26.Corpse Reviver No.2

4879 Palabras
- Ahora está cuestionando y poniendo en tela de juicio mis decisiones?!- Declan indagó con el semblante contraído, observando al ama de llaves con una molestia que no intentó disimular. Mientras Ellie lo miraba fijamente a él, con el ceño fruncido y la boca abierta, tratando de procesar y entender si lo que acababa de escuchar tenía algún fundamento. Si usaba la lógica, por supuesto que no, ese no era Declan, no era el hombre que la abusó y la obligó a casarse, desgraciadamente cuando el hombre ni siquiera tuvo la intención de desmentirlo, empezó a cuestionarse sí era posible y más importante: por qué lo haría. Desde luego, que él era muy consciente de la reacción que había provocado en la joven, aunque su intención era que ella no se enterase; al parecer se había vuelto demasiado ingenuo al creer que aún tenía el control absoluto de todo. - Por supuesto que no, pero entienda el personal ya empieza reaccionar...- declaró la mujer mordiéndose la lengua porque ahora era ella quien estaba siendo interrogada y no Ellie. Declan se recargó más en el respaldo de su asiento, golpeando suavemente el escritorio con sus dedos, nunca había sido ajeno a las quejas y comentarios del personal, pero tampoco pretendía sucumbir ante ellas, por lo que de inmediato giró su atención hacia el mayordomo, no sin antes ver discretamente el desencajado rostro de su esposa. - Eso es cierto? - Si señor- afirmó Eugene con la rectitud que su puesto siempre le impuso- las personas empiezan a comentar cierto favoritismo y algunos más empiezan a reaccionar negativamente- el hombre se inclinó hacia adelante, recargando su antebrazo izquierdo en su escritorio, si en alguien confiaba era en el mayordomo, pues nunca fue dado a exagerar o mentir por complacer como el ama de llaves. - Alguien en especial?- cuestionó aunque ya sabía de los ataques de los que Ellie fue objeto, solo necesitaba corroborar quienes habían sido exactamente. - No me parece que eso sea importante- intervino la señora Bernard con premura, puesto que las camaristas en cuestión eran de su circulo más cercano y a quienes favorecía, por lo que evidentemente no tenía intenciones de castigarlas. - Y a mi me parece que usted se ha tomado demasiadas libertades, incluyendo el decirme que debe importarme y que no!- y por primera vez Declan elevó el tono de voz lo suficiente para hacerle saber que sus actitudes de superioridad no serían tolerables para él. La empleada agachó la cabeza, apretando las manos fuertemente entre sí, con buna sonrisa que se debatía entre la tensión, la molestia y el miedo, y aún así parecía incapaz de cejar en sus intenciones de poner a Ellie en la linea de fuego, como solía hacer cada tanto tiempo con alguna nueva empleada que no le agradara. - No señor, no es así....solo....me parece que nos estamos desviando para evitar la sanción correspondiente que se ha establecido para casos como estos.....y no creo que sea correcto para los demás empleados saber que se le disculpan ciertas cosas que para otros hubieran significado un despido inminente- apuntó agachando aún más la cabeza, pero ya no era un gesto de servilismo como regularmente sucedía, ahora intentaba disimular el coraje que le provocaba el tener que contenerse. - Y si ella es responsable tendrá el castigo que merece...- declaró Declan devolviéndole algo de preocupación a Ellie, quien por un instante creyó posible que él la protegería- pero tiene razón en algo.....nos estamos desviando del tema principal, ya tendré tiempo de encargarme de eso..... ahora, ya que usted tan amablemente dió un paso al frente para solucionar este conflicto aún cuando no era ni su obligación ni responsabilidad.... quiero que me explique cómo y por qué está tan segura que mi esposa fue responsable....y antes de que me responda.... quiero que entienda que la acusación que haga deberá tener pruebas fehacientes que la sustenten, de lo contrario creeré que solo la están usando como un chivo expiatorio o peor aún como instrumento de una vendetta personal. La señora Bernard trago grueso y con contenida preocupación levantó la mirada hacía Declan, quien mantenía una sonrisa mal disimulada, disfrutando como la soberbia mujer se tambaleaba por continuar con sus acusaciones cuando sabía tan bien como él que no tenía pruebas que la respaldaran. - No tengo pruebas señor....solo que ella fue la asignada a la limpieza de la habitación en cuestión- admitió con mucho pesar. - No tiene pruebas?!