Ese día Ellie terminó su turno más tarde de lo habitual, no había sido el resultado de alguna negligencia, ni falta de disciplina; era algo más sutil y, a la vez, más humillante. El hotel había cambiado para ella, o quizá siempre había sido así y apenas ahora se le permitía verlo, pero estar ahí bajo las circunstancias que se volvieron tan personales la obligaron a cambiar su rutina.
La joven entendió que era preferible moverse con cuidado, retrasarse, permanecer más tiempo del necesario en cada habitación, a volverse casi invisible. Era absurdo, lo sabía, pero mejor que sostener las miradas cargadas de burla o lástima, las risas mal disimuladas, los comentarios suaves y condescendientes que dolían más que una acusación abierta.
Y como tantas otras veces, fue a casa de su madre, no porque necesitara saber cómo estaba, sino porque ahí podía bajar la guardia durante un par de horas y fingir que aún tenía un refugio. Desgraciadamente el pretexto duró poco, Alice no tardó en preguntar, con esa preocupación que no sabía ser discreta, por qué seguía trabajando como camarista y Ellie no tuvo más alternativa que mentir de nuevo, asegurándole que dejaría el puesto en cuanto contrataran a alguien más. Una respuesta hueca, pero suficiente para cerrar el tema, al menos por ese día.
Desgraciadamente, esa conversación fue lo único que logro hacerla volver a la casa de Declan; dónde él ya la esperaba sentado en la sala, con una copa de whisky, intacta, en la mano, mientras mantenía la cabeza inclinada hacia adelante.
No parecía molesto, tampoco ansioso, al contrario había en su quietud algo inquietante, una calma que no le ofrecía ningún indicio. Sin embargo eso a Ellie poco le importaba, aunque hubiese estado brincando de alegría, estar en su compañía se volvía una insostenible agonía, por lo que simplemente pasó de largo.
- Dónde estabas?!- preguntó él sin levantar la voz.
La joven se detuvo de golpe, a un paso de las escaleras, no tenía ganas de hablar, el día la había dejado vacía y aun así, giró para mirarlo de frente, con la clara intención de terminar la conversación antes de que se volviera interminable.
- En mi casa- respondió con un tono que rozaba lo obvio, casi condescendiente.
- En tu casa?!- replicó Declan, dejando la copa sobre la mesa de centro frente a él- según me informaron, no viniste aquí en cuanto terminó tu turno, así que dime.... dónde estabas?
- Eso importa?- Ellie estaba segura que informar cada paso que daba no era parte del plan inicial y francamente no tenía sentido que le cuestionara al respecto, su matrimonio se basaba en una mera apariencia.
Pero Declan no estaba de acuerdo, el hombre la miró fijamente con incredulidad, sus labios se abrieron intentando artícular cualquier palabra pues le resultaba increíble semejante respuesta, sobre todo después de haber presenciado su aparente indiferencia ante los ataques de sus compañeras.
- Eso importa?!- repitió el hombre con ironía mientras Ellie agachó la cabeza consciente de que su respuesta no fue la más propicia- después de lo que hiciste hoy, creo que si.... importa y mucho!
Una aseveración que hizo que la joven levantará la mirada, totalmente confundida por el nuevo crimen del que, aparentemente, su esposo intentaba culparla.
- Y....ahora qué hice, según usted?
- Qué hicis....jah.....de verdad no sé si eres ingenua o simplemente cínica.....- Ellie exhaló despacio y apretó los labios, cansada, y un tanto resignada; no tenía energía para entrar en sus juegos ni para descifrar qué estaba buscando- te parece poco?!- cuestionó esperando alguna reacción o resquicio de que ella en verdad entendía la gravedad de su proceder, sin embargo, solo lo miró con un dejo de confusión en los ojos.
Declan negó con la cabeza frotándose el rostro con una mano, se sentía frustrado y no parecía encontrar eco en las reacciones de su esposa.
- Por qué fuiste hoy al hotel?- Ellie contrajo aún más el ceño, en verdad no entendía el objetivo de su pregunta o qué necesidad había de ella cuando la respuesta era algo más que evidente.
- Porque tenía que trabajar y mi turno empezaba a las siete- indicó con un tono de voz bajo.
