Todos estaban muy aterrados con lo que le había pasado a Elkin, no entendían cómo era posible que en un par de segundos sus venas resultaran cortadas de esa manera. La luz solo se fue unos instantes, pero fueron suficientes para que alguien le hiciera daño. Sin embargo, en el momento que la luz regresó, todos los que estaban con Elkin permanecían en su sitio, como si nadie se hubiera movido de su lugar. Además el psicólogo no sintió la presencia de nadie, solo el dolor de una cuchilla que su piel rozó profundamente. Inmediatamente Ana fue por el botiquín para hacerle curación, le puso alcohol en grandes cantidades, luego lo secó con una gasa limpia, para posteriormente atar la herida con una venda para hacer presión y evitar cualquier tipo de riesgo en lo que iban al hospital. Así pues, Ana y Elkin se dirigieron al centro de salud más cercano, dejando a Jorge e Isidro solos. Era un momento de mucha incertidumbre, Isidro por primera vez estaba desconfiando de su hijo, no era gratuito que las huellas de sus zapatos estuvieran en la escena del crimen del perro. Pero también se le hacía imposible pensar que su hijo pudiera ser un asesino en potencia, pues desde niño le habían inculcado muchos valores, entre ellos el respeto a la vida. No le reprochó nada a su hijo, aun le daba el beneficio de la duda, ya que en el fondo no quería aceptar que fuera Jorge el culpable. La noche continuaba muy oscura, Isidro no perdía a Jorge de vista, tenía un grado de desconfianza y no se podía descuidar.
En la casa Serrano estaban Ruth y Leopoldo con mucha incertidumbre, la figura roja del anillo del mayordomo estaba perdiendo su color fuerte y característico, lo que significaba que era necesario hacer pronto el sacrificio, o sino su vida eterna terminaría. Ruth tenía una gran paradoja, era la vida de su hijo frente a la del nuevo amor naciente. Las actitudes de Leopoldo hicieron que en poco tiempo Ruth olvidara a Isidro, de hecho se sentía más a gusto con su nueva vida, por primera vez en muchos años sentía el amor como si fuera una adolescente, con una relación llena de pequeños detalles, amor, diversión, comprensión, y sobre todo, tiempo compartido. A raíz de eso había decidido colaborar con el mayordomo para sacrificar a Jorge, ambos sabían que sería una tarea muy ardua, pues como los habían descubierto tendrían que pensar una manera más eficaz de conseguir que Jorge aceptara sacrificarse por su propia cuenta. Era muy difícil persuadirlo, evidentemente quería vivir, puesto que su vida apenas estaba iniciando, pero podrían tal vez jugar con su mente mostrándole lo terrible que era el mundo, todas las desgracias que traía y lo difícil que era mantenerse cómodamente. Esa era una opción que podían agotar, pero Leopoldo estaba convencido de que eso no funcionaría, pensaba que era mejor invocar a los antepasados para que los ayudaran en su plan, así por medio de los espíritus podrían atraer a Jorge por medio del miedo. Era una opción peligrosa, pero probablemente la única que funcionaria, pues por más psicología negativa que implantaran en la cabeza de Jorge, Ana y Elkin no permitirían que tomara la decisión de entregarse por Leopoldo.
