La hermana estaba realmente impactada, percibían a Jorge como en otra dimensión, su figura en el espejo estaba totalmente quieta, sus ojos estaban cerrados, se veía como si estuviera flotado en la nada y sus manos estaban juntas en el pecho. Elkin le dio unos golpecitos al espejo para ver si Jorge abría los ojos o reaccionaba de alguna manera. Todo lo que hicieron fue imposible, parecía como si el espejo lo hubiera tomado como un nuevo cuadro estático. Muy asustados despertaron a Isidro, quien al ver el acontecimiento propuso llamar a Leopoldo para que los ayudara, ya que no sabían si se trataba de algún hechizo de la tatarabuela para condenar a Jorge al sacrificio, y aunque el mayordomo estaba implicado, era tal vez el único que sabía qué hacer. Ana no estaba de acuerdo, por el contrario, pensaba que llamar al mayordomo era muy riesgoso, no sabían si él estaba detrás de eso y pudiera empeorar las cosas para su beneficio. Sin embargo, al ver pasar los largos minutos en los que Jorge no regresaba, tuvieron que acogerse a la idea del padre. Isidro se quedó en casa vigilando el espejo para ser el primero en enterarse en caso de que Jorge regresara al plano terrenal. Ana y Elkin iniciaron la misión, tomaron una veladora, pues ya estaba muy oscuro y la única luz en el bosque era el reflejo de la luna, pero no era suficiente para llegar a antigua casa de la familia Serrano. Después de la larga caminata llegaron un poco exhaustos, notaron que la luz aún estaba encendida, en buena hora aún estaban despiertos. Antes de entrar espiaron a través de las ventanas, lograron ver al mayordomo y a Ruth en la sala platicando muy cerquita, a leguas se notaba su romance. Con un poco de malgenio Ana tocó la puerta mientras gritaba el nombre de su madre. ¡Ruth, sal de ahí! ¡Ruth, sal de ahí ahora mismo! Repitió en varias ocasiones como acosándola.
Ruth corrió a abrir la puerta mientras Leopoldo rápidamente escondía algunas de las cosas que habían sacado para armar sus círculos de protección. La madre los invitó a entrar muy extrañada por la visita, en especial por la hora. Ana sin rodeos le comentó la situación, preguntaron al mayordomo si tenía algo que ver con lo sucedido, pero este lo negó todo. Sin encontrar respuestas Leopoldo decidió aprovecharse de la situación, le metió un poco de misterio al asunto al tiempo que ofrecía su ayuda. Les explicó que como Jorge era el elegido, muchos espíritus iban a querer aprovecharse de él para tomarlo en su lugar, el niño estaba en una condición muy vulnerable, sus cualidades de castidad y espiritualidad hacían de él un blanco fácil y apetecible. Ana se asustó mucho, si lo que el mayordomo decía era verdad, puede que alguna fuerza malvada estuviera en ese mismo instante tomando el alma de su adorado hermano. Elkin lo miraba con recelo, sus estudios en psicología le permitían percibir cuando una persona no estaba hablando con total veracidad y tenía malas intenciones. A pesar de su desconfianza era consciente de que nadie más podía sacar al niño de la imagen del espejo, le permitirían intentar hacerlo pero estando siempre al pendiente de sus obras. Ruth debido a todo el tiempo que había compartido con Leopoldo lo conocía mucho y también desconfiaba de todo lo que había dicho con respecto a la situación de Jorge, así que decidió acompañarlos para percatarse de todo lo que hiciera.
En el camino Ruth buscó la forma de quedarse atrás con el mayordomo para preguntarle qué estaba planeando, sabía que era un viejo que solo buscaba lo conveniente para sí mismo, y a pesar de que ella estaba dispuesta a entregar su propio hijo en sacrificio, no iba permitir que el ritual se hiciera de cualquier forma, por ser su madre quería el menor sufrimiento posible para él. Al cuestionar sus inquietudes el mayordomo se sintió un poco halagado, pudo notar que en efecto Ruth lo conocía mucho, eso era algo que jamás le había pasado con una persona. Por eso decidió decirle la verdad, lo que tenía planeado era hacerles creer que ayudaría a Jorge, pero en realidad haría una oración para alejarlo de todos los espíritus que lo quisieran ayudar. Podía sacarlo del espejo si alejaba aquellas fuerzas, de esa forma la tatarabuela podría obrar más fácilmente en la mente de Jorge para hacerlo decaer, y así, cumplir con el sacrificio. Esa era la oportunidad perfecta para que el hechizo cayera más fuerte sobre el niño. Ruth, aunque no muy convencida, aceptó sus pretensiones advirtiéndole que tenían que ser muy cuidadosos, sobre todo con Elkin, quien se mostraba desconfiado. Ana y su compañero de camino estaban sospechando por el murmullo entre Leopoldo y Ruth, eso indicaba que evidentemente algo no estaba bien. Así, llegaron a la casa, donde Isidro los esperaba con gran angustia, ya que Jorge seguía en la misma posición y sin hacer ningún tipo de movimiento.
Por otro lado, Jorge estaba en el más allá muy complacido escuchando las historias de su tío, también hablaba con otras personas, incluso vio la primera víctima de la tatarabuela, la niña de la que Leopoldo había hablado, la pequeña Dulce María. El lugar le generaba mucha paz, de hecho pensaba que era preferible estar ahí, al menos no corría ningún peligro y estaba rodeado de personas que lo iban a proteger del malvado destino. Juan Enrique le advertía muy angustiado de todos los peligros que corría, recordándole que tenía que tener una consciencia muy fuerte para no dejarse llevar por las trampas que le pusiera la tatarabuela. Le entregó una medalla de San Benito, le dijo que lo protegería de todas las energías negativas en su contra. En ese momento Jorge sentía una fuerza extraña que lo incitaba a salir del pacífico lugar, trató de aferrarse a Juan Enrique, pero fue inútil, la fuerza era mucho más fuete que su voluntad. Eso hizo que su tío sospechara que ya el mal había empezado a actuar y tendrían que actuar pronto. Al reverso del espejo estaba Leopoldo, tenía su mano sobre la superficie del vidrio mientras hacía una oración para traerlo de vuelta al mundo real. Isidro lo miraba con recelo, pensaba en la nueva feliz relación de él con su ex mujer. Leopoldo pudo traerlo de nuevo a la habitación y la imagen del espejo desapareció, ya se podía ver el reflejo normal de todos los que estaban en el cuarto. El niño estaba helado, sus manos estaban temblando y no podía decir ni una sola palabra, es como si hubiera pasado de un estado de tranquilidad a uno de total angustia. Le reprochaba a Leopoldo el haberlo traído de vuelta, pues estaba más cómodo el otro lugar.
A la familia le surgían muchas preguntas, ¿Cómo pudo Jorge pasar por medio de un objeto inerte a otra dimensión? ¿Qué había del otro lado? ¿Era peligroso ese lugar? ¿Podía otra persona diferente a Jorge pasar por ahí? ¿Cómo Leopoldo pudo regresarlo? ¿Ya tenía el mayordomo conocimiento de lo que estaba pasando? ¿Estaban implicados los antepasados en dicho asunto? Isidro cuestionaba cada acto que ocurría, para sus inquietudes solo tenía respuestas el mayordomo, quien solicitó poderse quedar junto con Ruth en la casa por esa noche para poder aclararles todo, además, ya era muy tarde para regresar. Elkin aceptó aunque no con mucha empatía, les adecuó un cuarto y luego se sentaron en el comedor para poder hablar y aclarar todo. Mientras Elkin organizaba todo, Leopoldo aprovechó el desorden para atraer por medio de una oración la atención de su madre adoptiva, quería que interviniera en Jorge par que empereza a desesperarse por medio de los espíritus negativos y así su alma estuviera débil. Cuando ya estaban todos sentados en el comedor, el mayordomo les explicó que Jorge era atraído por fuerzas extrañas que querían dominarlo para robar su espíritu. Jorge muy indignado interrumpió la conversación contando la verdad de lo que pasó detrás del espejo. Allí estaba toda la familia sacrificada además de unos desconocidos, todos eran buenas personas que no merecían morir así. También les informó que la tatarabuela tenía planeado intervenir para que Jorge cayera en la trampa de Leopoldo. Le confesó a Elkin que fue él quien mató su perro, pero que alguna fuerza mayor que él lo obligó, es más, ni siquiera podía recordarlo. El psicólogo aceptó la confesión y se mostró agradecido por su confesión.