- cuestionó de forma bastante irónica- y entonces que la facultó para acusar a Ellie y exponerla a la histeria de la huésped? - Nada, señor....solo quise hacer mi trabajo- y sin más alternativa el ama de llaves comprendió que el camino que estaba tomando no era el más seguro para ella. - Y le agradezco su iniciativa- sin embargo, el sarcasmo en su tono de voz no pudo ser disimulado- pero antes de prestar oídos a los desvaríos de una huésped ofuscada debió averiguar si tenían fundamento o no.... ahora explíqueme..... cómo asumió que ella fue la responsable?!- cuestionó nuevamente señalando a su esposa, mientras el ama de llaves titubeo buscando ayuda discretamente en Eugene, desgraciadamente para ella, el mayordomo no le prestó ni siquiera atención pues mantenía su mirada fija al frente, como lo requería su entrenamiento. - Yo....solo.....bueno.....lo deduje!- admitió con un amargo dolor. - Lo dedujo!, vaya no sabía que también contábamos con servicio de detective privado- Declan volvió a recargarse en el respaldo de su asiento, con la tranquilidad de siempre- ósea que no llamó a la tintorería, ni al botones que subió el vestido, ni pidió revisar las cámaras de seguridad?- y la empleada no tuvo opción más que negar levemente con la cabeza- bien...bien...bien....entonces vamos a resolver esto como corresponde y como usted y Eugene debieron haberlo hecho antes de soltar acusaciones sin ton ni son!!! Y sin aguardar más, el hombre tomó el teléfono de su escritorio, hizo un par de llamadas exigiendo la presencia de la gerente de tintorería y del botones encargado de ese piso, además de solicitar la presencia del personal de seguridad; sin embargo, contrario a lo que se esperaba no pidió que le enviaran las grabaciones correspondientes, al contrario, solicito que una persona muy específica subiera a su oficina con el equipo de computo necesario. Y con la misma calma colgó, hundiendo su oficina en un silencio asfixiante que tensó a casi todos los presentes. La señora Bernard permaneció totalmente rígida, con la mandíbula apretada y las manos entrelazadas frente a sí y en su postura había una amargura contenida y una molestia mal disimulada, como si cada segundo de espera fuera una afrenta personal, por lo que en todo momento evitaba mirar a Ellie, pero su incomodidad se filtraba en pequeños gestos: un cambio brusco de apoyo, una respiración más ruidosa de lo necesario y esporádicos bufidos. Eugene, en cambio, se mantenía sereno, sus hombros relajados contrastaban con la tensión del ambiente; observaba la escena con una calma que rozaba la confianza, como si supiera que aquello aún no había llegado a su punto más peligroso. Y aún así no evitó mirar de vez en cuando a la joven a su izquierda, un gesto silencioso que demostró su apoyo. Por su parte, Ellie no lograba estarse quieta; sus dedos se tensaban y destensaban a la altura de los muslos, y su atención volvía constantemente hacia Declan. Lo miraba intentando descifrarlo, buscando alguna señal, una pista mínima de lo que pretendía hacer, pero él se limitaba a sostenerle la mirada cuando sus ojos lo encontraban, impasible y sin concederle nada, ni dureza, ni consuelo, solo control. El tiempo pareció avanzar de forma irregular para todo ellos, demasiado lento para algunos y, a la vez, peligrosamente rápido para otros, hasta que finalmente dos golpes firmes resonaron en la puerta y todos reaccionaron al mismo tiempo, aunque nadie se movió. - Adelante- indicó Declan, con la misma calma que había sostenido desde el inicio. La puerta de la oficina se abrió lo suficiente para que la secretaria del hombre diera un paso al interior, permitiéndole el acceso a los visitantes solicitados, que uno a uno comenzaron a desfilar hacia el escritorio, colocándose al lado de los otros empleados compartiendo una sonrisa disimulada. - Ya que estamos todos lo interesados aquí reunidos y conocemos perfectamente el motivo de esta reunión- aseguró Declan, consciente que a esas alturas el rumor de lo sucedido ya había corrido por todo el hotel y nadie era ajeno, al menos, a lo que lo ocasionó- quisiera saber a qué hora entró y salió el vestido de la huésped de la habitación 1222 a servicio - y sin más clavó su atención en la gerente de tintorería, una mujer de mediana edad, bastante tranquila y serena. - Uhum....