Declan condujo el Alfa Romeo como si la ciudad le estorbara, con el motor rugiendo bajo su pie, las manos tensas se aferraban con fuerza al volante, al grado que sus nudillos se tornaron blancos, llevaba la mandíbula tan apretada que los dientes le dolían. Ni siquiera era capaz de tocar el claxon, no lo necesitaba, el hombre se abría paso con maniobras bruscas, cambios de carril innecesarios, acelerones que parecían más una descarga de rabia que una necesidad real.
Solo se permitía detenerse en los altos, aunque ello fuera porque no deseaba ser detenido y perder su valioso tiempo, y en una de esas paradas aprovecho para marcar el número de Eugene, con tal violencia que el golpeteo de sus dedos contra la pantalla resonó al interior del vehículo.
- Contesta...con un carajo contesta- murmuró entre dientes.
Desgraciadamente para Declan, el tono de llamada se le hizo eterno hasta que llegó el inminente mensaje del buzón, lo que solo aumentó su enfado, haciendolo golpear el volante con la palma. Pero el hombre no estaba dispuesto a desistir y una vez marcó el número con la misma actitud brusca y desesperada, acelerando tan pronto como la luz cambió a verde.
- Contesta de una maldita vez!!- exclamó gritándole al teléfono, sin embargo el resultado fue el mismo- donde diablos estas?!- gritó nuevamente como si eso bastara para que el pobre empleado le diera la respuesta que tanto anhelaba.
Un tercer intento tuvo lugar, y para su fortuna finalmente la llamada fue atendida.
- Señor Ellsworth, buen.....- el mayordomo respondió con la misma actitud servil de siempre, aunque sutilmente soñoliento.
- Cuál es la asignación de Ellie esta mañana?- Declan lo interrumpió sin saludo, sin aire y sin querer perder su tiempo.
- Disculpe, señor- replicó Eugene, desconcertado, mientras su interlocutor apretó los dientes, acelerando aún más.
- En qué maldito piso está trabajando?!- espetó pausadamente pero sin amabilidad- en qué piso está mi esposa?!- exigió perdiendo el control y el respeto que siempre lo había caracterizado.
- Señor, lo siento mucho, pero hoy es mi día de descanso, no me encuentro en el hotel y no tengo acceso a.....- explicó el empleado con cautela.
- Mierda!!- la palabra salió rasgada, violenta.
Declan giró el volante con brusquedad, obligando al coche a cambiar de carril, pero la falta de respuesta había elevado su pulso a tal grado que comenzaba a sentirlo retumbandole en las muñecas, el pecho le subía y bajaba con demasiada fuerza, como si el aire no alcanzara, secándole la garganta.
- Y quién carajos está a cargo hoy?
- La señora Bernard, señor, el ama de llaves..... aunque si es algo urgente, yo podr....
Y por supuesto que no lo dejó terminar, tan pronto como supo que el ama de llaves estaba a cargo de las asignaciones en el hotel colgó la llamada; y de inmediato marcó el número de la mujer, hundiendo el pie en el acelerador aunque ya no estaba lejos de su destino.
- Bernard- respondió una voz femenina y bastante severa- buenos días.
- Dígame, qué pisos le asignaron a Ellie Bradshaw hoy- ordenó Declan sin rastro de cortesía.
Al otro lado de la linea hubo una pausa mínima, apenas y se alcanzaba a escuchar el leve sonido del teclado, lo que significaba que estaba revisando y aunque la respuesta no tardaría en llegar el hombre sintió que cada segundo era una pérdida valiosa de tiempo.
- A....a.... Ellie Bradshaw.....su esposa- dijo la mujer con un tono burlón mal disimulado- se le asignaron los pisos tres, cinco y siete.
- En qué piso se encuentra en este preciso momento?- y ni siquiera le importó el dejo de burla en el tono de la mujer.
- Según el último reporte.....esta en el quinto piso.
Declan no respondió, no agradeció y no pidió más, simplemente colgó y hundió el pie en el acelerador cuando el hotel se hizo más tangible al final de la avenida, imponente, sereno e intacto, pero insultante a los ojos del hombre quien apenas pudo tragar saliva, un gesto duro y doloroso, sin embargo, no se relajó, era incapaz de hacerlo, no cuando se sentía burlado e insultado de una manera tan extrema como incomprensible.
