5. Miradas indiscretas

1542 Palabras
Alexis El sábado finalmente llega y, para mi buena suerte, no tengo turno por la mañana en el club, así que dedico mi día a limpiar el departamento e ir de compras a la tienda por cosas para la cocina. Cuando estoy de regreso cargando las bolsas con mis compras, mientras avanzo por el corredor sacando las llaves del bolsillo trasero de mis jeans, me encuentro con una caja que alguien dejó junto a mi puerta. Que extraño. No ví a nadie saliendo del edificio. Entro al departamento y dejo las bolsas sobre la pequeña mesa de la cocina, puedo escuchar el agua de la ducha cayendo y a Octavia cantando en el baño al final del corredor, antes de ir a recoger la misteriosa caja. Me siento en el sofá dejando la caja a mi lado y puedo leer una nota pegada a la tapa: Prepárate para esta noche. De inmediato sé de quién se trata. Cuando la abro saco un vestido n***o, se ve tan pequeño que de primeras dudo que vaya a entrarme, pero es de una tela hecha para ajustarse al cuerpo. Y es tan corto que dudo que no se me vaya a ver el trasero. Más que un vestido parece un cinturón, ¿acaso este demente cree que me pondré esto? —¿Y eso? —Octavia pregunta detrás de mí mientras mira el vestido. Lleva una bata cubriendo su cuerpo y está peinando su cabello húmedo. —Eh… —balbuceo mientras trato de esconder la nota pero ella logra verla. —¿Qué tienes ahí? —indaga apoyando sus manos en su cadera—. Alexis, conoces nuestras reglas, así que ni pienses en mentirme. Entre hermanas no nos mentimos, no nos ocultamos las cosas, ni nos abandonamos. Suspiro. —Es solo algo que debo usar esta noche. —¿En el bar? —inquiere rodeando el sofá para sentarse a mi lado y saca el vestido de la caja. Ella sabe que no usaré eso en el bar asi que no tiene sentido mentirle. —No. Iré a un club… con Bastian. Octavia me mira, —¿Ese es el hombre que vino la otra noche? —Sí. —¿Por qué debes ir a un club con él? ¿acaso te está obligando a hacer algo que no quieres contarme? Niego de inmediato, aunque no puedo mentirle tampoco puedo decirle lo que voy a hacer, es arriesgado y solo sería preocuparla de más. —Sabes que no soy una niña, Alex. No debes mentirme para protegerme. Podemos encontrar otra forma de salir de esto. Sonrío ante sus palabras. Octavia es una niña tan dulce y me duele verla preocupándose por mí por una situación que yo misma causé. —Nunca te ocultaría nada, Octavia —le aseguro—. No es lo que crees. Esto es solo un favor luego del error que cometí, luego de esto nos dejará en paz. No será nada malo, te lo prometo. Estaré bien. Acaricio su cabello para mostrarle que estoy tranquila así que no debe preocuparse por nada. Sus grandes ojos miel vuelven a mirar lo que contiene la caja. —Ese vestido parece un cinturón —. Sus palabras me hacen soltar una carcajada porque es exactamente lo que yo pensé. Ella ríe también. —Lo sé —digo dejando un beso en su frente. Pasado ese momento la siento menos preocupada y eso me tranquiliza—. Tengo algo de dinero, ¿quieres ir por unas hamburguesas? —aprovecho a cambiar de tema, sintiendo mi estómago vacío. Octavia asiente al instante con una gran sonrisa—. Cambiate entonces, anda. Se levanta de un salto para dirigirse a su habitación y yo vuelvo a meter el dichoso vestido en la caja, recordando que debo encender el móvil que Bastian me entregó en caso de que envíe un mensaje o decida llamar para avisarme sobre esta noche. ━━━━━━━━━━━━━━━━━ Las horas pasan y finalmente la noche llega sin recibir mensajes ni llamadas de Bastian. Aún así me preparo para ir al club cuando llegue el momento. Octavia se entretiene alisandome el cabello y maquillandome sutilmente, buscando darle una apariencia más sofisticada a un vestido tan vulgar. Cuando termino de arreglarme doy vueltas por el departamento mientras los nervios y la ansiedad me tienen mordiéndome las uñas. Hasta que el móvil que me dió Bastian vibra y mi corazón da un brinco en mi pecho. Es un mensaje: Estoy fuera. Cuando doy un vistazo por la ventana a la calle desierta y casi en penumbras, veo dos camionetas negras de las cuales descienden varios hombres de aspecto intimidante junto a Bastian. Meto el móvil en el pequeño bolso