- la encargada se aclaró la garganta abriendo su tableta con absoluta parsimonia pero con suficiente calma, buscando hábilmente la información en el sistema- el vestido color azul turquesa de seda de la habitación 1222 entró a servicio el día martes por la tarde y estuvo listo el día de ayer a las.... 1:55 p.m, señor, fue entregado en un porta trajes del hotel al botones aquí presente- indicó señalando brevemente al joven a su lado- se firmó de salida y se tomó la imagen correspondiente. La metódica gerente dió un paso al frente mostrando la fotografía del vestido a Declan, sin embargo él solo hizo un breve ademán con las manos dejando en claro que no tenía interés en ver la captura, por lo que la mujer regresó a su sitio, colocando la tablet entre sus manos frente a su cadera. - Yo lleve el vestido de inmediato a la habitación....lo entregué a la huésped en persona y ella lo revisó, por supuesto no tuvo ninguna queja- el botones se apresuró a aclarar antes de que le echaran la culpa de lo sucedido. Y pareció que dichas declaraciones le generaron una deliciosa satisfacción a la señora Bernard, pues de inmediato elevó la cabeza con una sonrisa que ni siquiera se molestó en disimular. - Estas seguro?- cuestionó Declan solo para corroborar que no se hubiera perdido ninguna información valiosa. - Si, señor. - Como verá la única persona que tuvo acceso al vestido después de su entrega fue la señorita Bradshaw- intervino el ama de llaves con un tono de irritante complacencia. Ellie miró a todos a su alrededor con nerviosismo, sintiendo como la boca se le secaba aún más, la joven tenía la esperanza de que de alguna manera existiera una razón, un momento, una situación que hubiese sido la causante de la grave mancha en el vestido, sin embargo, todos parecían haber cumplido con su deber de manera pulcra, dejandola a ella como la única culpable. Declan la observó por un instante, no fue una mirada larga ni evidente; apenas un segundo robado mientras ella evitaba el centro de la habitación y buscaba respuestas donde no las había; sin embargo, hubo algo en ese gesto, en la forma en que apretó los labios, en cómo su respiración se volvió más corta al no encontrar una explicación, que le provocó una ternura inesperada. No fue condescendencia, ni lástima, era la conciencia clara de que la joven estaba intentando sostenerse con lo único que tenía: la necesidad de una respuesta lógica. Y fue esa fragilidad, ese esfuerzo silencioso por no quebrarse frente a todos, lo que hizo que Declan reafirmara una creciente y extraña necesidad de protegerla, de buscar una salida que la eximiera del crimen por el que intentaban castigarla y quizá desquitarse de los castigos que él había pronunciado a través de Eugene. - Eso ya lo veremos!- advirtió aunque empezaba a temer que su esposa si hubiera sido la responsable, en cuyo caso no podría hacer nada para protegerla, y no porque no quisiera sino porque, al final su deber era más importante- muéstrame la grabación- pidió al hombre de seguridad quien de inmediato colocó su computadora sobre el escritorio, haciendo unos cuantos movimientos hasta que la imagen se abrió en la pantalla. - La señ....