6. ¿Será compasión?

2287 Palabras
Alexis Mientras me acerco a la entrada del club, me percato de que, además del hombre que decide quién entra y quién no, hay otro sujeto vigilando el frente, su expresión es intimidante y se mueve como si estuviera alerta a algún movimiento sospechoso. Mis nervios aumentan y siento mi boca seca. Si algo sale mal aquí no sé qué tan malo podría llegar a ser. Le muestro mi pulsera al de la entrada. Su mirada seria viaja de mi rostro a mi muñeca y de regreso. Intento mantener la calma para no verme sospechosa y prácticamente vuelvo a respirar cuando finalmente me deja entrar. Puedo escuchar algunas quejas de las personas que esperan en la fila. Por dentro me imaginaba otra cosa, un lugar de mala muerte con mujeres semidesnudas inhalando sustancias ilegales como si fuera una especie de lugar de diversión secreto para traficantes, solo un poco más limpio que el bar en el que trabajo. Pero no es así. Los hombres se ven decentes y las mujeres llevan vestidos que lucen sus cuerpos mientras bailan al ritmo de la música. Todo parece normal. Y eso me inquieta más. —Alexis, ¿me escuchas? —la voz de Bastian me llega a través del auricular. —Sí. —Busca a tu objetivo. Asiento, aunque no pueda verme. Me muevo hacia la barra para no verme sospechosa quedándome de pie en un sitio, además desde este punto tengo vista prácticamente de todo el club. Mi mirada recorre el panorama buscando al hombre de la fotografía que Bastian me mostró, dando con él en lo que parece una zona VIP. Hay otro hombre cuidando que nadie se acerque y el tal Ronald tiene a dos mujeres sentadas a su lado. —Lo tengo. —Perfecto. Cuando te acerques deshazte del micrófono, perderá señal en unos metros —advierte. —Entiendo. Está con dos mujeres, ¿cómo piensas que haré que se fije en mí? —Cómo podría no fijarse en tí, es la pregunta —. Sus palabras me ponen repentinamente nerviosa, otra clase de nervios. Incluso sin que él esté aquí—. Algo se te ocurrirá, Alexis. Claro, él lo dice porque está seguro en su camioneta y su vida no depende de esto, prácticamente. —Y que sea rápido. Ruedo mis ojos, —Idiota —susurro. —Puedo escucharte, Alexis. Oh. Muevo mi pierna con cierta inquietud mientras trato de pensar algo para llamar la atención de Ronald antes de que se marche o sea tarde y entonces falle. —Muñeca, ¿estás sola? Mi mirada se desvía al hombre que acaba de aparecer. Fuerzo una sonrisa, —Sí. —¿Me dejarías invitarte un trago? —me ofrece y solo asiento distraídamente mientras mis ojos viajan de él hacia la zona VIP. Me cuesta mantener la concentración en lo que sea que el desconocido esté diciendo, solo veo sus labios moverse y de vez en cuando asiento manteniendo la sonrisa en mi rostro. Pero mi expresión decae cuando veo a Ronald poniéndose de pie y llevando a una de las mujeres con su brazo rodeandole la cintura. Me pongo de pie, sin saber muy bien qué voy a hacer pero teniendo una idea en la mente y mucha fé en Dios. —Te mentí —interrumpo al desconocido y tomo mi copa—. De hecho tengo compañía. Nos vemos —le doy una última sonrisa notando la confusión en su rostro y me alejo en dirección a Ronald. Finjo estar distraída y cuando paso por su lado termino chocando con él, tirando el alcohol de mi copa sobre nosotros y salpicando a la mujer a su lado. —Oh, lo siento tanto —pretendo verme arrepentida y preocupada pero sin exagerar. Puedo sentir la mala mirada de la mujer junto a Ronald pero me concentro en que finalmente tengo su atención—. No fué mi intención —Le doy una sonrisa apenada. —Descuida, los accidentes pasan —me sonríe con cierta coquetería y puedo notar cómo su mirada me recorre con poco disimulo. Parece que de pronto se olvidó de su acompañante y ella lo nota, se ve algo molesta. Ronald le murmura algo en el oído y ella me clava una mirada de muerte antes de alejarse de nosotros. —Hay una habitación aquí con un baño privado, por si quieres limpiar tu vestido —explica—. ¿Quieres venir? Finjo pensarlo un momento pero finalmente accedo, —Claro. Su sonrisa se ensancha y apoya una de sus manos con total descaro en mi espalda mientras que con la otra