Capítulo 7: "Primer día del mes eterno"

1418 Palabras
La boda había pasado, por lo que toda la familia volvió a sus lugares de residencia. Gus y Pierre volvieron a Francia con el abuelo y nuestros padres volvieron a Napa.   Hoy es el día en que el tío Tim se va de luna de miel. Y eso conlleva a quedarnos solos.   Las maletas ya se encontraban en la puerta.   - En la puerta de la heladera pegue un papel donde están los números de emergencia y los códigos de las alarmas. - dice Tim a René. - Rita vendrá todos los días y se encargará de la casa como acostumbra. Hará el desayuno y el almuerzo, de lo único que se tienen que encargar ustedes es de la cena. Pueden pedir lo que quieran o cocinar ustedes. Aunque sus padres me pidieron que les dijera que no se acerquen al fuego.   - Estaremos bien, no te preocupes. - dice René.  - Tienen el número de la garita de seguridad, ahí siempre hay un guardia. Y les dejé el número de Alaric y Kristine.   - Esta bien. - dice René.   - Y ahora lo más importante.... - dice nuestro tío y mira hacia abajo a un costado, donde se encuentra sentado su hijo canino. - Bobby. Come cuatro veces al día, no le puede faltar agua, ni su salchicha de peluche. Le gusta ir a caminar, llévenlo siempre con correa, pero cuando lleguen a la playa pueden soltarlo. Si ven que se pone melancólico déjenlo pasar a nuestra habitación, lo hará sentir mejor dormir en nuestra cama.   - Cuidaremos muy bien de Bobby. - dice René.   - Le gusta la pizza y el helado, por si quieren convidarle de vez en cuando. - dice en un susurro.   - Timmy, ¿ya estás listo? - dice Naomi bajando por las escaleras.   - Si, solo terminaba de hablar con los chicos.   - Muchas gracias en verdad por quedarse con Bobby. - dice Naomi. - Nos rompía el corazón tener que dejarlo en una guardería.   - Si hay alguien que le dará mucho amor, ese es René. - digo.   Tocan el timbre.   - Debe ser Kristine. - dice Naomi y se dirige a abrir la puerta.   Al abrirla entra la rubia junto con su irritante esposo.   - Veníamos a despedirnos. - dice Kristine. Las dos amigas se abrazan.   Tim y el vecino se dan un abrazo también.   - Sobrinitos. - dice Tim y nos abraza a ambos. - Se que eres como tu padre que no le gustan los abrazos. - agrega mirándome.   - Buen viaje tío. - digo.   - Disfruten mucho. - dice René con una sonrisa.   El vecino y Tim toman las valijas y salen por la puerta. Naomi va detrás. René se agacha que queda abrazando a Bobby. Mientras yo salgo hasta la puerta y veo cómo van subiendo las cosas.   - Gabriel, ¿no? - dice la rubia, miro y veo que la tenía a mi lado. Asiento. - Quería disculparme si fui muy grosera esa noche. No suelo ser así, solo que no llevaba un buen día. Lo lamento.   - Esta bien. - digo tratando de ocultar mi sorpresa.   - Ya sé que lo sabes, pero estamos enfrente. Cualquier cosa que necesiten no duden en llamarme a mi o a mi esposo. Hasta me gustaría que vengan a cenar a casa.   - No es necesario.   - Insisto. Quiero conocer a los sobrinos de Tim, el siempre habla maravillas de ustedes.   - Claro. Gracias. - digo. Ella me dedica una sonrisa y se dirige hacia su amiga.   Suspiro con fastidio. No me será tan fácil librarme de ellos.   Luego de despedir a los recién casados. Vuelvo a entrar a la casa y cierro la puerta. René sigue sentado en el piso, abrazando al perro.   - Es como un oso. - dice acariciando su pelaje.   - Qué bueno que te guste tanto, ya que tú te harás cargo de pasearlo. Tú y el tienen algo en común, ambos aman la playa. Yo me limito a hacerme responsable de su alimentación.   - Bobby, tú y yo seremos grandes amigos.   - Que bonita amistad, me conmueve.   - Amargado.   - ¿Te quedas tú en la habitación y yo voy a donde estaba Pierre o.…?   - Prefiero no dormir en un lugar donde estuvo Pierre haciendo quien sabe qué. - dice René.   - La noche de la boda no durmió aquí. - digo divertido.   - Yo también lo noté, como así que estaba bastante seductor con una de las primas de Naomi. - dice. Río.   - Es todo un Don Juan. - digo.   - Hagamos un pacto, si alguno quiere traer a alguien para sexo le mandaremos al otro un mensaje para que deje la casa. ¿Sí?   - ¡Eso no es justo! - me quejo. - Tú tienes más vida s****l que yo, para eso me voy a hospedar a un hotel.   - No exageres.   - Tres veces máximo.   - Esta bien.   - ¿Cuál será la palabra clave? - pregunto.  - Saca a Bobby. - dice.   - Bien. No pasaré la noche afuera, así que te doy tres horas.   - Me las apañare.  - No te queda de otra. Creo que no hay nada más que establecer.   - ¿Crees que Rita le cuente todo a Tim?  - No lo sé, pero yo que vos no me arriesgo, yo te diría que saques a tus conquistas antes de que ella llegue.   - ¿Que dices si vamos a la playa?   - A veces me pregunto realmente eres mi hermano.   - Tomare eso como un no. ¿Qué pretendes hacer todo el mes?   - Lo mismo que en Napa. Leer, dibujar y mirar películas.  - ¿Te la pasarás confinado aquí?   - Me extraña que preguntes.   - No, no, no. Nuestros padres me dejaron a cargo, no voy a permitirlo.   - No fastidies René. - digo molesto.   Me mira levantando una ceja.  >>>Tres doritos después<<<  - Irás al infierno de los hermanos. - digo. - Tu foto está junto a la de Scar.  Íbamos caminando por el sendero que está frente a la playa.  - Que reina del drama. - dice mientras lleva a Bobby con su correa. - Mira el lado bueno, volverás bronceado.   - ¿Acaso me ves cara de que eso me importa?   Siento que algo me da fuerte en la cabeza y cae al suelo. Era una pelota de fútbol.  - Eres un imán de desgracias. - dice René riendo.   - Cállate imbécil. - digo frotando mi mano por mi cabeza adolorida.   - Oye hermano, lo siento. - dice un chico joven acercándose a nosotros.   Podría decirse que tiene nuestra edad. Es un chico alto, de cabello color rojizo y ojos oscuros. Tiene el típico bronceado californiano y un físico trabajado.   - Esta bien. - digo tratando de contener mi fastidio. Es muy temprano para ya empezar a ser ácido.   El desconocido junta la pelota del suelo.  - ¿Son nuevos? - pregunta el colorado. - Juraría que nunca los había visto por aquí.  - ¿Que eres, el alcalde? - digo.  - Gabe. - me regaña René por lo bajo. El desconocido ríe. - Si, algo así. Solo estaremos por el verano.  - ¿Dónde se están quedando? Si puedo preguntar.  - No le des información a desconocidos. - digo despacio a mi hermano.  - En la casa de nuestro tío, a unas cuatro cuadras de aquí.  - Genial, es mi zona. Soy Nathan, o Nate si prefieren.   - René y el limón ácido, mi hermano Gabe.   - Un placer. - dice con una amplia sonrisa. - Nosotros estamos todos los días aquí, por si se aburren y quieren conocer gente nueva. Somos bastante buena onda.  - Genial, eso nos encantaría. Gracias. - dice mi hermano.   - Nos vemos luego. - dice el pelirrojo con una sonrisa y volviendo hacia la arena con su grupo de amigos, que lo aguardaban.  - ¿Acaso ahora te gustan los chicos? - pregunto.   - Estaba tratando de hacer sociales y tu no ayudas mucho que digamos. - dice mi hermano retomando la caminata, voy a su lado.   - ¿Para qué quieres hacer sociales? ¿Es que Bobby y yo no te bastamos?   - Los amo a ambos, pero necesito estar con gente distinta.   - ¿Me estás pidiendo un tiempo René?   - No eres tú, soy yo.   - Que va... - me quejo. - No quiero que me hagas parte de eso.  - Pues claro que te haré parte de eso. Primero, es lo que querían nuestros padres. Segundo, nos ordenaron que no nos separemos. Tercero, viste lo que era ese chico, seguro conseguiré chicas bonitas.   - No puedo creer que quieras juntarte con un grupo de idiotas que se consideran a sí mismos "buena onda". ¿Quién usa esa expresión?  - Me cayó muy bien, no cualquiera es tan sociable con un desconocido. Talvez podrías aprender algo.  - ¿¡Es que eso no te parece sospechoso!? Podría ser un loco.   - Gabe, era un chico de 17 años máximo.  - ¿¡Y eso que!?   - Ya relájate reina del drama.   - No puedo creerlo. - digo indignado.  - No me iré de aquí hasta que tu tengas una vida social. - dice mi hermano.   - Si no nos matan en el medio.  - Tienes que dejar de ver esos documentales y salir más.   - Ya veremos.   - Lo mismo dijiste hace 20 minutos atrás y mira donde estamos. - dice burlón riendo.   Mi hermano va a ser la muerte de mi amado estado ermitaño. 
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