De esa manera, y aprovechando que era el cumpleaños de Jorge y las energías estaban de su lado, empezaron a armar el ritual para atraer a todos los antepasados. Como Leopoldo no tenía el libro de hechicería de su tatarabuela decidió que lo hicieran por medio de una tabla ouija, esa era la forma más fácil de atraer a los muertos y comunicarse con ellos. El mayordomo tenía una de esas en el sótano, la sacó y la pusieron en la mesa de la sala alumbrándola con unas velas blancas En ese momento Ruth se percató de que su vela nagra había sido robada, era muy preocupante porque esta tenía poderes que podían poner en peligro a la familia si no sabían utilizarla. Cuando era encendida la vela cumplía deseos, pero solo los negativos, estos deseos no tenían que ser pedidos explícitamente, con solo pensarlos de manera consciente e inconsciente la vela los concedía sin mayor recelo. Tal vez ese fue el inconveniente que pasó en casa de Jorge y que Ruth desconocía, alguien posiblemente tenía un sentimiento de odio hacia el psicólogo y la vela le había cumplido su escondido pero latente deseo. Olvidando la extraviada vela, Ruth y Leopoldo pusieron sus dedos en el triángulo de la tabla para que guiara sus manos hasta la respuesta. Emperezaron a preguntar a los antepasados si podían ayudarlos para convencer u obligar a Jorge a ceder su vida para continuar con el ciclo de eternidad de Leopoldo. La tabla empezó a hacer su efecto, pero el triángulo se movió hasta el extremo donde la respuesta era “no”. Muy asustado pudo notar el mayordomo que sus antepasados ya no estaban de acuerdo con la tradición familiar. Trataron de preguntar por qué no estaban dispuesto a ayudarle a cumplir con los designios de la tatarabuela, pero las letras que arrojaba la tabla no formaban oraciones con coherencia.
Decidieron terminar con el ciclo de preguntas a los antepasados para invocar ahora a la tatarabuela, de ella si esperaban una respuesta más certera. Efectivamente, por medio de la unión de letras, la tatarabuela les informó que su descendencia quería terminar con el ciclo de eternidad, por eso harían todo lo posible para detenerlos, pero ella estaba dispuesta a ayudarlos y ya lo estaba haciendo, interviniendo para que Jorge cometiera actos inhumanos hasta el punto que empezara a decaer y estuviera listo para el sacrificio. La respuesta de su madre adoptiva lo dejó atónico, pue tendrían que luchar mucho para cumplir esta vez con su destino, con todos los antepasados en su contra podía correr mucho peligro. Sin embargo, esperaba que el poder de su madre fuera más fuerte que el de toda una generación de muertos. Luego de tener toda esa información a la mano, empezaron a cuidarse de sus nuevos enemigos, haciendo alrededor de la cama un círculo de sal, poniendo limones bajo la cama y vasos de agua en las esquinas de la casa. También tenían a la mano y escrita unas oraciones de hechicería que les permitiría alejar cualquier entidad que estuviera en su contra. Con esta nueva complicación tendrían que tomar medidas drásticas contra Jorge, así les tocara tomarlo a la fuerza y amarrarlo con tal de cumplir el sacrificio.
Ana y Elkin estaban en un mejor momento, ya los médicos lo habían curado y estaba en un cuarto de recuperación al lado de la niña. Ambos discutían sobre la culpabilidad de Jorge, pero eran conscientes de que no podían juzgarlo, pues una fuerza mucho mayor que él lo estaba asechando y controlando. Tenían que pensar la manera de ayudarlo, pero como no creían que la religión podía ser una opción, era necesario buscar alternativas del mismo peso que las de Leopoldo, lo que significaba invocar a las fuerzas del mal. En Ana había en el momento más preocupación por Elkin que por Jorge, pues por poco pudo morir, de no ser por el torniquete improvisado no estaría contando la historia. Del mismo modo, Ana se sentía muy apenada porque en el fondo sabía que estaban llevándose la tranquilidad del psicólogo por delante con los problemas de la familia. Elkin seguía reiterando su compromiso para salvar a Jorge a como diera lugar, tal vez así Isidro lo aceptaría algún día como el novio de su hija si su sacrificio no terminaba primero con su vida. Mientras tanto Isidro, que era un hombre muy calculador, trataba de descifrar el misterio del atentado contra Elkin. Recodó la vela negra y su misterio de ser la única en encender, inmediatamente la relacionó con lo sucedido pero no tenía mucha información. Decidió apagarla y esconderla de Jorge, tal vez así podrían evitar otra tragedia. El padre se fue a dormir y cerró su puerta con seguro, Jorge se quedó solo en la sala mientras su cabeza enloquecía de paranoia. Estaba todo oscuro y en medio de la única imagen que tenía frente a sí, a saber, un cuadro n***o, veía figuras que se formaban de la nada, eran muy confusas y sin una forma concreta, todo le daba vuelta como en espiral, parecido a la sensación que tienen las personas cuando consumen drogas.
