Elkin dejó de lado su papel de voyerista y decidió tocar la puerta, Ruth se asustó un poco, se acomodó disimuladamente el cabello y fue a abrir la puerta con determinación. Elkin entró pidiendo permiso para sacar unas cosas de Isidro, el ambiente estaba tenso pero el psicólogo actuó como si no hubiera visto nada. Se regresó para su casa a informarle a los invitados lo que había visto en su visita a la antigua casa Serrano, Isidro se sumerge en el llanto, desde ya hace varios días tenía la sospecha de que su esposa podría estar involucrada con el mayordomo. Ana y Jorge se llenaron de rabia, ya que la traición hacia Isidro implicaba, por ende, la traición para la familia entera, pues no se trataba sólo de una aventura amorosa, sino de la separación de una familia completa. Esto les daba más motivos para no regresar a casa, si antes esa posibilidad estaba en el tintero, ahora se había desvanecido por completo. Elkin salió a trabajar como todos los días, Ana se fue al colegio aprovechando que desde la casa del psicólogo le quedaba mucho más cerca, Isidro se fue conseguir al bosque algo de comida para llevar a la casa de su nuevo amigo y Jorge se quedó solo, aunque el padre estaba pensado en la posibilidad de volver a matricularlo en la escuela.
Ese tiempo de desamparo le parecía un poco abrumador, aunque ya estaba acostumbrado a los sonidos extraños, cuando estaba solo su miedo se acrecentaba, y más aún, con lo que había pasado la noche anterior con el perro de Elkin, el cual estaba en el patio esperando para ser enterrado. Jorge empezó a dar un paseo por la casa para conocerla un poco mejor, entro descaradamente a la habitación del psicólogo y pudo percatarse de que tenía muchas creencias esotéricas, tenía una repisa con algunos santos, velas y amuletos para la suerte, tal vez por eso Ana lo había escogido, pues aparte de ser un gran profesional tenía la mente abierta. Jorge agarró una figura de madera en forma de cruz, pero algo extraño le sucedió en ese momento, su mano ardía como si estuviera agarrando fuego vivo, la soltó inmediatamente y pudo ver que sus manos tenían ampollas, como si hubiera trabajado por semanas con su padre. Salió de la casa para respirar aire fresco y olvidar lo sucedido, vio un camino de flores moradas, le pareció muy bonito así que decidió seguirlo para ver a donde llevaba. Tras varios minutos de caminata Jorge se encontraba en un lugar muy tranquilo, había pájaros, flores y una cascada de agua fresca. Jorge muy entusiasmado se sumergió en el agua, cerró los ojos y se frotaba la cabeza para aprovechar y limpiar su corto cabello. Cuando abrió los ojos, por medio del agua pudo notar que el lugar había cambiado completamente, salió muy rápido y se percató con tristeza que el lugar se estaba destruido, los árboles estaban talados, había fuego en algunas partes, animales muertos y una cascada de agua color café.
Era muy extraño cómo en un abrir y cerrar de ojos todo había cambiado, muy asustado decidió regresar a casa, pero el camino de flores ya no estaba, sólo había maleza y unos cuantos árboles caídos. Empezó a correr por todas partes intentando buscar su hogar de paso, pero en vez de eso logró ver a lo lejos una cueva, con un poco de desconfianza se dirigió hacia ella, ya que no tenía más alternativa. Cuando llegó pudo notar que había mucha lama en sus bordes, justo en la parte de atrás habían unas escaleras de madera un poco desgastadas. Bajó con mucha cautela para no caerse, el ambiente, entre más abajo estaba, más sombrío se ponía. En las paredes había unas rayas seguidas y numerosas, con voz temerosa preguntaba si había alguien en el lugar, pero nadie respondió. Estaba muy oscuro, por suerte tenía una cajita de fósforos en el bolsillo, buscó en el piso un trozo de madera y prendió su punta, aunque la luz no era suficiente, podía al menos reconocer el camino. Cuando llegó casi al final de la cueva pudo ver una silla de espaldas, era como la de un faraón, pero estaba en condiciones deplorables, con sus partes de tela rasgada y la madera comida por animales muy pequeños. Insistentemente seguía preguntando de quién se trataba, pero nadie respondía, decidió revisar si en la silla había alguien, pero antes de que pudiera acercarse lo suficiente, alguien respondió.