me guía para que me mueva. Camina con el mentón en alto y cierta arrogancia, como si fuera dueño de todo. Incluso de mí. Imbécil. Subimos hasta una segunda planta y cuento las puertas que pasamos, las cuales son varias, hasta que finalmente nos detenemos y él me hace pasar primero. Pretende ser un caballero pero sabes cuando un hombre solo tiene puesta una máscara. ¿Qué harán en todas esas habitaciones? Ni siquiera quiero pensarlo. El lugar puede verse muy bien pero sigue haciéndome sentir sucia. Escucho el seguro de la puerta y todas mis alarmas interiores se encienden. Mis dedos se aprietan alrededor de mi pequeño bolso con el móvil. —¿El baño? —pregunto tímida con una sonrisa que cada vez me cuesta más sostener. —En esa puerta. Camino hacia donde él señala y cuando entro lo primero que hago es poner seguro. Con dedos temblorosos y movimientos torpes saco el móvil y lo enciendo. Texteo al número desconocido del único chat: Segundo piso. Habitación tercera puerta a la derecha. Lo envío y espero la respuesta dándome una mirada en el espejo. Respira, Alex. Respira. Me doy fuerzas a mi misma. Tu puedes con esto. Me sobresalto cuando escucho golpes en la puerta. —¿Falta mucho, preciosa? —percibo el tinte insistente e impaciente en su voz. Aclaro mi garganta, —Un momento. El móvil vibra. Un mensaje: En cinco minutos llego. Distraelo. ¿Y ahora qué se supone que haga? Me armo de valor y abro la puerta. —Preciosa —Ronald me da una mirada cuando me escucha salir—. Comenzaba a preocuparme —bromea mientras sirve algo de champagne en dos copas para acercarse y entregarme una—. Salud. Choca su copa con la mía y dudo pero finalmente le doy un trago. Él me la quita luego y la deja junto a la suya sobre la mesa de luz al lado de la cama. Mi corazón comienza a golpear mi tórax intentando salir huyendo y mis entrañas se aprietan con los nervios y la ansiedad. Dios Santo, ¿dónde te metiste, Bastian? Sus dedos rozan mi cuello mientras lleva mi cabello detrás de mi espalda y me estremezco, de asco no por otra cosa. —Eres hermosa —da un paso hacia mí y me aparto de golpe cuando siento su boca dejar un beso sobre mi clavícula. Ronald me observa con confusión. —Lo siento —No sé por qué me disculpo, solo sé que eso no me gustó y los nervios están tragándose mi cuerpo pero que, a pesar de eso, debo soportar unos minutos más. Solo unos minutos más. —Tranquila —su expresión se suaviza y acaricia mis brazos—. Voy a hacerte sentir muy bien, preciosa. Lo dudo. Su boca vuelve a mi cuello y ocultar mi mueca de disgusto mientras deja besos en mi piel ya es imposible. Todo empeora cuando sus manos descienden a mi cintura y de allí hasta mi trasero, dándole un apretón. Intento alejarme pero él me mantiene en mi sitio y clavo mis uñas en sus brazos pero no me suelta. —S-suéltame. Me ignora. De un empujón me hace caer en la cama y mis ojos se abren con pánico y horror al verlo quitarse el cinturón. —Esto va a gustarte, linda. Solo debes relajarte y disfrutar. Intento retroceder en la cama pero él me jala del tobillo regresandome y chillo, —¡No! Golpeo su pecho intentando alejarlo pero él termina sobre mí y su mano impacta mi mejilla, dejándome sentir un escozor. Oh por Dios. Mi labio inferior tiembla. Quiero gritar. Quiero golpearlo. Quiero matarlo. Pero de pronto simplemente no puedo moverme, el miedo paraliza mis músculos. —Guarda silencio, niña —advierte. La máscara se cayó y es solo una bestia—. Nadie vendrá a salvarte, tú sola te metiste aquí. Aprieto mis ojos con fuerza, deseando que esto sea solo un sueño pero cuando los abro solo veo borroso por las lágrimas. Sigo aquí. Intenta besarme pero me retuerzo intentando que sus manos no me desnuden, no me sigan tocando. Y entonces, como un coro celestial, escucho el ruido de las balas. Ambos observamos en dirección a la puerta. Pero aprovecho la distracción de Ronald para tomar lo primero que veo, que es una lámpara, impactandola contra su cabeza. Él cae inconsciente sobre mi cuerpo pero de un empujón lo mando al suelo. Se escuchan más balas, gritos y entro en desesperación. Intento levantarme de la cama pero termino