Con los días el misterio del perro se fue olvidando, aunque Elkin cada día estaba más tranquilo, ya que por al menos una semana se sintió una gran calma, como si todo lo malo estuviera quedándose atrás. Sin embargo, en el fondo Jorge sabía que la calma podía ser un distractor, pues no era normal que incluso los sonidos misteriosos estaban desapareciendo. Se acercaba el cumpleaños de Leopoldo, esa siempre fue una fecha de mucha celebración porque a él le gustaba mucho el baile, entre todos comían y bailaban celebrando el grandioso día. Ahora que vivían separados no sería lo mismo, y menos teniendo en cuenta que ese hombre tiene la capacidad de ser eterno gracias al sacrificio forzado de otros. Llegó el día del cumpleaños y Ruth estaba preparando una deliciosa comida, muy natural por supuesto. Leopoldo se veía un poco preocupado, tenía el presentimiento de que su madre adoptiva desde el más allá podía darse cuenta de que por primera vez la familia estaba destruida y que el ritual estaba en riesgo. El día no pintaba bien, el sol no se veía a causa de las oscuras nubes que sonaban agresivamente, hacía mucho viento helado, los seres no racionales no se levantaban de sus cambuches y los pájaros no cantaban. Aun así, Ruth le estaba metiendo toda la energía positiva al día, quería que a pesar de que pareciera que la naturaleza estaba en su contra, pasara un día inolvidable. Leopoldo muy agradecido bajó la guardia, pero en su mente le pedía a su madre que no fuera a tener contra la familia Serrano algún acto violento. Así pues, se sentaron en el comedor para disfrutar de su rica comida, Ruth había adornado la mesa con unas flores y unas velas color rojo pasión. Sin embargo, las velas nunca prendieron, por más cerillas que gastaba en ellas parecía como si el viento no lo permitiera, a pesar de que todas las puertas y ventanas estaban cerradas para evitar precisamente que eso pasara.
Gracias a ese suceso Leopoldo se empezó a sentir muy inseguro, ya no quería ni comer, pues tenía la certeza de que las fuerzas del mal estarían presentes en todo el resto del día. Por ese motivo decidieron encerrarse en la habitación e invocar a sus antepasados para que evitaran alguna catástrofe, era evidente que la tatarabuela estaba enojada y quería intervenir para que se cumpliera a cabalidad con todos sus planes premeditados desde hace tantos años. Por otra parte, Isidro, Elkin y los hermanos, también podían notar que el ambiente estaba tenso. Ana no fue a la escuela, tenía miedo de que una fuerte tormenta la sorprendiera en la calle. Incluso el psicólogo le sugirió a Isidro no salir a buscar comida, pues con lo que tenían era suficiente para los días que venían y era inevitable no sentir un fuerte vacío en el pecho a causa de la incertidumbre. La familia estaba atando cabos, y teniendo presentes todos los acontecimientos extraños, sabían que el cumpleaños de Leopoldo podía traer algunos problemas. Pero al estar todos unidos tenían la certeza y la tranquilidad de que nada malo les pasaría, lo importante era no dejar solo a Jorge, quien podía correr mayor peligro por su papel de “elegido”. De esa forma, cocinando, hablando y viendo algunos cómics pasaron el día, el cual, aparentemente, parecía ser como cualquier otro de no ser por el extraño y sombrío ambiente de afuera. Salieron al patio para asar un poco de carne, pero allí vieron algo muy extraño, la tumba del perro estaba revolcada, como si alguien hubiera intentando sacar su cuerpo. Buscaron por todo lados pero no encontraron ningún rastro del perro, ni siquiera en la tumba que le había cavado Elkin quedaba algo de él. Tampoco había huellas de sus escape, todo indicaba que alguien lo había sacado cargado hasta otro lugar, ¿Pero quién? ¿Para qué alguien quiere un perro muerto? A pesar de la incertidumbre que generaba dicho suceso, continuaron con su plan de asar la carne antes de que se hiciera de noche y el frío hiciera imposibles los planes.