¿Qué hace aquí un niño tan pequeño? le dijo la voz con tono suave pero desgastado, parecía la voz de un anciano enfermo. Jorge con voz temblorosa sólo le mencionó que se estaba bañando en una cascada cuando todo el ambiente cambió a deplorable, de tanto correr asustado había encontrado la cueva y al no haber más alternativa decidió entrar. La silla se fue volteando lentamente, mientras sentía un aire pesado y su visión se enfocaba en la figura que estaba a punto de descubrir. Jorge notó que se trataba de un hombre anciano de cabello blanco, con dientes amarillos, ojos negros, nariz respingada, barba larga y blanca, su cuerpo era pequeño y moderadamente obeso, sus labios resecos, las uñas amarillas y sus manos tan arrugadas como una pasa. Trató de disimular el miedo que le provocaba el particular hombre, le pidió ayuda para regresar a su casa, sin saber aún el motivo de lo que le había pasado. El anciano con una sonrisa de sabiduría le explicó que la cueva tenía muchas ventajas, además de estar muy escondida, solo se le presentaba a las personas que por algún motivo necesitaban una guía. En los ojos de Jorge podía ver que las cosas no estaban bien desde hace varios días, por lo que lo invitó a sentarse para poder ayudarle a dar una posible solución.
Antes de que Jorge pudiera hablar, el anciano se presentó bajo el pseudónimo de “el mago” esa sería la manera en que le podría seguir llamando. También le contó que la cascada era el medio para poder acceder a él, cuando quisiera verlo solo tenía que sumergirse en ella y cerrar los ojos por unos instantes, lo mismo para regresar, en las aguas negras debía sumergirse. Se trataba de una especie de portal para conectarse con criaturas mágicas, le advirtió que no todas eran buenas, por lo que su recomendación era no irse para otros lugares, había tenido suerte con dar con alguien de buen corazón, recalcó entre risas. Jorge empezó su historia por el final, hablando de la cruz que había tomado de la casa del psicólogo, a raíz de eso fue que optó por salir al bosque y relajarse un poco, pero jamás pensó que se encontraría con algo tan extraño. El anciano lo interrumpió mientras se fijaba en una bola de cristal que tenía en la mano, por medio de ese objeto podía ver el pasado de Jorge, así que le recomendó no decirle nada más, ya todo lo había visto. Fue muy sincero con él, le dijo que la muerte lo estaba acechando, pues no veía mucho tiempo de vida en su espíritu y su familia tenía la culpa, a simple vista pudo notar que Jorge iba a ser parte de un sacrificio para beneficiar a alguien más.
Jorge muy angustiado solo quería saber cómo podía detener el destino que ya desde la tatarabuela venía marcado. El anciano tenía una idea aunque era un poco macabra, para salvar su vida, podía intercambiarla por la de otro ser inocente, en sus planes estaba que convenciera a su hermana Ana de tener un hijo, el cual debido a su poca edad sería más puro que Jorge, lo que indicaba que se podía hacer un canje de vidas y su mayordomo podría tomar al otro niño para el sacrificio. Jorge estaba anonadado, no podía pedirle eso a su hermana, quien a pesar de no ser tan pura como él, aún era virgen. Además sentía culpa por poner a la nueva criatura a tomar su lugar, era algo deplorable y parecido a lo que quería hacer Leopoldo. Muy enojado por el consejo del anciano decidió partir, pero antes este sujeto le regaló un cuarzo que le permitiría regresar más fácilmente a la cueva en caso de necesitarlo, pues no todas las veces era suficiente sumergirse en el agua. El niño lo tomó y bajo un poco la guardia, aprovechó para preguntarle por el perro de Elkin, teniendo en cuenta que este extraño anciano podía ver el pasado. En efecto, pudo ver quién fue el homicida del canino, entre risa y pesar culpó a Jorge de la muerte del perro. El niño paralizado se enfureció, pues estaba seguro de que él no había sido, a causa de esa acusación decidió irse y no creer en las palabras del anciano, con eso le había demostrado que todo lo que decía era falso y pretencioso. Mientras se alejaba solo escuchaba que entre dientes y repetidamente el anciano murmuraba “ya va a volver, ya va a volver, ya va a volver”. Hasta que Jorge salió de la cueva escuchó esas palabras, pero se negaba a creerlas, no pensaba regresar donde una persona que lo culpaba de un crimen que no había cometido. Luego, se sumergió en el agua y cuando abrió los ojos ya estaba en el tranquilo lugar del principio, buscó el camino de flores y regresó a casa.
