El avión aterriza en Suiza a las seis de la tarde. Ulises baja con el celular en la mano y llama a Abraham para saber cómo está su esposa y Abraham le dijo que estaba preocupada por él. Ulises lleva sólo un pequeño bolso de mano. La ciudad aún dormía bajo una tenue capa de nieve, y el cielo gris le daba a todo un aire melancólico. Parecía que Suiza lo recibía con la frialdad exacta que necesitaba para cerrar un capítulo doloroso. El viaje de regreso había sido silencioso, lleno de recuerdos y palabras no dichas. Pero ahora, al pisar suelo suizo otra vez, lo único que importaba era Miranda. Pensaba en su mirada cansada, en su cuerpo vulnerable y fuerte al mismo tiempo, en la promesa de una vida nueva que ambos querían construir, lejos de todo lo que los había dañado. —Por fin, ya estoy a