El hombre la miró fijamente, entrecerrando ligeramente los ojos mientras con la lengua empujaba el interior de su mejilla, la actitud de Ellie empezaba a confundirlo, porque en realidad sí parecía totalmente ignorante de lo que sus acciones implicaban.
- Y crees que fue correcto ir a trabajar como camarista al hotel en el que tu esposo es dueño, sin consultármelo?
- Pero usted ya lo sabía- la respuesta de Ellie fue tan directa que lo hizo sentir como si realmente él hubiera estado al tanto de su decisión.
- Ya lo sabía?, casi no me has hablado desde que llegamos de la boda, no sé en que momento, según tú, lo platicamos- y sin importar que empezaba a sentirse ridículo por la conversación, mantuvo la fachada para no demostrar su verdadero estado.
- Se lo dije el día que acepte casarme con usted- la joven lo miró con confusión, mordiéndose el labio con cierta vergüenza, no importaba lo mucho que lo odiaba, seguía siendo su jefe.
- No lo dijiste!- reclamó el hombre muy seguro.
- Sí se lo dije.....
- Lo recordaría, no lo crees?
- Se lo dije.....- declaró ella esperando que eso bastara pero por la cara de su esposo, quedó en claro que debía ser más precisa al respecto- el día que acepte casarme con usted, le pregunte si podía mantener mi seguro médico y usted aceptó.
La afirmación dejo boquiabierto a Declan, quien se adelantó con un leve titubeo, algo torpe, el primero en años frente a alguien que lo debatía, fue una acción tan genuina que Ellie no pudo evitar sonreír con diversión, aunque oculto el gesto agachando la mirada.
Nada de lo que había hecho fue con alguna oscura intención, ni ir a trabajar, ni enfurecerlo o sacarlo de balance pero no podía negar que era un pequeño triunfo para ella después de cómo la había tratado, y por ese instante valió la pena lo ocurrido en el día.
- Eso no..... no fue.....jamás preguntaste sobre tu trabajo- balbuceó torpemente aunque recomponiéndose con sorprendente rapidez.
- Era justo lo que significaba, qué más podía ser?!....y por favor, sé que a usted no le interesan mis asuntos, ni pretendo que lo hagan....solo no me arrebate esto, mis razones tengo y si usted ya obtuvo lo que quería.....déjeme al menos un poco de mi vida concluyó- concluyó Ellie mirándolo con la misma frialdad que solía hacerlo y aprovechando que el hombre parecía fuera de balance, dio media vuelta y retomó su camino, subiendo las escaleras con increíble rapidez solo para eludir la posible contraofensiva.
Pero Declan seguía atónito, mirando a la joven marcharse sin comprender por qué él siendo quien era y el hombre que siempre se imponía, se quedó de pie, completamente en blanco, sin una explicación convincente para lo que sucedió desde la mañana, eso sin mencionar que todo seguía tornándose aún más confuso alrededor de Ellie.
- Ya puedes salir!- exclamó él sin despegar la vista del camino que su esposa había tomado, esperando un par de segundos pero nadie pareció responderle- no tiene caso que sigas escondida.....- exigió con más fuerza- vamos sal!!
La señora Phyllis salió de detrás de una columna, limpiándose las manos en el babero de su uniforme, con una sonrisa burlesca y una mirada demasiado inocente para que alguien que la conocía de toda su vida, confiara en su llegada.
- Y.....qué opinas de todo esto?- le cuestionó Declan aún sin verla.
- No sé de que hablas.....yo solo vine a preguntarte si querías cenar- replicó como si realmente esa hubiese sido su única misión.
Y ahora sí, él la miró fijamente, ladeando la cabeza con un gesto de impaciencia y frustración, pues ambos sabían que el ama de llaves estuvo ahí desde el principio de la conversación con Ellie.
