la riqueza, en la pobreza, en la salud y enfermedad?. —¡Si, acepto!— respondió Demian sin ni siquiera detenerse a pensarlo. —Señorita Green, acepta como esposo al señor Demian Lennon, para amarlo y respetarlo, estar con él en la riqueza, en la pobreza, en la salud y enfermedad?. Sin dudas también respondí. — ¡Si, acepto!. —Ahora sí, señor Lennon, ya puede besar a su esposa— Dijo el juez civil con una grana sonrisa dibujada en sus labios. Demian y yo nos giramos al mismo tiempo, por un instante quedamos viéndonos, como si nuestras miradas pudieran hablar más que mil palabras. Demian inclina un poco su rostro para llegar al mío, y sin decir nada, me da un beso de pico, que no llego a corresponderle por lo rápido que fue. —Felicidades a la nueva pareja de esposos— Dijo mi padre levantando su copa de vino. A un unísono muchos dijeron la frase “Felicidades”. Muchos e acercaron y solo nos quedó fingir que la felicidad nos invadía. De repente, mi madrastra me toma del brazo y me lleva hasta un rincón de la mansión, en sus labios había una sonrisa fingida, que inmediatamente cambió cuando nos encontramos solas. —¿Qué pasa Bianca?— Le pregunté confundida. —Espero que hagas feliz a tu marido mientras Mildred regresa, porque déjame decirte que este negocio millonario no lo pondrás en riesgo— Dijo en un tono abrupto. Siempre supe que se había unido a mi padre por amor al dinero y ahora estaba sacando sus garras para defenderlo. —Bianca, ustedes me pusieron en aprietos, mi hermana está embarazada se entró hombre, y en vez de enfrentarlo, mejor se marcha. De repente se escuchó un pequeño sonido, ese sonido que se produjo por la bofetada que Bianca me propinó. —Más te vale que te calles y no le cuentes a nadie. Ronald ha cuidado de ti a pesar de no ser su hija, al menos devuélvele tantos años de cuidado. No pude evitar las lágrimas en ese momento, todos sabían la verdad, menos yo. De repente, una voz masculina y muy implemente nos interrumpe. —¿Qué está pasando aquí?— Pregunta Demian. Mi madrastra le sonríe y acaricia mi cabellera. — No pasa nada, solo le decía que la extrañaría mucho, ella es como una hija para mí— Respondió base de mentiras. Sin verlo venir, Demian se cola a mi lado sin quitar la mirada de encima de Bianca. —Desde ahora, no permitiré que ninguna persona haga sufrir a mi esposa, y eso va para usted y su propio padre— Dijo con seriedad. La sonrisa de Bianca se desvaneció por completo, pero aún así era buena actriz. — No te preocupes Demian, nadie hará sufrir a tu esposa, por favor cuídala mejor que como nosotros lo hacíamos— Finalmente dijo. Demian no le respondió y eso provocó que Bianca se marchara sin agregar nada más. Cuando nos quedamos solos, Damián se gira hacia mí y me abraza, en ese momento no pude contener las lágrimas y dejé que cayeran. —¿Qué pasó entre tu madrastra y tu?— Preguntó mientras se alejaba, pero aún estaba cerca de mi. —No ha pasado nada, es solo que extrañaré mi casa— Le dije, tratando de ocultar lo que verdaderamente sucedió. —Volvamos con los demás— se limitó a decir. Regresamos a la pequeña recepción, por algunas horas, todos estuvieron acercándose para hablar con Demian, otros sólo para quedarse mirándome sin decir nada. Cuando cayó la noche por completo, finalmente todos los invitados se habían marchado. Mi padre salía del despacho junto a Theo, ambos estaban riendo y eso me hacía sentir pésimo. —Ya mi esposa y yo nos retiramos, Demian por favor cuida de mi hija— Dijo mi padre mientras besaba mi frente. Lo abrace con fuerzas, lo miré a los ojos y luego lo abracé una vez más. —No se preocupe Ronald, yo cuidaré de su hija— Dijo Demian. Mi padre salió tomando de la mano de Bianca sin decir nada más, los vi marcharse y supe en ese momento que todo había sido una realidad y no un sueño. —Nosotros también nos vamos, no queremos importunar a los recién casados, queremos nietos rápido— Dijo bromeando Theo. —Claro que si cariño, queremos la mansión llena de niños— replicó su madre Fabiola. —Padre no es necesario que se marchen, la mansión es muy grande— dijo Demian. Theo se acercó a mí y me dio un cálido abrazo. — Bienvenida a la familia Azucena, confieso que siempre quise que fueras tú la esposa de mi hijo— confesó inesperadamente. Levante la mirada atónita, eso sí que no lo vi venir. Theo tomó a su esposa de la mano y salieron juntos de la mansión. Demian inesperadamente tomó mi mano, y empezamos a subir juntos la escalera. —Te mostraré nuestra habitación— Dijo.
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