Tanto el hombre como la mujer intercambian una fugaz mirada de impresión, el papá mira con la ceja arqueada y un brillo de respeto a Tristán, él, por el contrario, mira a su padre con arrogancia y parece satisfecho consigo mismo. La mamá examina, minuciosamente, a mi amiga y sus comisuras se doblan ligeramente hacia arriba. Apenas parece una sonrisa. ―Mucho gusto, querida ―el tono frío de la señora por poco me provoca un escalofrío―. Soy Bertha. La señora la saluda con un roce de mejilla, apenas se tocan, como si a la señora le diera asco tocar a mi amiga. Una pizca de furia aparece en mi interior. ―El gusto es mío ―responde Dana, esboza una sonrisa tímida―. Escogieron un lugar muy... ¿Elegante? Puedo ver la vergüenza e inseguridad dibujadas en el rostro de mi mejor amiga. Su tez clara