- Uhum..... - la mujer se aclaró la garganta consciente de que no tenía sentido seguir con la farsa así que de verdad quería escucharla ella no tendría ningún inconveniente en expresar su opinión- creo que es una mujer bastante increíble y que tú no tienes ni idea de en que te metiste.....pero confío en que no tardaras en descubrirlo, solo espero que cuando eso suceda....- y el tono de la señora Phyllis se volvió sorprendentemente serio en ese instante, un cambio bastante revelador para Declan- sepas actuar a la altura y que tus acciones pasadas no te cobren un precio muy alto..... aunque- la mujer soltó un largo suspiro con una severidad que marcó su rostro- si así sucede.....ahí estaré para ti.
La señora Phyllis sonrió con sentimiento y después solo agachó la cabeza, regresando a sus labores; dejando a Declan solo y aún más confundido, aunque ya no era únicamente por Ellie, sino por aquello que su ama de llaves parecía ser capaz de ver y que él ignoraba. Pero al regresar la vista hacia las escaleras algo en su expresión cedió, el recuerdo de la actitud de la joven ya no lo enfado, al contrario, le provocó una sonrisa abierta, la primera realmente genuina en muchos años, la dureza habitual no desapareció, sin embargo, se aflojó lo suficiente para dejar pasar un gesto desprovisto de todo cálculo.
Hasta se permitió negar con la cabeza, mientras soltaba una leve risilla, le habían ganado y con un argumento tan básico que, por su puesto, no lo espero; solo miró a su alrededor aceptando su derrota, mientras se encaminaba escaleras arriba sin prisa, todavía con esa curvatura leve en los labios que no se extinguía.
No pensaba en ella de forma consciente, y aun así la llevaba consigo, incluso al llegar a la habitación, dejó la puerta entreabierta con un obvio e increíble descuido, caminando directamente hacia él baño; el hombre aflojó el nudo de la corbata, mientras negaba una vez más con la cabeza, casi con incredulidad, pero la sonrisa persistió, incluso más allá de la ducha.
Declan abrió la llave del agua y el vapor no tardó en llenar el espacio pero con él, también llegaron los cuestionamientos que no había querido hacer en voz alta pero que hoy, finalmente, eran ineludibles.
- Esta mujer entiende lo que está haciendo?!- se preguntó en voz alta, peinandose el cabello hacia atrás como si aquel gesto pudiera darle más luz, porque claro, si lo pensaba podría afirmar que sí, que ella sabía a la perfección lo que estaba haciendo, que lo hacia con toda la intención de fastidiarlo, hasta de hacerse la victima, pero la evidencia ya no respaldaba esa teoría, al menos no las escenas de las que había sido testigo.
Porque la respuesta fácil, la que había repetido como un mantra, dejó de servirle, pues si Ellie fuera lo que él había decidido creer, muchas cosas habrían ocurrido de otra manera. Inevitablemente recordó la única petición que ella le hizo, tan mínima que entonces no supo leerla: conservar el seguro médico, no pidió dinero, no aseguro una pequeña fortuna o un puesto más elevado, no buscó ventajas; por qué?
Entonces pensó en la boda, en la lista corta de exigencias que nunca existió, en la ausencia de chantaje, en la oportunidad desperdiciada de exprimir el compromiso; en cada negativa a aceptar algo de él, incluso cuando lo ofrecía con la naturalidad del poder. Y su mente viajo a la cocina en casa de su madre y la discusión con Alice, al único nombre que no encajaba en una escena de reproches: Aarón, por qué traer a su sobrino a colación?, qué papel había jugado cómo para que la mujer le reclamara que no era el hombre que ella esperaba?
Y más piezas se unieron a este fragmento, la junta directiva y la forma en que el joven había reaccionado con aquella simple frase: "No es cierto", gritada con tanta convicción que ya no parecía ser solo el resultado de la emoción del momento, había algo más ahí, más oscuro y probablemente era la clave de todo. Porque si Ellie era la artífice de todo ese plan cuyo único objetivo fue seducirlo para escalar socialmente, por qué cerró con llave y atrancó la puerta de la suite con tanta necesidad, habría sido más fácil intentar seducirlo, sucumbir ante el matrimonio y asumir su papel con las ventajas que podría implicar.