Isidro se quedó pensando en que la última vez que el perro muerto desapareció lo habían encontrado en la cascada, posiblemente allí estuviera de nuevo, propuso que tal vez luego de comer podían ir a la cascada todos juntos a buscarlo. Elkin confirmó su asistencia al igual que el resto de la familia. Apenas terminaron de comer se fueron todos para la cascada, allí encontraron, como bien lo sugirió Isidro, al perro muerto. Inmediatamente empezaron a surgir muchas inquietudes, pues el hecho de que dos veces haya aparecido en el mismo lado significaba que quien lo estuviera dejando ahí tenía algún motivo muy especial para hacerlo. Ana se percató de la existencia de unas huellas en el piso, parecían de un hombre de pie pequeño, se pusieron a comparar con los zapatos de todos y descubrieron que las huellas coincidían con el tamaño del pie de Jorge. Elkin se puso un poco paranoico, si bien sus estudios y su experiencia le ayudaban a controlar mejor las situaciones, frente a esta estaba involucrado su compañero de toda la vida, y viendo que las huellas eran las de Jorge, tuvo el presentimiento de que pudo haber sido él quien asesinó a su mejor amigo. Sin embargo, intentó controlar su ira porque Ana estaba presente y quería darle una buena impresión. Aunque nadie decía nada, Jorge sentía que la presión de todos recaía sobre él, su padre se veía muy escéptico y su hermana trataba de evitar su mirada para no echarle la culpa sin tener pruebas más contundentes.
Asustado corrió hasta la parte más profunda de la cascada mientras sacaba de su bolsillo el cuarzo que le había dado el mago de la cueva. Luego, cerró los ojos y se concentró en aparecer en aquel extraño lugar. El padre estaba muy preocupado, así que se lanzó al agua para sacarlo, pero el cuerpo de Jorge estaba muy en el fondo. Con mucha dificultad nadó hasta que pudo tomar su cuerpo para llevarlo hasta la superficie, pero fue en vano, el cuerpo de su hijo parecía estar anclado al fondo de la cascada, como si una fuerza le impidiera salir de allí. Elkin preocupado decidió también bajar por Jorge, pero al igual que Isidro, fracasó. Afuera del agua todos estaban angustiados, pensaban que Jorge iba a morir a manera de s******o por no aceptar su culpa frente a la muerte del perro. De manera misteriosa, pudieron darse cuenta de que en la superficie del agua se veían burbujas constantemente, como si Jorge estuviera respirando bajo el mar. Decidieron esperar a que saliera solo, ya que ninguno de los dos había logrado sacarlo de allí, se sentaron pacientemente en la orilla mientras Ana temblaba de incertidumbre.
Mientras tanto Jorge se encontraba en el lugar extraño de la última vez, allí estaba la cueva, corrió hacia ella para visitar al viejo mago y preguntarle de nuevo por el perro. El mago puso cara de satisfacción cuando vio llegar a Jorge, ya sabía que en cualquier momento iba a regresar en busca de su ayuda. Incluso ya sabía para qué lo buscaba, por medio de su bola de cristal pudo ver todo lo que hasta ahora le había sucedido y la angustia que eso le generaba. El anciano lo invitó a sentarse mientras le preparaba un té con finas hierbas del bosque mágico, antes de que Jorge le pudiera preguntar algo, el anciano empezó a evidenciar frente a él que ya tenía toda la información, que presentía, estaba a punto de contarle. A raíz de la sabiduría del mago, Jorge, sin mencionar nada, le sugirió la necesidad de respuestas al problema con el perro. El anciano se sentó a su lado y puso la bola de cristal frente a la cara de Jorge, allí estaba la imagen de la noche en que Jorge se asustó en el baño y el perro murió minutos después. El anciano le dijo que por medio del cristal podía ver claramente todo lo que había sucedido ese día, además de la evidente sospecha de que el niño podría estar sufriendo de lagunas mentales. Jorge muy concentrado logró ver que esa noche cuando vio tras de sí la sombra que lo asustó salió corriendo, pero no hacia su habitación como pensaba, sino hacia la del perro. Cuando llegó el perro empezó a ladrar, Jorge desesperado lo tomó fuerte del cuello y lo ahorcó. Luego se fue corriendo y con la mirada enfocada en los objetos que tenía al frente hasta la pieza de Ana para refugiarse en ella. Era evidente que Jorge no recordaba nada de lo ocurrido con el perro, en su cabeza solo estaba la parte del baño.