tropezando y cayendo al suelo. Grito cuando la puerta se abre de una patada y de un momento a otro toda mi vida pasa frente a mis ojos. Momentos malos, momentos buenos, pero sobre todo la imagen de Octavia y la sensación de que le fallé, que ya no volveré y la dejaré sola, y siento que voy a vomitar. Pero entonces distingo a Bastian entrar armado junto a otros tres hombres. Su mirada va desde el cuerpo inconsciente de Ronald hacia mí en el suelo, abrazando mis piernas, con la mejilla roja y los ojos llorosos. Una ola de rabia me azota. —¡Iba a violarme! —exclamo levantándome del suelo y yendo a golpear a Bastian en el pecho. Sus hombres intentan acercarse pero él los detiene con un gesto y estos salen de la habitación—. ¡¿Dónde diablos estabas?! —recrimino, volviendo a empujarlo. Él intenta tomar mis muñecas pero no es brusco lo que me permite safarme y golpearlo, una y otra vez mientras dejo salir toda la rabia e impotencia que me consume. Hasta que logra estrecharme entre sus brazos y siento ríos de lágrimas saladas descender por mis mejillas. Pero recuerdo que él me puso en esta situación y lo alejo de un empujón, yendo a sentarme en la cama abrazando mis piernas mientras intento calmar mi respiración. Cierro mis ojos y apoyo mi frente en mis rodillas. Quiero ir a mi casa, estar envuelta entre sábanas y dormir hasta olvidarme de todo esto. Siento como la cama a mi lado se hunde y alzo el rostro, encontrandome a Bastian. No sé con exactitud qué expresión tendré en el rostro pero lo hace pronunciar con voz suave y mirada cautelosa: —No voy a hacerte daño. No entiendo por qué lo dice pero entonces me muestra un paño húmedo y lo acerca con cuidado a mi rostro, limpiando mis mejillas y también pasandolo por mi frente. Su gesto es suave como si fuera a romperme. ¿Será compasión? Me estremezco cuando lo pasa por la mejilla roja y veo su mandibula tensarse y sus cejas oscuras se fruncen con evidente molestia. —¿Está muerto? —pregunto en un hilo de voz, refiriendome a Ronald y él le da una mirada. —No —responde y su voz suena más grave—. Pero va a pagar caro por esto. Cierro mis ojos. No quiero que me cuenta nada, quiero que esto se termine de una vez. Suspiro. Los abro cuando siento algo sobre mis hombros y me encuentro a Bastian frente a mí cubriéndome con su chaqueta. Su expresión vuelve a ser indiferente pero sus movimientos parecen tener enojo contenido. —Debemos irnos —dice. Camina hacia la puerta y la abre, los hombres lo toman como una señal para entrar. —¿Qué hacemos con él, jefe? —Lo quiero vivo, llévenlo al viejo almacén —ordena. —¿Y ella? —el sujeto se refiere a mí. —Viene conmigo. Muévanse antes de que llegue la policía. Me entrega mi bolso y lo sigo por el club hasta la entrada. Hay algunos cuerpos, no hay rastro de las personas que antes bailaban y bebían, y pareciera que un huracán pasó por aquí. Me subo a la camioneta al igual que Bastian y este conduce, a unas cuadras escucho y veo pasar algunas patrullas, pero estas nos ignoran. En el resto del viaje Bastian solo me da una mirada. Pienso que quizás está preocupado por mí o tal vez siente algo de culpabilidad por lo que me hizo pasar, porque estoy segura que él sabía que podía ocurrir algo así. Quizás en un principio no le importaba lo que me ocurriera pero... por como me miró y me trató, sé que fué diferente. —Llegamos —anuncia sacandome de mis pensamientos. La camioneta está detenida calle afuera de mi edificio. Le entrego su chaqueta sin mirarlo, lista para bajar, pero entonces él toma mi muñeca, deteniéndome. Lo miro algo sorprendida, él también me observa en silencio un momento. —Hasta luego, Alexis —dice con ese tono indiferente y frío antes de soltarme, como si luchara con esa parte suya que fué cuidadoso conmigo antes, levantando sus muros nuevamente. Que extraño. Lo ignoro, endureciendo mi mirada y salgo dando un portazo. Cuando bajo inhalo profundamente el aire fresco sintiendo como mi labio inferior tiembla. Necesito recomponerme en caso de que Octavia siga despierta. Espero que nunca nos volvamos a ver. Pero lo dudo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR