Lo noto en el modo en que los demás cabalgan más dispersos, como si no quisieran acercarse demasiado. Nadie ríe. Nadie canta. Hasta Kerran, que siempre tiene una maldita broma a mano, guarda un silencio que pesa. Siento cómo Rolan baja la cabeza junto a mi oído. —Agáchate —murmura, y lo hago instintivamente mientras pasamos una rama baja. El movimiento me arrastra contra su pecho. No dice nada. Pero su cuerpo... Su cuerpo vibra como un tambor a punto de reventar. El caballo toma una curva cerrada, el viento me trae el olor del brezo marchito, y más allá, el aroma más pesado de un arroyo estancado. Eso significa que hemos salido de Pethshire. Y entonces lo entiendo. No era solo para contenerme. Era para protegerme a mí de lo que voy a ver y él lleva intuyendo todo el camino. El