- el empleado hizo una pausa pues no sabía como referirse a Ellie, pero al ver que Declan no lo corrigió y simplemente esperó, decidió continuar rogando que aquello no costara su trabo- la señorita Bradshaw respondió a su asignación a las once en punto- informó, señalando la pantalla- llevaba un carro completamente abastecido, el cual dejo en el pasillo y solo tomó un par de toallas, antes de ingresar a la habitación, en donde permaneció hasta las once cuarenta y cinco, en ese lapso de tiempo no hubo interrupciones, nadie más entró ni salió. Ellie sintió cómo el estómago se le contraía, reconocía ese horario, lo llevaba grabado en la memoria porque había sido una mañana particularmente ordenada, casi mecánica y, sin embargo, la descripción de sus acciones le parecía ridículamente certera, tanto que no lograba afirmar si lo había hecho o no. - Al salir- continuó el hombre- se dirigió de inmediato a su siguiente asignación, en ese mismo piso, hasta las doce treinta, que bajó a su hora de almuerzo, dejó el carro estacionado junto al elevador de servicio detrás de otros 3 y se dirigió al comedor de los empleados donde se sentó en una mesa junto al ventanal oeste, donde almorzó en compañía de otra empleada hasta la una y treinta- el cursor avanzó y las imágenes cambiaron con precisión quirúrgica frente a Declan- posteriormente subió al piso quince, donde realizó la limpieza de cuatro habitaciones más y terminó su jornada sin desvíos ni retrasos. La joven apretó los dedos contra la tela de su falda, ella no recordaba haber hecho nada distinto y justamente por eso le resultaba tan inquietante escuchar con que precisión describían sus actividades y no fue una vez, sino varias, en distintos ángulos, en distintos momentos, caminando por pasillos que ahora parecían más estrechos, y más expuestos para ella. Y de pronto una extraña e improbable certeza la golpeó con una claridad que no esperaba: no era un registro casual, simple y básico, no, su recorrido había sido seguido con una atención constante, casi obsesiva y tan personal que quizás hasta sabían cuantas veces había ido al baño y en qué pisos. Instintivamente alzó la mirada hacia Declan, incapaz de contener el desconcierto; sus ojos buscaban una explicación, una grieta, algo que justificara por qué alguien había puesto tanta atención en ella, desde cuándo y por qué. Desgraciadamente, su esposo no le prestó mayor atención; por supuesto que él sabía que ella lo estaba mirando, lo supo sin necesidad de girarse y aun así, mantuvo la vista en la pantalla, impasible, como si observarla o explicarse, fuera un lujo que no pensaba concederle. - Muy bien....alguien más ingreso a esa habitación después de que mi esposa saliera?- cuestionó con una tranquilidad que comenzaba a irritarla. - Permítame- explicó el hombre, cambiando de pantalla pues aquella pregunta no estaba dentro de sus funciones, y sí, su única función en las ultimas semanas era vigilar estrictamente a Ellie- después de las 11:45.....da...da....da....- y con una experiencia milimétrica avanzó las imágenes y por un instante todos los presentes contuvieron la respiración, aguardando una respuesta que pudiera finalmente darle cierre a ese asunto- si....si....aquí!- exclamó con mucha premura, señalando la pantalla. Declan se acercó un poco más a la computadora, prestándole toda su atención solo para corroborar como otra empleada aparecía en la toma. La imagen mostraba el elevador abriéndose en el piso 12 y a la mujer saliendo sin prisa, empujando su carro de limpieza y dirigiéndose directamente a la habitación 1222, sin dudar ni detenerse un segundo, y con total naturalidad estacionó el carro en el pasillo, justo al lado de la puerta, como si supiera exactamente a dónde iba. Con un movimiento casi automático se agachó para tomar una botella de la parte inferior del carrito, y de inmediato recogió un par de toallas más antes de entrar a la habitación. - Adelántalo al momento en que sale- pidió Declan sin perder de vista la imagen. El encargado obedeció de inmediato y adelantó el video quince minutos exactos, ni uno más ni uno menos, justo cuando la empleada volvió a salir, limpiándose las manos con una de las toallas y para sorpresa del hombre, llevaba el mismo par con el que había ingresado. Y con la misma indiferencia hizo un gesto breve, casi imperceptible, escondiendo algo entre los productos del carro, antes de retomar su camino de regreso al elevador, no revisó otras puertas ni se detuvo en ninguna habitación más; solo desapareció de la toma. - Esta mujer estaba asignada a ese piso?