Caitlyn Harper Mentiría si dijera que su presencia no me afecta. Más aún hoy. Un día como hoy, hace exactamente un año, perdí a mi bebé. Y frente a mí está él… su padre. El hombre que nunca supo de su existencia. El mismo que, sin saberlo, también lo perdió. Me pregunto si a esto se refería mi padre cuando hablaba de los caprichos del destino. Porque hay ironías tan crueles que parecen orquestadas por un dios vengativo: justo hoy, el día en que el duelo se me vuelve insoportable, aparece él… como un eco del pasado que nunca supe enterrar del todo. No es que sienta odio. Tampoco rencor. ¿Quién podría odiar a alguien por no amarte como tú esperabas? ¿Por no quedarse cuando más lo necesitabas? No… no es odio lo que me corroe por dentro. Es algo mucho más punzante, más cobarde: culpa.