La última vuelta fue la más cerrada y prácticamente descontrolada, irrumpiendo en el estacionamiento con una brusquedad que desentonó con la calma del lugar y ni siquiera redujo la velocidad por seguridad, sino hasta el último segundo, y aun entonces el freno chirrió bajo la presión innecesaria de su pie.
Estaba tan furioso que, incluso al estacionarse no se molestó en hacerlo como era debido. El alto total resultó violento en sí, provocando que el vehículo quedara mal, torcido e invadiendo más de un espacio y no se molestó en corregirlo, solo apagó el motor desabrochandose el cinturón de un tirón, como si el simple acto de permanecer dentro lo irritara aún más.
La portezuela del Alfa se abrió de un momento a otro con demasiado ímpetu y se cerró de la misma forma, nada en ese momento parecía merecer cuidado, ni siquiera su presencia. Declan descendió con la misma fuerza, el hombre tenía los hombros rígidos, la espalda dura, el cuerpo entero cargado de una tensión que no encontraba dónde descargarse.
Cruzó el vestíbulo sin disminuir el paso, percibiendo las voces, los saludos, los movimientos a su alrededor, pero pasaron por él sin dejar rastro. Toda su atención estaba cerrada hacia adentro, concentrada en esa presión constante en el pecho, en la mandíbula apretada desde que salió de su casa.
Al llegar al ascensor, extendió la mano y presionó el botón del quinto piso más de una vez, con una insistencia que rozaba la agresión, y en cuanto las puertas se cerraron frente a él, el espacio reducido no ayudó. La quietud lo volvió consciente de su propio cuerpo: las manos hundidas en los bolsillos, los dedos crispados, la pierna moviéndose con rapidez de adelante hacia atrás, en un vaivén que delataba la impaciencia que se negaba a reconocer y que solo aumentó cuando el ascensor se detuvo una vez, luego otra vez y otra más.
Cada pausa le tensó un poco más; sin embargo la molestia ya no era solo mental se le acumulaba en la frente, en la nuca, en el estómago cerrado y en ceño tan fruncido que se volvió doloroso, el hombre respiraba, pero no lograba sentirse lleno de aire, hasta que finalmente la campanilla anunció su llegada, pero para él no hubo alivio.
Declan salió del ascensor antes de que las puertas terminaran de abrirse, el quinto piso lo recibió con su habitual silencio, alfombrado y pulcro, casi ofensivo en su calma; mientras avanzaba por el pasillo con zancadas largas y tensas, consciente de su objetivo y con esa presión detrás de los ojos que no hacía más que recordarle que había llegado demasiado alterado como para fingir normalidad.
Su vista vagaba por cada rincón, cada puerta abierta y cada empleada que se le atravesó por el camino, hasta que Ellie apareció al final del pasillo frente a sus ojos. La joven se encontraba al fondo de uno de los pasillos laterales, llevaba el cabello sujeto con un par de broches, el uniforme habitual, se encontraba de espaldas a él, aparentemente conversando con un par de compañeras mientras sostenia su carrito de limpieza y sin nada que la distinguiera en particular, y aún así la reconoció sin problema.
Declan se detuvo en seco, observandola a la distancia sin moverse, respirando hondo, intentando, sin éxito, retomar el control que se le había ido escapando desde la mañana. Había llegado hasta ahi dispuesto a confrontarla, a exigir explicaciones, a imponer su presencia pero, en cuanto prestó más atención, fue evidente que la escena que se desplegaba frente a él no era tan amigable como pretendía.
Ellie no conversaba con su par de compañeras, ni siquiera parecía ser parte de un encuentro amistoso, por el contrario, en cuanto Declan dió un par de pasos acercándose un poco más, fue evidente que lo joven no se detuvo por gusto, las camaristas le habían cerrado el paso con una cercanía incómoda, arrinconandola a escasos pasos del elevador de servicio, en un sitio que quedaba fuera de miradas inconvenientes.
