Esa noche la casa de Declan se hundió en un extraño silencio, uno que no era apacible ni reparador, sino expectante, cargado de preguntas que nadie se atrevía a pronunciar en voz alta.
Incluso las paredes parecían contener la respiración mientras la pareja se resguardo en su respectiva habitación, separados por pasillos demasiado largos para una casa que, hasta hacía poco, solo había sido un espacio funcional.
Declan permaneció despierto más tiempo del que estaba dispuesto a admitir, acostado y mirando al techo, con la imagen de Ellie atormentando su mente con los mismos cuestionamientos que no encontraban respuesta: quién era realmente ella?, cómo podía ser tan distinta? Con él era fuego, desafío, palabras que no pedían permiso y con los demás una sombra temerosa y pérdida.
No tenía lógica ni razón, no había un modo facil de explicarselo, y si debía ser muy honesto consigo mismo, la duda que se había negado a aceptar empezó a abrirse paso con insistencia. Cada vez le resultaba más difícil sostener la idea de que Ellie hubiera sido capaz de drogarlo deliberadamente, pues aunque todo apuntaba por ese camino, algo no encajaba, no con la mujer que lo enfrentaba sin miedo, aun sabiendo que él tenía el poder de destruirla con una sola decisión.
Y esa grieta en su certeza dio paso a otra pregunta, más peligrosa todavía:
Qué había pasado realmente aquella noche?
El pensamiento lo inquietó más de lo que estaba dispuesto a tolerar. Porque si su versión de los hechos no era completa, entonces todo lo que había construido a partir de ella comenzaba a tambalearse, obligándolo a reconocer que se había precipitado y quizas hasta dañado a alguien inocente, cambiandole la vida irreparablemente.
Y ese era un problema aún más difícil de controlar, pues no solo era la vida de Ellie, sino también la suya, por lo que ella implicaba: un conflicto permanente. No por su supuesta fragilidad, sino por lo que le provocaba, la forma en que lo desarmaba, exponiendo grietas que él prefería mantener ocultas, y lo que lo obligaba hacer sin siquiera pedirlo.
Ellie se había vuelto una prioridad sin que Declan logrará entender cómo lo había hecho, su necesidad de mantenerla resguardada, le gustara o no, era una prioridad cotidiana que eventualmente terminaría costandole caro y muy a su pesar tenía que ser más decisivo al respecto.
Y al otro lado del pasillo la situación no era muy diferente, Ellie también daba vueltas en la cama incapaz de conciliar el sueño, el cuestionamiento de Declan seguía repitiéndose en su mente como un eco obstinado.
Quién eres realmente, Ellie?
Aunque esa pregunta la había perseguido a lo largo del día, aún no tenía una respuesta, o al menos no una muy clara. Solo sensaciones dispersas, recuerdos de una versión de sí misma que había aprendido a aceptar, una Ellie que se escondía, alguien que pretendía no ocupar espacio, una mujer que se obligó a sobrevivir sin ser vista.
Y, sin embargo, con él eso no ocurría, con Declan no se escondía, no bajaba la voz y no medía el impacto de sus palabras. Podía gritarle, pelearle, enfrentarloy eso era lo que más la desconcertaba pues para ser muy honesta nunca le había tenido miedo.
Era absurdo, considerando que él tenía el poder de quitarle todo, su estabilidad, su futuro, incluso su nombre; ese debería haber sido su mayor temor, pero no lo era. El verdadero miedo nacía de otra pregunta, mucho más íntima.
Por qué con él sí podía ser así?
Ellie se llevó una mano al pecho, intentando aquietar la sensación que se le acumulaba ahí, Declan la sacaba de su zona de confort con una facilidad alarmante, y lo peor era que, pese a todo, se sentía bien, demasiado bien, tanto que un leve sonrojo le tiñio las mejillas al pensar en la forma en que la había vigilado, en cómo se había interpuesto, en cómo castigó a quienes la humillaron.
Quiso convencerse de que aquello no estaba bien, de que no debía sentirse agradecida, sin embargo, la verdad se le escapaba entre los dedos con una satisfacción amarga, una certeza incómoda al considerar que por primera vez ya no estaba sola, alguien la veía y la protegía.