- cuestionó Declan levantando la mirada hacía Eugene, quien de inmediato se acercó, revisando el pequeño encuadre que hicieron al rostro de la empleada. - No, no señor- indicó sin titubear, pues a pesar de su edad, el mayordomo sabía perfectamente quienes eran las empleadas en turno y qué pisos se les asignaban a cada una- ella es una camarista nivel 3 y sus asignaciones estaban en los pisos superiores. Declan respiró con alivió, recargándose en el respaldo de su asiento, si bien no era como tal una confirmación de que Ellie no había sido la responsable de lo sucedido, al menos si abría la posibilidad de que existiese otra explicación, y con ese gesto de oculta satisfacción, elevó la cabeza hacia su esposa, que aún no sabía si podía respirar tranquila. La pareja compartió una mirada breve; sus ojos se encontraron y permanecieron así un instante, quietos. En los ojos del hombre había una mezcla de alivio y atención minuciosa; en los de Ellie, un atisbo de sorpresa y cautela, como si buscara leer en él alguna pista de lo que venía después, pero ninguno se movió, ninguno habló, pero fue suficientemente significativo para ambos. Y muy a su pesar, Declan rompió ese contacto, desviando la mirada hacia Eugene, recuperando la calma profesional que se imponía en cualquier situación, dejando atrás el instante compartido con su esposa y centrando su atención. - Averigua qué hacía esa mujer en ese piso, qué productos solicitó del almacén y si la huésped la requirió en algún momento, quiero absolutamente todo lo que hizo y te advierto- indicó abriendo los ojos de más, para darle énfasis a sus palabras- si no te da una explicación convincente, la despides sin demora y por supuesto no le das ni un centavo, entendido?! - Como ordene- respondió el mayordomo, con una leve inclinacion de cabeza. Sin embargo, el hombre frunció los labios con cierto desagrado, no había problema con esa orden pero le preocupaba la intransigencia que podía llegar a despertarse en Declan cuando Ellie parecía el centro de todo y le preocupaba, por lo que ella debía enfrentar allá abajo. - Creo que ya tenemos otra versión que considerar, no le parece?!- le recriminó sin miramientos al ama de llaves, que no había hecho más que permanecer completamente rígida ante la versión que se develo y que Declan parecía aceptar ya como verdadera. Y desde luego que no respondió, solo se enderezó de golpe, apretando los labios hasta que la tensión marcó cada línea de su rostro; sus cejas se fruncieron y un leve temblor recorrió sus manos que rápidamente apretó contra su falda. No era lo que esperaba, y no pudo evitar sentir esa mezcla amarga de impotencia y frustración que debía contener, no tenía más opción que callar y obedecer. - Y quiero una respuesta lo antes posible- exigió mirando al grupo fijamente- ya pueden retirarse- y sin más regreso su atención a los documentos en su escritorio. Uno a uno fueron abandonando la oficina, Eugene caminó primero hasta la puerta, abriéndola para que los demás salieran mientras él permanecía en el umbral; el botones fue el primero en pasar, seguido de la gerente de tintorería, detrás, el encargado de seguridad recogió rápidamente su computadora del escritorio de Declan y salió sin mirar atrás. La señora Bernard se inclinó suavemente ante su jefe y sin mediar palabra giro sobre sus talones, adelantándose un par de pasos antes de detenerse de golpe, al percatarse que Ellie no se movió de su lugar. La joven seguía de pie, frente al escritorio de Declan, con la cabeza agachada pero mirándolo fijamente. - Señorita, no escuchó la orden del señor Ellsworth?- le espetó entre dientes pero con la voz cargada de autoridad, inclinando su torso ligeramente hacia el frente. Ellie alzó apenas el rostro, sin atreverse a sostenerle la mirada, y por un instante vaciló, no sabía si era prudente retirarse o permanecer ahí, pues ella no tenía problemas pendientes que resolver con su esposo. Instintivamente dio un paso corto, inseguro, y luego se detuvo; no era rebeldía, sino una duda genuina de no saber como reaccionar. - Acaso le está diciendo a mi esposa si puede o no permanecer en mi oficina?!