Seguía sin saber los días que habían pasado desde que estaba secuestrada, la droga que me suministraban me mantenía alejada de la realidad, por más que intentaba mantenerme despierta era muy difícil y cada día que pasaba sentía que me iba sumergiendo en un abismo mucho más profundo. Todos lo que se acercaban delante de mi cama vestían bata blanca, médicos, enfermeros, limpiadores, me revisaban, prestaban más atención a mis ojos y anotaban en una libreta. Seguía sin saber que anotaban, como tampoco entendía esas conversaciones medicas que sostenían entre sí. La mayor parte del tiempo estaba tan drogada que podían hablar en un lenguaje con palabras conocida en vez de los términos médicos que usaban y no me enteraba. Sentía que mi cuerpo se iba apagando. Cuando pasaba el efecto de la droga m