Desgraciadamente eso también implicaba un profundo dolor que la golpeó con crudeza, pues él no solo era aquel hombre que se imponia frente a ella como un escudo; era también quien, en una sola noche, le había cambiado la vida para siempre y quiso volver a aferrarse a la idea de que debía odiarlo, de que era lo correcto, de que no había matices posibles, intentó obligarse a recordar la violación. Pero incluso así, en medio de la noche, no logró conectar con esa emoción, no consiguió apagar del todo esa pequeña chispa de ilusión que insistía en encenderse contra su voluntad.
El cansancio terminó por vencerla no porque hubiera encontrado paz, sino porque el cuerpo ya no pudo sostener tanta contradicción a la vez. Ellie se recostó sin acomodarse del todo, como si al dormir temiera concederse comodidad, cerrando los ojos con la respiración irregular, llena de pensamientos que no se ordenaban.
En algún momento el sueño llegó a trompicones, superficial e inquieto; no hubo descanso, sino una especie de pausa forzada. Su mente siguió despierta aun cuando el cuerpo cedió, las imágenes se mezclaban sin lógica: el hotel, la mirada de Declan sosteniéndola con firmeza, su voz imponiéndose como una orden y, casi de inmediato, el recuerdo de aquella noche que debía dolerle más de lo que lo hacía.
Cada vez que intentaba aferrarse a la rabia, esta se diluía, dejándole solo una presión incómoda en el pecho, una culpa silenciosa por no sentir lo que creía que debía sentir. La joven se removió entre las sábanas, inquieta, frunciendo el ceño aun dormida pues su consciencia no le dio tregua.
Había una parte de ella que se reprochaba la tibieza, que le exigía firmeza, odio y rechazo absoluto. Y otra, más vulnerable y honesta, que no podía ignorar que con él había hablado sin bajar la mirada, que había gritado sin miedo, que había sido ella misma sin pedir permiso.
Ellie apretó los labios, como si intentara contener un sollozo que no llegó a formarse. Un gesto que mantuvo el resto de la noche, con un descanso frágil, lleno de sobresaltos, de suspiros ahogados y pensamientos que no se callaban, y aunque el sueño la cubrió por momentos, no logró brindarle el descanso necesario, despertando mucho antes de lo que debería.
El cielo apenas clareaba cuando Ellie ya se había levantado, cansada de ese silencio que ya le resultaba incómodo decidió que era momento de prepararse para su turno en el hotel, por primera vez desde hacía mucho, esa rutina era lo único que le daba una sensación de control.
Ni siquiera tuvo la intención de desayunar en la mansión, tampoco de preparar su almuerzo, hoy preferia comer lo que el hotel disponía para los empleados, así que rápidamente bajó las escaleras con su mochila colgada al hombro, decidida a irse sin cruzar palabra con nadie.
Desgraciadamente para ella, sus intenciones volvían a ser interrumpidas por la única persona que justo ahora no necesitaba: Declan.
El hombre ya se encontraba en la sala, sentado con ese aire de dominio absoluto, incluso a pesar de su ropa deportiva, tenis, y el cabello despeinado, parecía despierto desde hacía rato, demasiado despierto para la hora.
Y desde luego que Ellie notó su presencia desde el momento en que bajo por completo las escaleras, era difícil no hacerlo con un hombre que con su sola presencia controlaba y se imponia, pero decidió pasar de largo, directamente hacia la salida.
- A dónde vas?- la potente voz de Declan la detuvo en seco.
- Al mismo sitio al que fui ayer- respondió, girándose despacio, mirándolo como si acabara de preguntarle la cosa más absurda del mundo- y al mismo al que iré mañana.... al hotel.... a trabajar.
Declan no se movió de su sitio, ni siquiera levantó la cabeza, solo asintio ligeramente con un gesto de aceptación que era, genuinamente, fingido.
- No, no vas a ir- afirmó directamente y sin rastro de emoción.