El agua siguió corriendo y Declan apoyó la frente contra el mármol, todavía sonriendo, sin embargo las escenas seguían superponiéndose, ahora con los recuerdos de esa mañana: las risas ajenas, los comentarios hirientes, y Ellie pasando de largo sin alzar la voz, sin usar su nuevo apellido como amenaza, sin acusar a nadie, pero entonces por qué con él sí discutía? y por qué ante esas burlas eligió el silencio?, y así ya nada encajaba con la figura que había construido para justificarlo todo.
Cerró los ojos un instante, y la sonrisa se fue desdibujando, no por dureza, sino por concentración pues las preguntas ya no buscaban defensa; buscaban verdad.
- Quién eres realmente, Ellie, y qué no estoy viendo?!- exclamó con cierta culpa que aun no podía ser admitida abiertamente pero que ya hacia acto de presencia.
El hombre salió de la ducha sintiéndose más cansado que cuando entró, apenas y se secó el cuerpo y el cabello lo suficiente para no humedecer el pantalón deportivo que decidió vestir, pues su mente seguía atrapada en el comportamiento de su esposa, en las imágenes que no dejaban de repetirse una y otra vez provocándole un creciente dolor de cabeza que no lo dejaba pensar con claridad. Empezaba a necesitar algo que le despejara la mente, por lo que decidió ir a su despacho, donde guardaba la única botella de alcohol en toda la casa, con la esperanza de que el coñac apaciguara un poco de lo que lo atormentaba.
Iba tan inmerso en sus pensamientos que no notó la presencia de la joven que se detuvo de golpe. Ellie iba subiendo cuando, sin percatarse, casi choca con él, apenas logró detenerse un escalón antes del descanso cuando levantó la mirada, topándose con el semblante contraído de Declan.
La joven lo miró un segundo más de lo necesario y parecía genuinamente confundida por la presencia del hombre, sin embargo su mirada lenta e inconscientemente descendió al torso desnudo frente a ella, a los marcados abdominales, a esos pectorales que delataban esfuerzo y dedicación, a los brazos delineados por músculos y venas; a una presencia que parecía imponerse con una seducción que le resultaba desconocida.
El espacio entre ambos se había reducido demasiado y, con él, su capacidad de pensar con claridad. Ellie dio un paso atrás cuando la cercanía se volvió imposible de ignorar, no fue un gesto brusco, pero su cuerpo reaccionó antes que ella misma, e instintivamente buscó el barandal, apoyandose en él, primero con la mano y luego con el costado, dejando que el metal frío le devolviera una noción de límite que empezaba a perder.
La joven permaneció allí un segundo, respirando hondo, mirándolo fijamente con los ojos muy abiertos; consciente de la distancia exacta que los separaba y de lo que significaba mantenerla, por lo que se deslizó pegada al barandal, pasando junto a Declan con una cautela tensa, evitando rozarlo por un margen mínimo. No lo miró más y no se permitió dudar, solo subió los escalones necesarios para dejarlo atrás y en cuanto lo consiguió, el impulso contenido encontró salida y se echó a correr, llevándose consigo el eco de ese instante que había decidido no cruzar.
Él no hizo más que seguirla con la mirada, quedando aún más confundido y perplejo por la increíble reacción que no parecía comprensible: su esposa había salido huyendo como si fuera el primer hombre desnudo que veía en su vida.
Y la sonrisa que había desaparecido por el dolor de cabeza volvió con un leve gesto que suavizó su rostro, las actitudes de Ellie ya no parecían irritarlo tanto como pretendía y aún así continuó su trayecto hasta su despacho. Mientras negaba con la cabeza tomó la botella casi balanceándola y regresó sobre sus pasos, deteniéndose brevemente en el mismo descanso donde la joven había huido de él.
Al regresar a su recámara, su mente seguía nublada por lo incomprensible que resultaba todo alrededor de Ellie, el hombre camino con un andar casi bailado hasta el enorme ventanal de su habitación, recargándose contra el marco de la ventana, con la botella de coñac todavía entre sus manos. Dió un sorbo lento dejando que el calor del alcohol le ayudara a concentrarse en cada uno de los gestos de su esposa que se repetían en su mente y lo contradictorios que eran entre sí.