- Tan pronto acabo la luna de miel?!- soltó una de ellas, ladeando la cabeza con una sonrisa torcida- no se supone que las esposas del dueño están en playas privadas y no empujando carritos?- y el tono condescendiente y sarcástico provocó una estruendosa y burlesca carcajada en su acompañante, quien parecía disfrutar innecesariamente el ataque.
- Creo que la ilusión de cambiar el plumero por la tarjeta de crédito no funcionó tan bien, o sí?.....o ya sé....el CEO no te avisó que el cuento de hadas venía con horario laboral.....jajajajaja.....
Ellie no respondió de inmediato, en cambio bajó la mirada apenas, no como gesto de culpa, sino más bien con una actitud desinteresada. Sus labios se apretaron un segundo, luego se relajaron con una calma que no era natural, más bien aprendida a fuerza de repetición.
- Dime, fue una sorpresa volver tan rápido?- insistió la primera- o ya te había advertido que esto se acababa pronto?
- O mejor- añadió la otra, inclinándose un poco más hasta quedar a escasos centímetros del rostro de Ellie- ya descubrió que eras una zorra cazafortunas?, porque si te mandó de regreso a limpiar pisos.... es porque.... algo vio, no?!
La frase fue innecesaria, incluso Declan sintió cómo algo le subía desde el estómago hasta el pecho, un calor violento que le tensó la mandíbula, y aún así se quedó donde estaba, medio oculto tras la pared, observando sin ser visto, no avanzó y no intervinió, y no por falta de ganas, sino porque necesitaba saber cómo es que ella iba a responder.
Pero Ellie simplemente alzó la cabeza, no como un desafío, tampoco con dolor, sus ojos estaban claros, fijos, y había en su expresión una quietud incómoda, esa que existe cuando ya nada parece importarte.
- Si me permiten- dijo al fin, con una voz baja, firme, que no pedía permiso- tengo trabajo que hacer.
El silencio que siguió no fue inmediato, pero sí tenso, las sonrisas se torcieron un poco cuando no obtuvieron la reacción esperada; Declan, en cambio, cerró los ojos un instante, inspiró hondo, buscando un control que ya no respondía. Había llegado listo para confrontarla, para reclamarle, incluso para imponer su autoridad, pero verla ahí, sola frente a ese tipo de burla, con la dignidad sostenida a pulso, le desarmó el guion por completo.
Y cuando volvió a abrir los ojos, ya no estaba decidiendo si intervenir, estaba decidiendo cómo, y quizás no necesitaba demasiado, probablemente su presencia bastaría para callarle la boca a esas mujeres, sin embargo, no había dado más que un paso adelante, saliendo de su escondite cuando el teléfono en su bolsillo vibró de notificación.
Declan miró en dirección hacia donde aquellas mujeres seguían burlándose de su esposa pero el teléfono volvió a vibrar, parecía ser algo urgente y sin más alternativa encendió el aparato, encontrándose con un par de mensajes de su padre que efectivamente tenían un cierto tono preocupante.
Necesito verte, urgentemente.
Ahora.
No había más y no necesitaba más, el hombre levantó la mirada hacia el pasillo una vez más solo para comprobar como las empleadas seguían riendo, despreocupadas. Ellie, en cambio, ya no estaba con ellas, acababa de entrar a la siguiente habitación de su asignación, lo justo para no formar parte de la burla, no peleó ni discutió, simplemente se replegó en su trabajo, como quien aprende a hacerse pequeña sin desaparecer.
Y a él solo le quedó soltar una maldición baja. Odiaba la burla por lo que implicaba, desgraciadamente, por el momento, no tenia más alternativa que atender el llamado de su padre, así que guardó el teléfono y volvió sobre sus pasos hacia el ascensor sin que su presencia fuese notada.
Richard ya lo esperaba en su enorme oficina, sentado tras el escritorio, con la cabeza agachada, la respiración marcada y pesada, con ambas manos aferradas a la empuñadura del bastón, balanceándolo con un movimiento rápido, casi nervioso, contra el suelo. Declan sabía que algo grave había pasado y era preferible acabar con ello de una vez para encargarse del asunto que dejo pendiente.