- Cómo que no voy a ir?!- Ellie dio un paso hacia él, con el ceño fruncido y la confusión asomando con rapidez- por qué no? y quién decidió eso?
- Yo- declaró con tranquilidad- he decidido que no vas a volver a trabajar como camarista en el hotel- y la comisura de los labios de Declan se curvó apenas, en una sonrisa sutil y peligrosamente divertida.
El golpe fue inmediato para Ellie cuando notó la seriedad en la actitud de su esposo, borrando cualquier rastro de ironia, siendo reemplazada por un doloroso miedo y una creciente preocupacion, por supuesto que no podía ni debía perder lo único que mantenía con vida a su madre, y de inmediato se arrepintió del arranque de valor que tuvo el día anterior
- Señor- empezó, tragando saliva- por favor, si ayer dije algo que no debí, o hice algo mal, lo siento... de verdad, pero necesito ese trabajo.
- No- y sin importar la convincente súplica de Ellie, él negó con la cabeza, con la misma exasperante calma- tú no vas a volver a trabajar ahí como camarista.
- Sé que no lo entiende- insistió ella- pero es importante para mí.
- Creo que quien no lo ha entendido eres tú, quien no ha logrado dimensionar la gravedad de tu terquedad eres tú y justamente por eso no vas a volver como camarista, porque no puedo estar vigilándote todo el tiempo... y estarás de acuerdo conmigo que tampoco es muy conveniente que siga despidiendo empleados cada vez que alguien cruza un límite contigo.
- No puede hacerme eso, cuando acepté casarme con usted le pedí una sona cosa y usted aceptó- Ellie lo miró totalmente incrédula, mientras la rabia comenzó a mezclarse con el miedo- ahora no puede ni debe retractarse, no lo voy a permitir!!- y sin esperar respuesta se giró para irse, dispuesta a desafiarlo por un bien mayor.
- Ya di la orden- sentenció antes de que pudiera dar dos pasos- y si yo fuera tú, ni siquiera lo intentaría porque no vas a poder entrar al hotel.
Ellie se giró lentamente, con los ojos muy abiertos, buscando en él algún resquicio de duda o quizás de que, con suerte, estuviera jugandole una mala broma, sin embargo, Declan no lucía como alguien divertido y sí bastante tajante. Y la incredulidad inicial de la joven dio paso a algo más profundo y también más doloroso, mientras las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos sin que pudiera evitarlo.
- Por qué?!- susurró asustada y con una voz que murió al final de la palabra.
- Es por tu bien, el mío y el de todo el hotel!
- No puede hacerme eso- reclamó con voz baja pero firme- no puede decidir por mí....por favor- pero él solo la miró como alguien que ya había tomado una decisión inamovible- por qué sigue arruinando mi vida?- el coraje finalmente explotó, mezclándose con la impotencia.
Las lágrimas cayeron ya, pero en silencio, marcando un contraste cruel con la firmeza que intentaba sostener, y por un incomprensible impulso avanzó un paso hacia él, mirándolo de frente.
- Fue lo único que le pedí- exclamó aferrándose a los tirantes de su mochila- lo único..... usted aceptó....usted aceptó... necesito ese trabajo, por favor, no es un capricho.... es el seguro de mi madre, es... es mi estabilidad- su voz se quebró al final, y el miedo se asomó sin disfraz- no puedo perderlo.
Declan se enterneció al verla así, tan decidida y a la vez tan frágil, que se levantó dispuesto, inconscientemente, a abrazarla para brindarle un poco de consuelo; un gesto que detuvo justo a tiempo y simplemente se limitó a observarla con una atención que la desconcertó, pues no había burla en su expresión, pero sí algo peligrosamente cercano al sosiego.
- Ellie- finalmente habló con calma- de verdad crees que voy a dejarte ahí, expuesta, después de lo que pasó?
- No pasó nada que justifique esto- replicó ella, sacudiendo la cabeza- y aunque hubiera pasado, no eres tú quien decide despedirme.
- No te estoy despidiendo- corrigió él- te estoy sacando de ahí.... te estoy salvando de una situación que solo va a empeorar!
- No le pedí que me salvara- le lanzó con rabia contenida- y menos que me quitara mi trabajo!!!
