―Fue un caso distinto y lo sabes ―sisea el señor Diener―. Tu hermana aplicó y no la aceptaron, ¿sabes lo que ella daría por haber tenido la oportunidad que tiraste a la basura? ―¿¡Era necesario que me expusieras?! ―chilla Marlene, su rostro cobra un tono rojizo, solo la hace ver más bonita―. Vivo a diario con la realidad de que no logré entrar y todavía me lo reprochas ¿Cuál es tu problema? Marlene avienta la servilleta hacia su plato al tiempo que se levanta de la silla y se aleja de nosotros. Es increíble que aun siendo dramática, conserve su buen estilo, por dios, incluso corriendo su cabello se ve sedoso y brillante. Casi parece una maldita película y eso me irrita mucho más. Sin embargo, el fantasma de una sonrisa satisfecha amenaza con aparecer en mi rostro, pero no la esbozo, pues