En medio de las figuras distorsionadas pudo evidenciar que había solo una que le era muy clara, tenía forma de mano y cada vez se acercaba más a él, también escuchaba voces que cantaban sin decir palabras, eran muy atrayentes e incitaban a seguir su melodía. Jorge era un poco desconfiado debido a todo lo que le había pasado, trato de evitar seguir aquella hermosa voz pero era imposible, su cuerpo parecía jugar en su contra y no le obedecía, con resistencia trataba de pensar en otra cosa pero aquel sonido permeaba lo más profundo de su ser. Se dejó llevar para terminar con el misterio, la voz estaba conectada con la mano que veía en la oscuridad, tendió su mano como para aguarla y se dejó llevar. El camino a seguir lo llevó hasta el espejo que había en la habitación de Elkin, la voz había traspasado el espejo y la mano le incitaba a seguir más allá del reflejo. Jorge un poco confundido la siguió, para su sorpresa pudo traspasar aquel objeto sin ningún problema. Llegó a un lugar de mucha paz pero vacío, no había más que desiertos claros, veía muchas personas que no conocía, todos lo miraban con total admiración, como si de él dependieran muchas cosas. Todas las personas allí presentes tenían una luz blanca que las rodeaba, estaban vestidas de blanco y las mujeres tenían margaritas en la cabeza. Se acercó a una de ellas preguntándole dónde estaba y por qué estaba allí, un hombre de edad joven lo abordó con ternura, lo abrazó y se presentó como Juan Enrique Prieto, el hermano de Ruth, y por ende, su tío.
Jorge no lo podía creer, de él solo había escuchado rumores acerca de su asesinato, era la primera vez que lo veía y no tenía claro el motivo de su presencia. Con mucha alegría Juan Enrique agradecía a Jorge por haber seguido la voz, le aseguró que todas las personas que estaban allí eran buenas y que estaban dispuestas a ayudarlo. Su intención era que Jorge pudiera vivir, todos los allá presentes eran víctimas inocentes sacrificadas por diferentes personas, le explicó al niño que eran muchos los malvados que hacían ese tipo de cosas, no solo su mayordomo. Luego le presentaría a muchos de sus familiares que también fueron víctimas de Leopoldo, pero por ahora lo importante era que supiera que tenía todo un ejército de ángeles dispuestos a ayudarle. Jorge estaba muy contento, en ese lugar sí sentía protección, su idea de muerte se transformó en esperanza de vida, había sido muy bueno conocer a su tío, sabía que no era normal del todo pero en su alma se vislumbraba una gran bondad. Juan Enrique le explicó que tenía que cuidarse mucho de Leopoldo y de su difunda madre adoptiva, pues ellos iban a hacer lo posible para sacrificarlo como al resto de los familiares, por eso debía seguir su instinto y no ceder ante las trampas ocultas que la tatarabuela le ponía, como por ejemplo lo del perro, eso había sido un acto obligado por un espíritu malvado para que su familia lo dejara solo y fuera más vulnerable. Afortunadamente no lograron su cometido, el amor de su familia era mucho más fuerte que las pretensiones de una malvada bruja. Sin embargo, reiteraba que tenía que cuidarse, lo del perro había sido solo el principio de la cadena de desgracias que la tatarabuela tenía preparadas. Ellos lo cuidarían desde lejos, pero él tenía que poner la mayor fuerza de voluntad para no caer ante la desgracia. Cuando Ana y Elkin llegaron del hospital vieron que no había nadie en la sala, ya había regresado la energía de la casa, vieron que Isidro había decidió dormir encerrado, buscaron a Jorge pero no lo encontraron en su habitación, nunca pensaron que lo verían en la de Elkin, y más aún, de la forma en que lo vieron, plasmada en el espejo su figura pero sin el cuerpo presente.