Un destello cruzó los ojos de Declan, y una sonrisa apareció entonces, leve pero llena de una picardía que contrastó cruelmente con el estado de Ellie.
- Y quién te dijo que ibas a dejar de trabajar?
La joven se quedó completamente inmóvil, las lágrimas siguieron cayendo, pero ya no sabía por qué, si eran por confusión, sorpresa, o temor. Ellie lo miró sin entenderlo completamente, con el corazón acelerado y la mente buscando una lógica que no encontraba, mientras él la observaba con calma, como si acabara de jugar de nuevo con su vida sin que le diera la cortesía de saberlo.
- Qué?!- balbuceó sin estar muy segura de querer escuchar una respuesta.
- Que no vas a dejar de trabajar.
- Per.... pero....per... pero cómo?!- Ellie lo miró con un dolor tambaleante, rogandole en silencio por una explicación.
Declan la miró en silencio unos segundos, como si evaluara algo que solo existía en su cabeza, y luego habló con una calma que a Ellie le resultó inquietante, casi desconcertante por lo fuera de lugar que se sentía en medio de todo lo que estaba pasando.
- Por ahora será mejor que subas- la invitó con inconsciente ternura- duerme un poco más y cámbiate de ropa, usa algo más formal.... mucho más formal y cuando esté listo el desayuno bajamos y comemos con calma... te parece?
- Subir?- Ellie repitió frunciendo el ceño, sin entender del todo la petición- y mi trabajo?, qué va a pasar con mi trabajo?
- No te preocupes por eso- le aseguró él, restándole peso con una naturalidad que a ella le erizó la piel- solo sube.
Declan empezó a caminar hacia las escaleras, como si la conversación ya estuviera cerrada, y ese gesto fue lo que la hizo avanzar tras él, con el corazón acelerado.
- Declan!!!- exclamó con premura, llamándolo por su nombre por primera vez- por favor, espera.
El hombre se detuvo sorprendido, aunque no giró para verla, solo permaneció de pie frente a las escaleras, esperando por lo que ella pudiera decirle.
- Lo necesito- pidió ahora sin rodeos- no es un capricho ni para molestar....es por el seguro médico... es por mi mamá- Declan se giró entonces y la miró de frente, no había burla ni dureza en su expresión, ni siquiera el menor rastro de sorpresa que hasta hace segundos lo embargo, solo esa seriedad controlada que a ella siempre le hacía sentir que estaba un paso atrás.
- Sube a descansar- repitió- y no te preocupes por el seguro.
- No entiendes lo importante que es para mí.
Declan acortó la distancia y tomó su brazo, firme pero sin brusquedad, lo justo para invitarla a aceptar. Sin embargo, Ellie reaccionó de inmediato, tirando de su brazo para liberarse, alzando la mirada hacia él con una mezcla incómoda de enojo y algo más vulnerable que no quería reconocer.
- Por favor....- pero por alguna extraña razón no pudo continuar, sentía la cercanía del hombre tan asfixiante y sofocante que empezó a temblar.
Por un instante, sus miradas se sostuvieron, en los ojos de Ellie había reproche y rabia pero también esa chispa traicionera que pedía creer, aunque supiera que hacerlo podía costarle caro. Declan, en cambio, simplemente la soltó, levantando la mano, señalando las escaleras sin tocarla esta vez, como si ese simple gesto fuera una tregua.
- Ve, descansa un poco y hablaremos en el desayuno, de acuerdo?!
Ellie respiró hondo, no era la respuesta que esperaba, pero al menos comprobó que tampoco hubo indiferencia, y eso la descolocó más de lo que quería admitir; y aunque dudó seriamente al final, entendió que al parecer otra vez no tenia alternativa, asi que giró y empezó a subir, con pasos lentos y llenos de dudas. Mientras de vez en cuando volteaba a ver a Declan, esperando que en algún punto se compareciera de ella.
Pero él no mostraba ninguna reacción o emoción, solo la siguió con la mirada hasta que desapareció al final de las escaleras.
