Capítulo 23.

1460 Palabras

Caelan también lo recuerda, Puedo notarlo en el pulso que le vibra contra mi muñeca, pero no aparta los ojos del pasillo vacío. Solo susurra: —Cuando te suelte, corre en silencio hasta tu habitación. Contaré hasta cinco. —¿Y si no quiero? —repto, casi sin aire. Sus dedos se crispan en mi cadera. Lo justo para sostenerme —Entonces iré a buscarte —responde—. Y esta vez no te soltaré por mucho que me muerdas. No alcanzo a replicar porque pone un dedo sobre mis labios. Cuenta uno, dos, tres… y cuando llega a cuatro me suelta. Corro. El corredor se estira ante mí como una garganta de piedra. El camisón me azota las pantorrillas, los latidos me retumban en los tímpanos. A la altura de la escalera norte dejo de oír las risas de la pareja y solo distingo el eco firme de los pasos de Caelan

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