- Me puedes explicar por qué mi nuera sigue trabajando como camarista en el hotel?- fue la pregunta que el hombre mayor lanzó golpeando el piso con su bastón tres veces para descargar su enojo, sin permitirle a su hijo tomar asiento.
Declan cerró los ojos intentando controlarse y evitar más desaguisados, no estaba en condiciones de enfrentar a su padre y menos perder su tiempo en discusiones inútiles que nunca lograban solucionar los problemas de su fracturada relación.
- Eso es lo que necesitaba mi presencia de forma tan urgente?- y aunque trató de no sonar agresivo, le fue imposible, haciendo que el movimiento del bastón se detuviera, Richard apoyo ambas manos en la empuñadura, incorporándose con lentitud sin apartar la mirada de su hijo.
- Te parece poco que el apellido Ellsworth este siendo arrastrado por los mismos pasillos que debería dominar?- un cuestionamiento que lanzó mientras rodeaba con exasperante calma el escritorio- porque esta mañana lo primero que llegó a mis oídos no fue un informe financiero ni el cierre de un trato, no.....lo primero que escuché fue que la flamante esposa de mi hijo, del futuro presidente del corporativo sigue limpiando habitaciones como si fuera lo más normal del mundo!- y finalmente se detuvo frente a Declan- a menos de dos días de una boda que ya fue comentada, cuestionada y créeme.... observada!
- Fue decisión de ella- indicó encogiéndose de hombros, como si aquella noticia no lo hubiera enloquecido esa mañana, mientras su padre soltó una risa carente de humor.
- Ah, claro!!!...decisión de ella!!!.....diablos Declan, dime desde cuando ese tipo de decisiones pesan más para ti que la imagen del imperio que estas a punto de heredar?.....acaso tu madre alguna vez hizo algo semejante, por supuesto que no....ella siempre estuvo a la altura de su papel!
- Sí, aunque no podemos decir lo mismo de ti.
- Como quieras, no pretendo entrar en esa discusión otra vez.....lo único que quiero que me expliques es por qué se comporta como si este matrimonio no significara nada para ella?, porque me parece que esta empeñada en pasar desapercibida y seguir como camarista, cuando su estatus acaba de cambiar.....a menos claro.....que no quiera ese cambio! o que esta boda no sea lo que aparenta- exclamó con mucha seriedad y mirándolo fijamente, con la sospecha dibujada en su semblante- así que vuelvo a preguntar: por qué la mujer que acaba de casarse contigo haría algo semejante?!, dime hijo, hay algo sobre tu matrimonio que deba de saber ahora?!
Y por supuesto que Declan reconoció el filo en sus palabras, no era una amenaza abierta, era algo mucho peor, una sospecha que comenzaba a tomar forma y si le daba suficiente tiempo se convertiría en una certeza que su padre jamás aceptaría ni siquiera a costa del imperio que habían formado. Su única alternativa era pensar con calma y dar una respuesta lo suficientemente creíble para que Richard dejara de averiguar.
- Ellie solo me pidió que le permitiera continuar con su trabajo, quiere ascender por merito propio sin atajos ni favores!- se obligó a sonar tranquilo, casi casual como si aquello no mereciera más que una explicación breve- no lo hizo para provocar nada y por supuesto que no esperaba esta reacción de tu parte, y creo que merece que la respetemos.
- Eso es exactamente lo que me preocupa- Richard dió un paso más al frente, estudiándolo detenidamente- por qué no querría tomar su papel como corresponde?, por qué una mujer que acaba de contraer matrimonio con un rico heredero insiste en quedarse trabajando en el puesto más bajo del hotel?.....es algo que.... francamente no creo que sea su sueño, ni de cualquier otra mujer, no me imaginó a una niña de 10 años pensando en trabajar toda su vida limpiando y aseando habitaciones.
- Habitaciones de lujo- bromeó su hijo intentando quitarle peso a la situación.
- Jajaja- el hombre mayor soltó una carcajada sarcástica e irónica que resultó amarga y ofensiva- creo que la junta directiva estará más que complacida con tus bromas cuando la sospecha de esta boda empiece a convertirse en un rumor con vida propia.
- Estas exagerando.