Ya en su habitación, no pudo descansar, evidentemente. Por unos minutos solo permaneció sentada en el borde de la cama, moviendo una de sus piernas ansiosamente, escuchando el tic tac del reloj; dudando un par de ocasiones si debía obedecer o escaparse para comprobar si lo que Declan había dicho era verdad.
Sin embargo, no tenía razones para dudar de que ya hubiese dado la orden para evitar que entrara al hotel, muy seguramente su tarjeta ya había sido desactivada y ni siquiera sería tomada en cuenta para las asignaciones, si iba solo terminaría sentada a un lado de la puerta trasera como una indigente.
La mente de Ellie volvió a llenarse de dudas, cuestionandose insistentemente qué estaba planeando, o por qué parecía tan seguro de que todo estaría bien, desgraciadamente para ella, la pregunta más dolorosa tenía que ver contigo misma. Con el hecho de saber por que había desistido tan fácilmente de ir al hotel; al final, bastaron un par de frases dichas con calma para que abandonara la idea de ir al hotel. No porque la convencieran, sino porque, en algún rincón frágil y silencioso de su interior, necesitaba creer que esta vez no estaba sola.
Así estuvo hasta que cerca de las 7:30 de la mañana, una hora en la que habitualmente ya estaría cruzando los pasillos del hotel con el uniforme puesto y la espalda recta, ahora se presentaba en el elegante comedor de la mansión de Declan, con su discreto y sencillo vestido color vino.
Una prenda de corte medio y linea recta que caía por debajo de sus rodillas, dibujando una silueta sobria pero delineada con una sutil sensualidad. Las mangas cortas equilibraban la estructura del cuerpo, dejando los brazos completamente desnudos, mientras el escote cerrado, apenas interrumpido por un pliegue central, aportaba una elegancia casi austera.
A la altura de la cintura, un cinturón n***o delgado y muy discreto ceñía la tela, marcando su cintura, haciendo un perfecto contraste con redondeadas caderas y su prominente busto.
La señora Phyllis ya se encontraba en el lugar, acomodando los cubiertos con la misma precisión de hace años, pero al sentir la presencia de la joven, levantó la cabeza, mirándola con un interés que no intentó disimular. Y no solo era por la sorpresa de verla en el comedor, algo que no había hecho desde que había llegado a la mansión, sino por verla así, arreglada, presente y ocupando su lugar.
- Buenos días, Ellie- saludó con respeto y una ligera nota divertida que no acostumbraba ocultar- vaya... esto sí que es una novedad, entonces hoy decidió finalmente desayunar con el señor Ellsworth?- la joven se sentó con cuidado, alisando el vestido sobre sus piernas con suma atención pero sin ningún ánimo.
- No fue exactamente una decisión mía- respondió con suavidad, aunque el trasfondo de incomodidad era evidente- digamos que, otra vez, no tuve alternativa.... al parecer disfruta obligarme....
- No te obligué- la voz de Declan llegó desde el umbral, profunda y segura como siempre- solo estoy haciendo lo que es mejor para todos los involucrados.
Ellie no reparó en su voz ni siquiera en lo que dijo, lo único que importaba era su llegada, y sin cuestionarse, se levantó de inmediato; con un movimiento abrupto e impulsivo se giró hacia él, con los ojos llenos de inquietud y anticipación.
- Ya va a decirme qué es exactamente eso que decidió?....o también voy a enterarme cuando ya no tenga opción?
Declan abrió la boca para responder pero no pudo, la frase se le quedó suspendida en algún punto de la garganta cuando sus ojos terminaron de recorrerla. No solo era el vestido o el color, era la forma en que resaltaba su piel, delineando su figura con una elegancia que no había anticipado, transformando por completo la imagen que tenía de ella.
Y no era solo que estuviera arreglada; era la forma en que aquella tela parecía hecha para su cuerpo, marcando curvas que ella solía esconder, revelando una presencia que resultaba imposible ignorar. Por un instante, se le hizo evidente que Ellie siempre había estado ahí, solo que ahora no se empeñaba en pasar desapercibida, lucía y lucía maravillosamente bien.