Recordó la manera en que había corrido los últimos escalones como si tratara de huir de él, lo que contrastaba con el beso en la boda, pues aunque había querido ignorarlo, hubo un momento claro y muy genuino en el que estaba seguro ella le correspondió; sin embargo, el hecho de que cada vez que podía, Ellie le dejaba en claro su asco evadiendo abiertamente cualquier momento que implicara intimidad o cercanía y como las interacciones más pequeñas parecían controladas, cuidadosas y calculadas, hasta el punto que atranco la puerta de la recamara, lo hacían dudar de su percepción.
Pero también los recuerdos de la noche que habían pasado juntos empezaban a volverse más nítidos, preocupándolo, porque cada vez que forzaba a su memoria a regresar a aquella habitación un nuevo recuerdo surgía; los gemidos se volvían más sonoros, las suplicas se convirtieron en un eco que no podía acallar, las acaricias le hacían temblar las manos con deseo y aquel orgasmo se volvió un anhelo constante, todo era una prueba innegable de que ellos habían compartido algo muy intenso y tangible.
Cada momento servía para alimentar su necesidad de entenderla: qué era espontaneo, qué estaba medido, cuáles eran verdaderamente sus intenciones, ya no estaba seguro de nada, tanto así que empezó a dudar de lo correcto de sus propias decisiones. Declan camino hacía la cama, sentándose en el borde apoyando los codos sobre las rodillas, dejando la botella en el suelo frente a él y volvió a analizar cada reacción, cada gesto y cada silencio de Ellie, intentando construir un mapa mental de patrones y señales.
Pero no podía fiarse por las emociones, no él, no de lo que ella le estaba provocando con su comportamiento, necesitaba ser metódico y no dejar que la confusión lo desbordara, porque bien podría estar cayendo en una trampa fríamente planeada y si ese era el caso podría perder más que la presidencia.
El hombre bebió un último trago, más despacio esta vez, mientras en su mente repasaba los posibles escenarios, las posibles explicaciones y sí, un plan, tal vez rudimentario, que le permitiera saber cuál era la verdad que Ellie ocultaba o que él no había querido ver, tenía que entenderla, anticipar sus movimientos y descifrar la lógica detrás de su comportamiento. Todo lo demás se resolvería con paciencia y atención.
Y en su habitación Ellie estaba casi igual de confundida, a pesar de la hora y de que al día siguiente debía levantarse más temprano para ir al trabajo, el sueño la había abandonado. La joven no dejaba de dar vueltas por el lugar, caminando de un lado a otro, descalza y con los brazos cruzados sobre el cuerpo, intentando ignorar el calor sofocante que se concentraba en su interior y no, no era sofocante por la temperatura, era algo completamente distinto, incómodo y persistente, una reacción que no lograba entender ni justificar.
Ellie se frotó las manos con insistencia, intentando no solo borrar la sensación que se le había quedado adherida a la piel, sino también alejar sus pensamientos lo más posible del torso desnudo y húmedo de Declan. Porque sí, desde su encuentro en las escaleras ella no había podido dejar de pensar en él, en su presencia, su sutil aroma, su cercanía, sus músculos que, muy a su pesar, la habían dejado sin aliento rebozándola de un calor que se extendía poco a poco desde su centro y que le molestaba, le asustaba pero sobre todo la hacía sentirse culpable, sucia y avergonzada.
- No.....no.....no...- se repitió para sí, negando con la cabeza.
El llanto empezó a humedecer sus ojos, negándose a aceptar lo que estaba sintiendo, porque no debía reaccionar así, no con él, no con el hombre que se había aprovechado de su inconsciencia, el que había decidido por ella, el que la llevó a una cama que no había elegido, el que la arrastro a un matrimonio tan detestable, pensar en él de cualquier manera que involucrara más que odio y desprecio era una traición a sí misma.
La joven se limpió la lagrima que rodo por su mejilla con el dorso de la mano, un movimiento brusco y molesto, pero el llanto ya era incontenible, su cuerpo empezaba a ceder a esa mezcla tan absurda y contradictoria de emociones que la estaban atormentando. El temblor producto del dolor y la angustia se propago con igual fuerza que el calor que le provocó Declan; pues aunque había querido evitarlo, no solo era el encuentro en las escaleras lo que la tenía así, también eran los recuerdos que le despertó.
