ALEXANDER THOMPSON Estoy dentro de mi auto, estacionado frente a un bar. He bebido más de la cuenta y golpeo el timón, con fuerza, mientras escucho aquella canción que era nuestra canción: I was never gonna let you, let you slip away. (Nunca voy a dejarte escapar, dejarte escapar) Agarro la botella de ron que he sacado del bar y me la empino. No puedo dejarla ir. No quiero dejarla ir. La necesito. La amo, y es todo lo que quiero. Arrojo la botella al suelo y oprimo el acelerador, haciendo que las llantas del Bugatti chirríen en el pavimento. Conduzco como un desquiciado. Sin importarme que me pongan una multa o me detenga algún policía. Para mi suerte, no me encuentro ninguna patrulla. Pero, lo de las multas, es inevitable. Pude ver varios flashes cuando me pasaba los semáf