El comedor se hundió en un silencio innecesario, no por descuido, sino porque Declan necesitó ese segundo extra para recomponerse, para apaciguar la sensación incómoda, y peligrosamente agradable, de estar mirándola más de lo que debía. Frente a él no estaba la camarista discreta que se deslizaba por los pasillos del hotel, sino una mujer que ocupaba el espacio con naturalidad, sin pedir permiso, y cuya sola presencia lo había desarmado.
Ellie lo miró fijamente aguardando una respuesta, pero algo en su interior se tensó, no porque Declan se quedara en silencio, sino por cómo la miró. No con la condescendencia habitual, ni con la dureza del hombre que imponía reglas, tampoco con la indiferencia a la que estaba acostumbrada.
Aquella mirada era distinta, detenida, casi desconcertada, como si estuviera viendo algo que no sabía que existía, Ellie no supo qué hacer con eso, nunca antes un hombre la había observado así, sin juicio inmediato, sin desvíos, sin pasar por encima de ella.
Se irguió apenas, por puro instinto, como si su cuerpo respondiera antes que su cabeza, y aunque no bajó la mirada, ni se encogió, si fue consciente de esa oleada extraña que le recorrió el pecho, mezcla de pudor, nerviosismo y una curiosidad que no pidió sentir, pero que la hizo consciente de su cuerpo, de su presencia, de sí misma como mujer y no como alguien que debía pasar desapercibida.
Y fue entonces cuando lo entendió: no era solo incómodo, era peligroso, y por un mero acto reflejo se cruzó de brazos, no para cubrirse, sino para sostenerse, para no retroceder ante esa atención que la exponía de una forma diferente.
- Y bien?- preguntó al fin, con un hilo de impaciencia- va a decirme qué estás planeando o solo piensas quedarse ahí parado?- la voz le salió más firme de lo que se sentía, sin embargo, no pudo apartar los ojos de él, pues una parte muy recóndita de su ser necesitaba seguir sintiendo esa mirada, a pesar de la culpa que experimentaba por cómo se aflojaban las defensas y el rencor que había construido desde aquella noche, como si reaccionar así fuera una traición imperdonable a la versión de los hechos que se obligaba a sostener y a sí misma.
Desde el fondo del comedor, la señora Phyllis presenció la escena con una calma cómplice y una leve sonrisa curvando sus labios, fingiendo concentración en los cubiertos, mientras veía cómo Ellie se mantenía en pie, sin encogerse, y cómo Declan tardaba un segundo de más en reaccionar. Una expresión que ella conocía a la perfección y que solo relucía cuando algo le agradaba más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
El hombre finalmente enderezó los hombros, recuperando esa compostura que solía llevar como una segunda piel, y habló mirándola de frente, aunque su voz salió un matiz más baja de lo habitual.
- Uhum....te....te voy a dar un nuevo puesto dentro del hotel- Declan se aclaró la garganta permitiéndose al fin un poco más de firmeza- uno en el que no tengas que exponerte innecesariamente.
Los ojos de Ellie brillaron apenas, traicionándola, y de inmediato abrió la boca, lista para agradecer, para preguntar cuándo empezaba, para asegurarse de que el seguro médico seguía intacto, pero no llegó a decir nada, pues él simplemente continuó ansioso por no perder el control que apenas había conseguido.
- A partir de hoy.... serás mi secretaria.
El mundo pareció detenerse un instante, Ellie se quedó inmóvil, con el cuerpo tenso y la mente intentando alcanzar la frase que acababa de escuchar: Secretaria.
La palabra le cayó encima con un peso inesperado y directo, mientras una mezcla de sorpresa y desconcierto le atravesó el rostro, seguida de una punzada de miedo que no logró disimular del todo.
- Su...secretaria?!- repitió, casi en un susurro, como si decirlo en voz alta pudiera volverlo real.
Antes de que Declan pudiera responder o suavizar el golpe, una carcajada franca y sonora rompió el aire del comedor, la señora Phyllis se llevó una mano al pecho, divertida, observando la escena con mucho beneplácito.
- Oh, cielos!!- exclamó entre risas- definitivamente, este día promete.