Las imágenes que regresaban se volvían más reales y constantes sobresaltándola en medio de su sueño en más de una ocasión. Las sensaciones crecían sin control confundiéndola aún más, pero se obligó a respirar profundo y a repetirse que no era ella, no era esa mujer que suplico por más, que acarició aquellos músculos con tanto deseo y libertad y que deseaba volver a sentir el climax que la llevó al éxtasis más absoluto; pero su cuerpo seguía reaccionando a esos recuerdos de una forma que no aceptaba y que no quería entender; y esa contradicción la desbordaba, haciéndola sentir atrapada entre lo que creía que debía sentir como victima de violación y lo que su cuerpo traicionero parecía insinuar.
La joven sacudió la cabeza con fuerza, casi con desesperación, frotándose los brazos insistentemente como si quisiera arrancar aquel deseo de su piel. No quería esos pensamientos, no quería ni debía sentir atracción por él, no después de lo que representaba en su vida, necesitaba odiarlo porque entonces algo en su memoria había fallado y no tendría explicación ni justificación para un comportamiento que ella jamás habría aceptado, sobre todo cuando se decía tan enamorada de Aarón, ella no era esa clase de mujer, no podía serlo.
- Algo más debió pasar.....no lo deseo.....él me violó, abusó de mí......no puedo....no puedo....- se repitió con la voz ahogada por el dolor y el llanto, intentando convencer a su cuerpo de lo que realmente debía sentir.
Desgraciadamente nada lograba atenuar esas sensaciones, era extraño pero se habían vuelto tan constantes que en más de una noche le arrebataron el sueño, hundiéndola en un llanto tan doloroso como incontrolable, haciéndola cuestionarse repetidamente por qué había atrancado la puerta de la suite. En aquel momento se convenció que era para mantenerse a salvo, resguardarse en un refugio seguro en el que él no pudiera imponerse, pero la respuesta se fue tornando más confusa con el pasar de los días, y ya no estaba segura si realmente fue por miedo a él o miedo a lo que ella pudiera buscar; y para su mala suerte, jamás había podido darse una respuesta.
Pero el tic tac del reloj le recordó que su vida no podía detenerse a intentar descifrar esa batalla que libraban su corazón y su cerebro. Debía y necesitaba descansar,así que se metió a la cama con un movimiento brusco, tapándose completamente de pies a cabeza; acomándose en posición fetal mientras sus brazos la rodearon para brindarse algo de consuelo, su cuerpo aún temblaba ligeramente y las lagrimas seguían corriendo con libertad sin que pudiera contenerlas, a pesar de su esfuerzo.
Ellie cerró los ojos con fuerza, respirando despacio para intentar calmarse, repitiéndose una y otra vez que no debía pensar en Declan, que no debía sentir nada por él y por supuesto que nada de lo que le provocaba significaba algo. Ahí permaneció rígida con el rostro aún caliente y las mejillas húmedas dejando que la preocupación y ansiedad se asentaran en su pecho hasta que ya no pudiera sentirlas, mientras luchaba por recuperar el control sobre una reacción que no quería y que se negaba a aceptar.
El sueño la venció en algún momento, aunque no fue un descanso genuino pero a la mañana siguiente Ellie continuó con su rutina, a primera hora ya se encontraba vestida, la joven se movía por la habitación con una naturalidad casi mecánica, como si pensar demasiado fuera un lujo que no podía permitirse.
Se había sujetado el cabello con un par de broches, vestía su habitual atuendo deportivo, y su mochila colgada del hombro, todo en perfecto orden para salir de la casa lo más rápido posible pues el trabajar en ese momento le resultaba más fácil que quedarse. Para ella era preferible cualquier cosa a enfrentar el peso de la noche, del encuentro en las escaleras, del cuerpo de Declan apareciendo en su mente sin permiso.
Salió de la habitación con sumo cuidado, y bajó las escaleras decidida a irse sin ruido, sin testigos, sin más cruces incómodos, desgraciadamente para ella, sus planes se vieron interrumpidos por la unica persona que en ese instante no deseaba ver: Declan.
