Eloise Estaba en mi oficina, revisando los errores que habían aparecido en el sistema. Alex me había dicho que Alessandro estaba en Londres. Tal vez era mejor no vernos por un tiempo, aunque esa idea no me resultaba tan fácil de aceptar como sonaba. Mientras revisaba sus diseños, noté detalles que solo él habría pensado, la simetría perfecta, el equilibrio entre lo simple y lo complejo, esa elegancia casi obsesiva que siempre lo distinguía. Me descubrí sonriendo, sin querer. Entonces, la puerta se abrió y Diana entró con dos capuchinos. El aroma del café llenó el espacio, rompiendo el silencio pesado que me envolvía. —Pensé que te vendría bien uno —dijo, dejándolo sobre mi escritorio. —Gracias —respondí, sin apartar la vista de la pantalla. —¿Otra vez revisando los diseños de Alessan