- No- debatió- estoy observando al igual que muchos aquí, al igual que la junta, al igual que nuestros enemigos, y lo que veo es a una nuera que evita el apellido, evita el lugar que le corresponde....eso genera dudas, muchas dudas y créeme, no seré el único en tenerlas.... si yo empiezo a atar cabos, otros lo harán, gente más paciente, perspicaz y bastante más malintencionada que yo- Richard hizo una pausa y su ceño se contrajo con incertidumbre, mirando a su hijo pero ya no con sospecha sino con una amarga acusación- a menos que esto sea obra tuya!
- Mía?!- exclamó Declan con genuina sorpresa.
- Sí, tal vez Ellie no este trabajando como camarista por gusto sino porque tú y tus ridículos estigmas la mantienen ahí, y sí es así....entonces por qué diablos te casaste con ella?!, por heredar?, por el buen nombre?, o solo para encubrir la aventura de una noche que salió terriblemente mal?.....o acaso esta embarazada?
La última pregunta cayó como bomba sobre Declan, ya no solo era cuestión de saber el por qué sino darle una explicación más contundente y sí, muy a su pesar, su padre tenía razón: si él ya empezaba a soltar alocadas teorías, los demás no tardarían en seguirlo, lo que implicaba mas problemas de los que esta boda solucionaba.
- Embarazada?, crees que soy tan imbécil para embarazar a una empleada solo por calentura y verme obligado a casarme con ella?!, a pesar de que sea tradición en esta familia, yo no cometo esos errores!- debatió con un tono bastante acusador.
- Y no puedes cometer esos errores- Richard ignoró la abierta acusación- ese es el precio de ser un Ellsworth y el único heredero, y lo que en verdad debería preocuparte es remediar esta penosa situación que nos deja en entredicho.
- Y qué quieres que haga?!- Declan frunció el ceño frustrado por el problema que se había extendido muy a su pesar- fue su decisión!
- Lo necesario- el bastón volvió a golpear el suelo, esta vez con más fuerza, la necesaria para remarcar la firmeza de su posición- para darle su lugar, para evitar más escándalos, para cerrar bocas antes de que empiecen a hablar- y sin más se dio media vuelta regresando a su silla con la única intención de zanjar el tema- Resuélvelo- añadió sin mirarlo- no me importa cómo!!- y se dejó caer en la silla, ajustando el bastón a un costado y con un gesto breve de su mano dio por terminada la conversación- puedes retirarte!
Declan permaneció quieto un segundo más, con la mandíbula tensa y el pecho lleno de una frustración que no tenía una salida limpia. Pero su padre ya no le prestó más atención y sin otra alternativa, salió de la oficina consciente que su matrimonio no sería tan intimo y no estaría bajo su absoluto control como había querido creer.
El hombre cruzó el pasillo rumbo a su oficina con la molestia a cuestas, ya no era esa rabia explosiva; era algo más incómodo, una mezcla de frustración y descoloque tan fuerte que en cuanto cruzó el umbral lanzó la puerta sin ningún cuidado, por supuesto que nada de aquello había estado en sus cálculos y eso lo irritaba más que el enfrentamiento con su padre.
- Vaya- Declan no había dado más de dos pasos cuando una divertida voz lo alcanzó- supongo por tu humorcito que ya escuchaste los rumores- Greg se dejó escuchar hundiéndose más contra el sofá, y efectivamente tenía esa sonrisa ladina invadiendo su rostro.
- Perfecto- respondió su amigo sin mirarlo pasando una mano por el cabello, mientras soltaba un suspiro largo y exasperado- adelante..... supongo que ahora es tu turno de echarme en cara lo que está pasando.
- No- Greg negó con la cabeza, pero su semblante divertido no le ayudaba a darle la seriedad necesaria- pero supongo que el viejo ya se encargo
- Es tan obvio?- Declan lo miró de reojo, quitándose el saco con violencia, lanzandolo sin ningún cuidado al piso
- Wow!!!- exclamó su acompañante con incredulidad aunque no con sorpresa- así de bien te fue.....ehhh?!
- Tal cual..... mi padre culpandome y exigiéndome que resuelva un maldito problema que, según él, yo debería haber previsto.