Jorge estaba muy triste y avergonzado con Elkin, pues él solo tenía buenas intenciones, por eso los dejó quedar en su casa, sin saber el problema que había detrás del misterioso y asesino niño. El anciano le continuó mostrando la bola de cristal, allí pudo Jorge evidenciar que al otro día cuando llegó a casa luego de la caminata por el bosque, cogió el perro muerto y lo llevó hasta la cascada. Allí intentó sumergirlo lo suficiente con claras intenciones de desaparecerlo y no dejar evidencia, posiblemente su objetivo era transportarlo al nuevo mundo que había descubierto para que nadie pudiera encontrarlo. El anciano le explicó que la razón de no lograr su cometido tenía que ver con la conciencia, solo los seres racionales podían acceder a ese mágico mundo, todos sus intentos de traer al perro serían fallidos, así como el último, pues Jorge pudo ver en el cristal que también lo había desenterrado unos días después para llevarlo de regreso al lago. Jorge tenía mucha impotencia, el hecho de no recordar nada lo hacía sentir impotente y triste, si su familia se diera cuenta de su asesinato dejarían de apoyarlo, dejándolo vulnerable frente a los malvados planes del mayordomo. Pidió al anciano que le dejara ver su futuro pero este se lo negó, el mago no tenía ese poder, debido a la variabilidad frente a la posteridad.
Jorge regresó al otro mundo para estar de nuevo con su familia. Lo único que ellos presenciaron fue cuando el niño salió del agua como si todo el tiempo hubiera podido respirar después de estar más de media hora allí metido. Estaban todos muy extrañados, no era posible que un ser humano pudiera sobrevivir tantos minutos bajo el agua. Jorge ponía muchas excusas para evitar la cizaña, como por ejemplo, el hecho de que había hecho muchos ejercicios de respiración para aguantar más que los demás bajo el agua, pero nadie le creía. De hecho, Elkin sugirió la posibilidad de que las fuerzas malignas ya se habían adueñado del cuerpo del niño, por lo que tenía poderes sobrenaturales que sólo les son dados a los humanos por parte de los demonios. Jorge reía, eran muchas las hipótesis que lanzaban todos y ninguno tenía razón,. De camino a casa había mucho silencio, todos preguntándose cómo pudo sobrevivir Jorge, mientras tanto, este último trataba de entender por qué inconscientemente había matado al perro, pues nada tenía que ver con el hechizo de Leopoldo. Llegaron a la casa cuando ya se estaba haciendo de noche, llegaron a la sala pero no había luz eléctrica, lo más extraño es que las casas cercanas si tenían, parecía como si el daño hubiera sido solo en la casa de Elkin, o incluso pudo haber sido provocado. Sacaron las velas para alumbrar mientras tanto, pero tampoco funcionaron. Ana recordó que se había traído la vela negra que había en el sótano de la antigua casa Serrano, dicha vela estaba en las cosas que Ruth tenía en la cajita de recuerdos. Para su sorpresa, esa fue la única vela que encendió, estaba casi nueva, como si solo la hubieran utilizado un par de veces. Se quedaron todos en la sala porque era el único lugar que contaba con la luz de la vela negra, pero algo terrible sucedió, la vela se apagó por 5 segundos, y cuando se encendió de nuevo las venas de la mano izquierda de Elkin estaban cortadas.