Ana estaba muy enfadada, no podía creer que su madre ante todo lo que Jorge decía no tuviera un gesto de compasión por su vida. Al contrario, esta señora buscaba la manera de ayudar a que su hijo muriera. Jorge pensaba lo mismo, y reiteró la necesidad de cuidarse del mayordomo, el cual ni siquiera debía estar en la casa. Leopoldo trató de tranquilizarlo y de dominar su mente mintiéndole cizaña sobre las personas que vio detrás del vidrio. Le explicó que muchas cosas de las que se percató en aquel instante pudieron no ser reales, pues a veces los espíritus se disfrazan para que sus víctimas caigan más fácilmente, por eso tenía que ser cuidadoso y no confiarse demasiado. Jorge no creía sus palabras, argumentaba que la energía de su tío era real, incluso lo describió tal y como era, asunto que asombró a Isidro, quien confirmó que Jorge tenía razón, Juan Enrique lucía tal cual su descripción. Cada vez había menos puntos a favor del mayordomo, quien buscaba desesperadamente la forma de hacer que creyeran en él, y sobre todo, de que lo dejaran quedar para poder intervenir la mente de Jorge por medio del miedo. Para eso utilizó un arma muy persuasiva pero evidente, el enojo, se hizo el indignado por todo lo que decía Jorge, haciéndose la victima frente a Ruth. Tras varios intentos de explicar todo y no llegar a ningún lado, Elkin decidió que lo mejor era dormir y que la abrumadora visita se fuera muy temprano para su casa. Así lo hicieron, todos se fueron a dormir menos Leopoldo, quien ya estaba preparando su jugada.
El mayordomo esperaba que fueran las doce para poder entrar a la habitación de Jorge y hacer la oración justo frente a su cuerpo, aprovechando que no había luz en la casa, para que así nadie pudiera verlo. Sin embargo, no contaba con que el niño, debido a la situación recién vivida no podía conciliar el sueño. Cuando llegó a su habitación con una pequeña cerilla para no despertar sospechas, Jorge lo vio inmediatamente, gritó para que su hermana despertara pero fue en vano, su sueño era tan profundo que ni el ruido hacía efecto en ella. El mayordomo tomó por la fuerza a Jorge y lo llevó afuera de la casa, le tapó la boca e hizo frente a él una oración donde invocaba todas las fuerzas de la tatarabuela para que lo ayudaran a cumplir con su propósito de eternidad. En ese momento cayó un rayo del cielo, esa era la señal que estaba esperando Leopoldo como confirmación del mensaje recibido por parte de su madre. Llevó a Jorge a su cama pero dejó su boca tapada y sus manos atadas para que no pudiera decirle nada a Ana, al menos mientras él se iba de allí con su amada. A las cinco de la mañana Leopoldo despertó a Ruth para que se fueran antes de que todos se despertaran, tenía miedo de la reacción que podían tener cuando Jorge les contara lo que él había hecho aquella noche en la que habían depositado algo de confianza en él. Salieron los dos muy temprano, apenas el sol estaba saliendo, el viento era muy frio y su anillo estaba cada vez más claro, pero con la ayuda de su madre adoptiva todo iba a pasar más rápido de lo que creían, Jorge cada día estaba más cerca de la muerte
Cuando Ana se despertó vio a Jorge tirado en el piso medio dormido y atado, quitó la mordaza de su boca muy preocupada mientras le preguntaba qué le había pasado. Cuando Jorge le contó todo, ella bajó muy furiosa al cuarto donde estaban los intrusos para recriminarlos por sus actos, pero ya no estaban, habían escapado ante la culpa. Le avisaron a Elkin y su padre, los cuales estaban consternados, por un descuido ya Jorge podía estar más condenado. Isidro salió muy enfurecido hasta la casa de Ruth para insultarla y hacerle cambiar de opinión sobre el sacrificio de Jorge. Mientras tanto Ana salía para la escuela, allí tenía planeado buscar a una profesora que tenía muchos conocimientos sobre esos temas y le gustaba ayudar. Elkin salió para el trabajo pero se quedó con un gran vacío en el pecho por dejar a Jorge solo, pues le daba un poco de miedo lo que pudiera hacer allá. Jorge estaba tranquilo, tenía la certeza de que sus antepasados le ayudarían, así que se paró frente al espejo nuevamente para tratar de volver a ese lugar y contar todo lo que había pasado con Leopoldo. Por más invocaciones que hizo a si tío Juan Enrique, el portal nunca se abrió, como si hubiera desaparecido y ahora solo viviera en su memoria. En vez de regresar a ese bello lugar sentía de nuevo las voces angustiantes pero esta vez eran insoportables, corrió por toda la casa dando vueltas hasta que salió por el patio, allí se sentó al lado de un charco donde su reflejo le mostraba algo que no era él, su cara se mostraba llena de llagas y materia, como si alguien se la hubiera deformado. Tomó con sus manos el agua que allí había y se la lavo pero nada de su aspecto cambio, ahora parecía un monstruo.