El hombre se encontraba sentado en la sala, ahora si completamente vestido, lo que la joven agradeció de inmediato, con un suspiro involuntario, y aun así, era evidente ese aspecto de recién salido de la cama: la sudadera mal acomodada en los hombros, el cabello despeinado con una rebeldía encantadora, y una postura increíblemente relajada. No era su aspecto habitual de imponente autoridad, no irrumpía y no resultaba intimidante pero su presencia bastaba para dominar el espacio a su alrededor.
Sus miradas se cruzaron por un breve segundo antes de que él se levantará de su asiento con calma, provocando que Ellie se sujetara con fuerza de los tirantes de su mochila mientras daba un pequeño paso atrás, el gesto fue mínimo pero lo suficiente para demostrar la tensión que le provocaba su presencia.
- A dónde vas tan temprano?!- Declan cuestionó deteniéndose lo justo para no incomodarla, pero lo suficientemente cerca para hacerse notar.
- A mi trabajo- respondió ella sin rodeos, obligandose a respirar hondo para no retroceder más- mi turno en el hotel empieza a las siete.
- De verdad piensas seguir con esa necedad de trabajar ahí?- preguntó, con el ceño fruncido- eres la esposa del futuro presidente.
Ellie apretó los labios, sintiendo cómo el calor le subía al rostro, como la incomodidad amenazaba con convertirse en algo más incontrolable, pero esa palabra la golpeó con fuerza. Lo sabía, por supuesto que lo sabía pero era la primera vez que lo escuchaba de los labios de Declan; y era aún más difícil cuando él lo decía con tanta facilidad, como si le divirtiera hacerlo.
No quería volverse el pequeño experimento del hombre, su juguete personal para alterarla cuando estuviera aburrido, ya no podía darse el lujo de permitir que la viera agobiada o asustada, y haciendo acopio de todo sus fuerzas alzó la mirada, aunque solo fuera un segundo.
- Ese es un cargo que nunca pedí y que jamás voy a asumir- y para sorpresa de Declan, su voz no tembló, aunque sutilmente su cuerpo sí lo hizo, y sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor de los tirantes de su mochila- aceptar vivir de eso sería aceptar un crimen que no cometí- continuó con mucho aplomo- y del que, en realidad, soy víctima.
El silencio que siguió fue extraño, el hombre no la interrumpió pero la miraba de una forma muy extraña y diferente a lo que ella estaba acostumbrada.
- Prefiero vivir de mi trabajo- Ellie respiró hondo, necesitaba reunir fuerzas para no dejarse amedrentar por su presencia- que de un apellido que no me corresponde, uno que me fue impuesto por medio de chantajes y amenazas.
- Vaya!!!- exclamó, él pero a diferencia de lo que la joven esperó no había molestia o dureza.
Al contrario, el aspecto relajado de Declan y esa cercanía, despertaba en ella una reacción que odiaba reconocer, y ya no pudo sostenerle más la mirada, Ellie agachó la cabeza por un instante, aunque no fue por sumisión, sino para recuperar el control.
- Ya tengo que irme- dijo, prácticamente con un pie en la salida.
Y por supuesto no esperó respuesta, pasó junto a él con el cuerpo tenso, cuidando no rozarlo, sosteniéndose en esa timidez controlada que usaba como barrera y solo dejó de tras de sí, el sonido de la puerta cerrandose.
Declan permaneció inmóvil en la estancia, ni siquiera volteo a verla, no había ocurrido nada extraordinario como él lo esperaba, ningún enfrentamiento, ninguna escena. Y, sin embargo, algo se había cambiado.
Ellie no había reaccionado como alguien acorralado, tampoco como alguien indiferente, al contrario, había hablado desde un lugar incómodo, firme, profundamente personal.
Y eso era exactamente lo que necesitaba ver.
El plan que ya se había trazado acababa de dar inicio, sin que ella lo sospechara, y no podía ser de otra manera; de haberlo notado, todo se habría venido abajo antes de tiempo y lo que estaba en juego no admitía impulsos ni errores visibles.
Requería silencio, paciencia y una vigilancia constante o habría fracasado en el primer intento, Declan entendía mejor que nadie que cuando algo así se pone en marcha simplemente debe empezar a formar parte del curso natural de las cosas.