- Declan la interrumpió con voz firme, cortante y consciente de la actitud de la joven. Ellie se giró hacia él de inmediato, con el ceño apenas tensado, como si no hubiera anticipado su intervención ni el tono que había empleado, Lo miró unos segundos más de lo habitual, con la confusión dibujada en su rostro, consciente de que el proceder del hombre la seguía descolocando. - Disculpe señor- el ama de llaves tuvo que guardarse sus ataques nuevamente, solo miró a Ellie una vez más con molestia antes de proseguir su camino hasta la salida con un andar pesado y brusco, producto de todo lo que debía tragarse. Eugene cerró la puerta detrás la señora Bernard con suficiente calma para no interrumpir la frágil situación que vivía la pareja al interior y el silencio que siguió se volvió demasiado incómodo. Ninguno de los dos se movió, Ellie permaneció de pie, con los hombros rígidos, sin atreverse a dar un paso ni a bajar la mirada. Declan se recargó en el respaldo de su asiento, observándola sin prisa y con cierta curiosidad, como si evaluara algo que no terminaba de ordenar. Sus miradas se sostuvieron más de lo necesario, no había reproche ni ternura en ellas, solo una atención tensa y expectante.. - Es cierto que usted despidió a esas personas por mi culpa?!- Ellie tenía muchas preguntas atestando su mente pero no pudo evitar que aquella fuese la primera que salió de sus labios. - Si- Declan ya no podía seguir manteniendo sus intenciones en secreto y no tenía razón para seguir negando lo evidente, así que su respuesta fue tan contundente como reveladora. La joven quedó muda, no era tan tonta para no haberlo sospechado después de todo lo que se discutió en la reunión, sin embargo, no esperaba que él lo admitiera con tanta tranquilidad como si en verdad no le hubiera pesado hacerlo. - Por qué?!- indagó ella acercándose apresuradamente hacia el escritorio, al punto que sus muslos chocaron con el borde. Declan mantuvo la mirada fija en ella, recorriéndola con una atención que no buscaba incomodarla, pero que tampoco sabía cómo suavizar. Durante un instante consideró hablar, explicar el porqué de su intervención, poner en palabras lo que había hecho por impulso y convicción más que por estrategia. Abrió apenas la boca, y volvió a cerrarla, pues decirlo en voz alta implicaba más de lo que estaba dispuesto a admitir en ese momento. No se trataba solo de la orden, ni de la señora Bernard, o de aquellos otros empleados, sino de lo que había sentido al verla quedar expuesta, cuestionada, reducida a una obediencia que no le correspondía. Ellie seguía allí, expectante, con esa quietud tensa que delataba su incertidumbre, observándolo tan fijamente que Declan sintió la necesidad de desviar la mirada hacia el escritorio, apoyando los dedos sobre la madera como si eso le diera tiempo para decidir, porque sí, podía explicarse o podía dejar que la duda quedara entre ambos, como tantas otras cosas que ya habían quedado sin decir. - Porque debía hacerlo!- fue la única respuesta que pudo dar sin exponerse más. - Y por qué?- y evidentemente ella no desistiría. El hombre soltó un largo suspiro, recargandose en el escritorio, acercándose un poco más a ella, obligandola a retroceder instintivamente. - Porque era mi deber, después de que insististe en seguir trabajando como camarista y guardar silencio ante los ataques de esas mujeres no iba a permitir que la imagen de la familia y el hotel se pusiera en entredicho- y aunque no pretendía sonar tan agresivo, fue algo que no pudo contener. - No tenía que hacerlo!