Había algo que le daba vueltas en la cabeza, a saber, el hecho de que fue él quien mató al perro de Elkin, pues no recordaba haberlo hecho. Sin embargo, reconocía que el mago tenía poderes, ya que había visto con exactitud todo su pasado y sabía sobre el ritual del malvado mayordomo. Cuando llegó a la casa de Elkin, estaban todos muy preocupados, Jorge había pasado mucho tiempo desaparecido. El niño pensó que había pasado una hora desde su ida al bosque, pero en realidad pasaron seis. Todos angustiados le preguntaban dónde estaba, además de recriminarle que el perro muerto había desaparecido y el único que estaba en casa era Jorge. ¿Cómo es posible que un ser sin vida se haya ido? ¿Si estaba completamente muerto? ¿A dónde había ido? ¿Se lo había llevado alguien? Todos se cuestionaban pero en el fondo desconfiaban de Jorge. Elkin estaba un poco traumatizado por la extraña desaparición de su fiel amigo, desde que la familia Serrano había llegado a su casa todo estaba empeorando para él. Sin embargo, no les mencionó nada para no hacerlos sentir mal. Isidro salió con Jorge a buscar al perro antes de que se hiciera tarde, buscaron por todo lado sin tener mucho éxito, pero por respeto a Elkin decidieron no desistir. Mientras tanto Ruth y Elkin se quedaron en casa esperando respuestas, debido a la preocupación decidieron preparar un café para estar un poco más tranquilos. Era evidente que Ruth se sentía atraída por el psicólogo, a quien tampoco le disgustaba la joven mujer. Hubo un momento un poco romántico, en el que Elkin le prometió llegar hasta el fondo de la situación y salvar a su hermano, nunca antes había presenciado un caso tan extraño y estaba dispuesto a llegar hasta el final de las consecuencias. De hecho, le propuso a Ana que tanto ella como su familia se quedaran todo el tiempo que fuera necesario, al menos hasta que lograran terminar con la maldición. Ana un poco apenada aceptó, ella mas que nadie estaría muy feliz de compartir todos los días a su lado, el mayor problema es que Ana era menor de edad, lo que podía meter a Elkin en un problema judicial en caso de iniciar una relación.
Luego de una extenuante búsqueda, Isidro y Jorge encontraron al perro, estaba justo al lado de una cascada. Jorge recordó que esa era la misma cascada por medio de la cual había llegado hasta la cueva del mago, pero no lograba entender cómo el perro sin vida había llegado hasta allá. Entre los dos lo cargaron para llevarlo a casa, apenas Elkin lo vio, abrazó su cuerpo sin vida mientras revisaba cada una de sus partes. Pudieron notar que en la oreja interna del perro había un símbolo marcada con sangre, era una cruz, muy parecida a la que Jorge había tomado en la tarde. Para no alargar el misterio Elkin decidió enterrar al perro para dar fin a esa historia. Jorge se quedó muy inquieto, pues la cruz era exactamente la misma que tenia Elkin en su habitación, pero no podía decirlo porque todos se darían cuenta de que había estado husmeando por la casa. Sin embargo, no tiró al olvido su sospecha, llegando a presentir que fue el propio dueño del perro quien lo mató, por eso estaba dispuesto a investigar para llegar al fondo del asunto.