de mano que me dió Octavia y me doy una última mirada en el espejo antes de despedirme de mi hermana y salir del departamento. Mientras camino hacia la salida debo detenerme un momento a tomar una profunda inhalación para mantener mis nervios a raya antes de continuar mi camino con la frente en alto y la espalda recta. Al salir del edificio siento la mirada de varios de esos hombres sobre mí y aunque ninguno dice nada, supongo que por respeto a su temible jefe, me doy una idea de la clase de comentarios que recibiría de no ser por eso. No me es difícil ignorarlos, como hago usualmente en el bar, para continuar mi camino. Cuando Bastian se percata de mi presencia y su mirada recae en mí, siento como por un instante dejo de respirar. No es la amenaza latente que representa su imponente presencia, con su metro noventa de altura, su mirada glacial y ese aura que grita Peligro. Sino la forma tan malditamente lenta en que su mirada se pasea por mi cuerpo, como una caricia imaginaria que siento hasta lo más profundo de mi vientre. Por un momento me parece avistar un brillo en su mirada, como una chispa oscura en medio del cielo nocturno atrapado en sus iris. Pero es algo tan fugaz y casi imperceptible que hasta creo que es parte de mi imaginación, porque al instante vuelve a tener esa expresión indiferente y fría. —Sube —ordena abriendo la puerta del copiloto cuando llego frente a él. Me monto en la camioneta sin decir nada, él cierra y se sube del lado del piloto. Me pongo el cinturón y observo por la ventana mientras nos ponemos en movimiento al igual que la otra camioneta en la que se suben los hombres que lo acompañan. Paso el resto del viaje observando el exterior mientras nos alejamos por las calles desiertas directo al dichoso club. ━━━━━━━━━━━━━━━━━ Durante el trayecto no puedo evitar que mi mirada divague de la ventana hacia el lugar del piloto. Hacia Bastian. Hacia sus manos, más precisamente. Me es imposible no observar sus grandes manos alrededor del volante, distingo el tatuaje de un pájaro en el dorso y sé que tiene otros en los dedos aunque no llegue a verlos por la poca luz. Me pregunto si tendrá más esparcidos por el cuerpo. Es entonces cuando me doy cuenta de su mirada desviándose momentáneamente del camino hacia mis piernas y algo salvaje golpea mi pecho mientras siento como el aire se me corta. ¿Sentirá él la misma tensión que siento yo? ¿o es solo mi imaginación? Finalmente estaciona a una calle del club, el cual incluso estando a una distancia prudente para no ser vistos, se puede percibir la música. Logro ver la extensa fila de personas que hay esperando a entrar y cuando las puertas se abren un instante, al momento en que dos chicas salen riendo, dejan ver las luces de neón del interior. De golpe me vuelvo hacia Bastian cuando siento algo en mi oreja. —Es un auricular —aclara Bastian y veo el diminuto auricular que sostiene entre sus dedos. Asiento, algo avergonzada por mi abrupta reacción y lo dejo que continúe con lo suyo. Él vuelve a correr mi cabello con sus dedos para colocarme el auricular en el oído y a esta distancia puedo sentir el aroma masculino de su perfume. El roce de su piel me provoca escalofríos. —¿Recuerdas tu objetivo? —murmura aún cerca de mi rostro y mi atención se desvía a su boca. —Mmh mmh —es lo único que pronuncio al estar tan cerca. Relamo mis labios y aclaro mi garganta desviando mi atención a cualquier otro punto del interior de la camioneta. Entonces se aleja y vuelvo a respirar. —¿Tienes el móvil? —Lo tengo. —Enciéndelo —ordena. Saca una tira de su chaqueta y me la entrega, es una pulsera—. Muéstrasela a los guardias y no tendrás que hacer fila. Simplemente asiento y lo hago. No quiero saber de dónde la consiguió ni nada más, estoy aquí para hacer una cosa y entonces seré libre de culpa y cargo. Observo el club con algo de dudas. No puedo creer que esté por hacer esto. Tomo una profunda respiración para darme aliento y seguridad, y finalmente desciendo de la camioneta bajándome el vestido. Y mientras observo en ambas direcciones antes de cruzar las calles puedo escuchar a mis espaldas: —Buena suerte.
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