ANNA KALTHOFF —Dos días, después de aquello, Marianne murió —murmura, y en sus ojos se refleja el dolor y la frustración que tan buenos amigos míos han sido. Apoyo mi cabeza en su hombro y lo abrazo. Sé lo que está sintiendo. Ambos compartimos el mismo dolor, que nos ha hecho sufrir la misma persona. —Siempre he tenido la sospecha de que ella la mató —continúa hablando, con rencor en su voz—. Pero, jamás he tenido ninguna prueba contra ella. Más que aquellas amenazas que me hizo. He soportado verla, días tras día, he hablado con ella, compartido momentos con ella y he visto cómo hacía lo que quería con mi hermano, manipulando a todos a su antojo en esa empresa, con la idea de que algún día iba a caérsele la máscara, e iba a encontrar las pruebas que necesitaba. Toma mi rostro entre

