Si cierro los párpados, la tengo enfrente. El barro hasta las rodillas, los ojos hinchados de rabia, la voz rota de tanto sostenerse entera cuando yo… Yo que creí saber de ruinas, la convertí en una. No fue el plan el que la partió; fui yo. Porque me engañé pensando que mi guerra y su futuro podían convivir bajo el mismo techo. —Pensé que, entre ruinas y cicatrices, estábamos levantando algo nuevo… —Eso dijo, y juro por Dios que yo también quería eso. Doy un paso. Mi pie golpea el banco derribado y lo cojo y lo lanzo contra la pared donde se hace astillas. El estrépito se apaga enseguida: nadie acude. Claro que no. Me queda la venganza. Solo eso sigue en pie entre los escombros, y me pregunto si basta para sostenerme. La puerta exterior rechina. Broen deja una bandeja con algo de com