- Y no lo previste?- Greg arqueó una ceja, con escepticismo.
- Jamás, nunca se me cruzó por la cabeza que Ellie regresara a trabajar como camarista.
- Nunca lo hablaron?!- preguntó genuinamente confundido, porque era imposible que a un hombre como Declan se le hubiese escapado semejante detalle- nunca lo mencionó?
- No, de haberlo siquiera insinuado....lo hubiera impedido- y negó con la cabeza con mucha convicción, golpeando su escritorio con el dedo índice para darle énfasis a sus palabras, olvidando por completo que su ahora esposa sí lo mencionó, aunque a él ni siquiera le importó- te juro que pensé que a estás malditas alturas estaría dándose la gran vida con mi dinero.....no humillandome con semejante decisión..... ahora tengo una esposa camarista, un padre furioso, un hotel lleno de rumores… y un puto problema que no tengo la menor idea de cómo resolver.
- Dicho así, suena peor de lo que es- su amigo soltó una breve carcajada, y no por el hecho en sí, sino por la desesperada preocupación que Declan intentaba ocultar.
- No estoy para tus jodidas bromas- advirtió girando su silla para no verlo directamente.
Grego negó con la cabeza, era claro que no estaba en las mejores condiciones y no podía culparlo. Ser recibido con semejante noticia, los rumores y además con el pertinente regaño de su padre no ameritaba ningún otro estado de ánimo, y aún tenía que hacer algo al respecto antes de que la situación se volviera en su contra.
- Por los rumores- dijo ahora si en un tono más serio- no debes preocuparte, no son el problema, son solo ruido....
- Entonces no es tan grave- indicó con sarcasmo- podrías explicarselo al viejo?!
- Yo no dije eso, simplemente que el problema son los enemigos que ya están afilando los dientes... y que estarán más que felices de usar esto a su favor.... y bajo esas circunstancias debe ser más inteligente, quizá lo más sensato sea sacarla del hotel, alejarla del servicio, buscarle otro trabajo, algo que no la exponga tan directamente.
- Claro.... sensato para todos, menos para ella- Declan apoyó la espalda en el respaldo, apretando la mandíbula, la cabeza empezaba a dolerle y no estaba de ánimo para lidiar con lo que él consideraba, no era más que una actitud caprichosa y necia de su esposa.
- Pues algo tienes que hacer..... y entre más pronto tomes cartas en el asunto será mejor para todos, si estos rumores llegan a la junta directiva, las sospechas sobre la verdadera naturaleza de tu matrimonio no tardarán en crecer.... y eso es lo que deberías explicarle.
- Crees que no lo sabe?
- Probablemente no lo sabe, y creo que ese es el problema en si.....esa niña nunca entendió qué estaba pasando, ni dónde se metía....y aunque me pese admitirlo, y no quieras escucharlo, Richard tiene razón en algo: dejarla seguir en ese empleo no le conviene a nadie, ni a tu imagen ni a la del hotel- Greg camino hasta el escritorio, apoyándose en el borde con una actitud más seria- los rumores no se van a quedar en chismes de pasillo, van a mutar y a volverse más creativos, más peligrosos..... y cuando eso pase, ya no vas a poder desarmarlos con una explicación amable.
- Entonces, según ustedes, qué debo hacer?, la obligo?, la amarro?, la encierro? o la amenazo para que obedezca?
- No sé cuál sería la diferencia, eso ya lo hiciste- las palabras le cayeron a Declan como un golpe doloroso e incómodo pero desgraciadamente para él, tenían razón- no estoy diciendo que te tenga que gustar, ni que sea justo, pero lo que hagas tiene que ser rápido y tajante, sin medias tintas- Greg se enderezó guardando las manos en los bolsillos de su pantalón- de otro modo, tu falso matrimonio no habrá servido para nada....y deberías empezar por considerar otras versiones de este problema, o si prefieres llamarlo así....otras teorías.
- Sobre qué?, sobre la inconcebible elección de empleo de mi esposa?!- Declan frunció el ceño sin esconder su amargo sarcasmo.