- Ellie le aseguró con mucha convicción que la sorprendió incluso a ella. - Entonces preferias seguir soportando en silencio los ataques e insultos antes de usar tu nueva posición para defenderte? - Ya le dije que no es una posición que desee- respondió, apretando las manos a los costados- y aun así.... eso no le da derecho a mantenerme vigilada. - No era vigilancia. - No?, mantener a alguien siguiéndome por todo el hotel y cambiar los roles los demás solo por mí, no era por vigilancia?, porque eso es lo que parecía- reclamó Ellie, más bajo, pero sin retroceder esta vez- ni siquiera podía moverme sin que usted estuviera observando y decidiendo por mí. El silencio volvió a instalarse, distinto al anterior: más cargado, más personal; Declan pasó una mano por su rostro, frustrado, debatiéndose entre corregirla o admitir que, al menos en parte, tenía razón. - No entiendes lo que estaba en juego- murmuró. - Tal vez- aceptó ella- pero eso no le daba derecho a dar la cara por mí.... ni a despedir a personas inocentes. - Inocentes?!- repitió, con una incredulidad áspera, frunciendo el ceño al instante- no eran tan inocentes cuando te llamaban zorra o cazafortunas!! - Eran solo palabras- exclamó sosteniéndole la mirada sin elevar la voz- nada más. Sin embargo, la respuesta le arrancó a Declan una risa breve, seca, completamente fuera de lugar; el hombre negó con la cabeza mientras la observaba como si estuviera viendo algo que no terminaba de comprender. - Qué?- preguntó, incómoda por esa mirada. - No te entiendo- admitió él- no entiendo quién eres realmente, a mí me enfrentas sin titubear, me miras así, de frente...- e hizo un gesto vago entre ambos- pero a otros les permites que te humillen, bajas la cabeza, te escondes y te apartas en silencio....por qué Ellie?, quién eres realmente? - Porque a usted- la joven inhaló despacio, con el pecho acelerado acumulada a lo largo del día- siempre lo voy a enfrentar. - Y con los demás vas a callar?, por qué....por temor?, vas a seguir escondiendote entre los pasillos del hotel, intentando pasar desapercibida?, quien eres realmente? La pregunta no la golpeó de inmediato, no por fuera; Ellie no se movió, no reaccionó, no dejó que nada se filtrara en su expresión. Pero algo dentro de ella se quebró en silencio, porque aquella duda ya no venía de él, sino de ella misma, no lo había considerado y aunque le pesará admitirlo él tenía razón, las diferencias eran innegables. Por qué con Declan podía hablar, alzar la voz, enfrentarlo sin miedo, incluso escupirle y con los demás se hacía pequeña, se encogía, se protegía como si el mundo fuera siempre demasiado hostil? Y desde luego, que la joven no admitiría que logró descolocarla no frente a él, así que giró sobre sus talones antes de que Declan pudiera insistir, antes de que esa pregunta echara raíces. - Eso ya no importa- afirmó, con una calma frágil- no importó antes y no debería importarle ahora- y sin intentar detenerse avanzó hacia la puerta, con la mano temblándole apenas al tomar la manija- solo.... déjeme seguir con mi vida, con la poca paz que me queda. Y salió de la oficina, pero la pregunta no se quedó atrás, la acompañó en cada paso, insistente, como si él, inconscientemente, hubiera encontrado un lugar exacto donde hacerle daño. Quién eres realmente, Ellie? Pero ya no era la voz de Declan, sino la duda en sí misma, repitiéndose, desordenándole el pulso, apretándole el corazón. Ellie caminó por el pasillo con la espalda erguida y el rostro sereno, aunque por dentro todo se quebraba, porque no tenía una respuesta, porque por primera vez no estaba segura de cuál de esas mujeres era la verdadera: la que se enfrentaba a él sin temblar o la que bajaba la mirada y aprendía a hacerse invisible. Por primera vez consideró que tal vez esa había sido siempre la forma más segura de existir, de no incomodar, de no destacar y no provocar, una coraza aprendida a fuerza de pasillos largos y miradas que juzgaban sin preguntar. Y, sin embargo, con Declan esa lógica se rompía, con él no sabía esconderse, no quería; las palabras le salían antes de poder detenerlas, la rabia, la defensa, incluso la osadía que jamás se permitía frente a otros. Y muy a su pesar, una sola idea comenzó a germinar con una mezcla de alivio y vértigo: quizá solo con él podía ser así, quizá solo ante Declan se atrevía a mostrarse sin medir cada gesto y cada silencio. Entonces llegó la otra pregunta, más inquietante aún, abriéndose paso entre el latido acelerado de su corazón. Por qué con él sí?
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