El día miércoles, sabía que todo estaría igual. Y que razón tenía. Al llegar, saludé a cada una de mis compañeras. Cuando llegue a su lado, no lo ví a los ojos: estire el puño chocandolo contra el. Suspiré, tan solo su simple contacto, me hacía temblar de una manera asombrosa. Al llegar a la mesa, no pude evitar suspirar. Cerré los ojos con fuerza, al abrirlos pensé en ser la mejor versión de mí y olvidarlo. Puse mis auriculares, tenía que coser bastante. Escuchaba Rock You like a Hurricane, moviendo la cabeza al ritmo de la música. Tenía que unir las tapas del respaldo, eran cuatro uniones. Cuando terminé, me encontraba mirando el respaldo con la tela encima. Increíblemente, había quedado bien y no había tenido que descoser nada. Algo de no creer la verdad, ya que tenía la mente en