- No, sobre aquella noche....porque sabes perfectamente que hay cosas que ya no encajan tan fácil, esto no parece tan lineal como queremos creer.... y si te soy honesto.... puede volverse peligroso, para ti, para ella y para todos.
- Que tan peligroso puede ser para ella?, si quiere seguir trabajando de camarista.... lo ha hecho por mucho tiempo, cuál es la diferencia ahora?- una aseveración que le supo demasiado amarga para que la aceptara como genuina, sobre todo después de lo que presencio pero su dignidad y orgullo no le permitían conceder.
- No creo que la este pasando mejor allá abajo, te aseguró que los cuchicheos, los rumores y los ataques ya iniciaron- Greg soltó un suspiro, encogiéndose rápidamente de hombros- tú mejor que nadie sabe que este hotel no es amable cuando huele sangre.
Y sin más que añadir, dio un par de golpes en el escritorio con los nudillos, dando media vuelta con la intención de abandonar la oficina. Al final su único cometido era ayudar a su amigo, lo demás dependía estrictamente de él.
- Piensalo- dijo con la mano en el picaporte antes de cruzar el umbral y cerrar la puerta tras de si; dejandolo solo con la mirada fija en la puerta y un dolor de cabeza que no cedía y le resultaba insoportable.
- Ellie, Ellie....Ellie!!!- exclamó levantándose de su asiento con una mezcla incomoda de rabia y reproche.
El hombre no lograba entender que era lo qué ella pretendía realmente con semejante acción. Seguir trabajando como camarista no era solo por ingenuidad, nadie era tan ingenuo, no en ese hotel y, por supuesto, era algo que no casaba con la imagen de la mujer que lo drogó. Así que debía haber algo más, tal vez un plan tardío, una jugada oculta o probablemente una simple venganza; quizás le estaba dando demasiada importancia y lo único que Ellie buscaba era castigarlo por la boda, una forma torpe y bastante burda de regresarle un poco de la amargura por no salir indemne como ella esperaba.
Y la simple idea lo enfureció, porque entonces él se había confiado demasiado y todo su acto solo formó parte de una estrategia que le permitió creer que tenía el control cuando era Ellie quien siempre anticipo cada movimiento. Y sin embargo, en medio de su rabia, la imagen que presenció en el pasillo del quinto piso regresó: las burlas, las risas, los comentarios venenosos, la forma en que esas mujeres la atacaron, y ella ahí recibiéndolo todo sin responder, sin amenazar, sin recordarles quien era ahora, sin usar el apellido, el anillo y la posición que la protegían.
- Por qué no te defendiste?!- cuestionó con el ceño fruncido y una creciente confusión pero con un tono de voz más calmado.
Cualquiera en su lugar lo habría hecho, cualquier otra hubiera usado el poder recién adquirido para cobrarse cada burla, para marcar distancia y para imponer respeto; incluso Samantha lo había hecho, sin importar que solo eran novios. Ellie tenía más derecho y aún así simplemente calló, siguió trabajando, siguió en silencio como si nada hubiera cambiado.
Y eso no encajaba con la imagen de la mujer que creía conocer, no encajaba con alguien que se arriesgo, pago y ejecutó un plan tan maquiavélico solo para escalar socialmente; y eso solo agravó su incomodidad, pues ya no sentía el alivio que la rabia de ser usado le daba, una sensación que fue reemplazada por un extraña amargura que crecía desde su pecho impregnando su boca con un sabor metálico.
- Qué estas tramando?- se repitió intentando recuperar el control frente a un panorama que empezaba a resultarle desconocido.
Pero esa misma duda volvió a encender su coraje y frustración; porque fuese cual fuese su motivo, Ellie estaba permitiendo demasiado, un avance que lo dejaba expuesto a él, abriendo la puerta a una permisividad que no estaba en posición de tolerar. Porque Declan Ellsworth no iba a ser el blanco de las burlas por la pasividad de nadie y mucho menos de la de su esposa.
Y con un andar más decidido y totalmente dominante, regresó a su escritorio, tomando el teléfono con el aplomo y la seguridad que siempre lo caracterizaron, ni siquiera había considerado muy bien lo que iba a hacer pero si estaba convencido de que iba a sentar un precedente directo, claro y contundente.
- Eugene.....