Angelina, la abuela de Emanuele había llegado finalmente a la isla muy temprano, la dirección que le había suministrado fue fácil de encontrar y en pocos minutos estaban en el lugar indicado, la casa se notaba humilde pero muy bien conservada, su chofer y guardaespaldas que hasta ese momento se había mantenido expectante le advirtió, — Es mi deber señora comentarle que en el lugar donde nos encontramos puede ser un poco hostil. — ¿Y eso por qué? —, dijo sin saber a qué se refería. — El señor Emanuel pidió discreción, no ha querido que se le dé cuenta de toda la situación para no preocuparla, pero aquí ahora mismo los ánimos de los habitantes están caldeados hacia su compañía y hacia ustedes como representantes de la misma, ayer mismo había una protesta contra la construcción del tren. —

