Estábamos viendo en línea algunos locales centrales, unos eran demasiado grandes y Mateo quería comenzar con algo más o menos mediano, en caso de que no funciona, encontré que estaba bien.
—Y, ¿Qué tal ese? —le señalo un local en el que el precio se veía bastante accesible para ambos, porque por supuesto yo le iba aportar, era un proyecto de ambos.
—Si me gusta —dice, vemos las fotos, es un local que esta bastante central, y equipado para rubro de comida, así que según yo era perfecto—. Llamaré —dice Alonso, yo asiento y mientras él llama voy a la cocina a chequear que el pollo no se nos queme. Al rato llega Mateo sonriendo.
—¿Cómo te fue? —le pregunto, aunque por la sonrisa que trae, se que le fue bien.
—Bien, mañana tenemos cita con él a las seis de la tarde, ¿puedes? —me pregunta, tengo clases a esa hora pero esto es más importante, luego Max me pasa lo que explicaron en la clase.
—Por supuesto nene —respondo.
—Me dijo que hace cinco meses lo tiene en arriendo, pero que muchos buscan locales más grandes, ese creo que esta perfecto para empezar —dice, yo asiento mientras apago la llama del pollo.
—Si, yo también lo creo, además el precio es accesible —digo, él asiente.
Mateo coloca los cubiertos en la mesa y aliña la ensalada, yo preparo los platos y los dejo en los respectivos puestos de cada uno.
—Solo espero que al llegar allá se vea igual que en las fotos —dice riendo.
—Bueno si no es así, negociamos el precio en relación a los arreglos que tengamos que hacerles —digo, él asiente.
—Bueno, por fin usaré mis conocimientos de gerencia —
—Lo harás nene —digo
Conversamos de cosas triviales mientras comemos entre risas y besos, como cada día, nuestra relación cada vez parecía ser mejor, y aunque me encantaba, de todas formas me producía algo de miedo. Un miedo de que algún día esto acabara.
Cuando terminamos de comer, Mateo lavó y yo sequé, y luego nos sentamos a ver una película, mientras estaba acostada en su pecho, sentía su respiración y cada latido que daba su corazón, me sentí como si estuviera en el cielo, jamás pensé que llegaría a sentir esto por alguien.
—¿Vamos a la cama? —me pregunta cuando la película termina, yo asiento.
—Guíame porque soy ciega —digo sonriendo, estiro las manos y cierro los ojos, Mateo ríe, pero en vez de tomar mis manos, me toma en sus brazos—. ¡Hey, eso no esta bien! —digo, él ríe.
—No me importa —dice, yo ruedo los ojos.
Mateo me recuesta en la cama, y su mirada tierna pasa a una mirada de lujuria, ya sé lo que se viene, y la humedad en mi intimidad no se hace esperar.
—Hola Silvia —saludos cuando llego a la oficina, llevaba siempre diez minutos antes, era la única forma de no toparme con Esteban en el ascensor.
—Hola Juliette, ¿Qué tal estás hoy? —me pregunta sonriendo, yo me afirmo en su escritorio, que era alto, casi ni se veía ella.
—Con un poco de sueño, ¿y tú? —pregunto.
—Te entiendo, debe ser muy estresante venir aquí y luego ir a tus clases —dice.
—Lo es, pero, ¿Qué hay para mí hoy? —le pregunto, ella hace una mueca.
—Lamentablemente para hoy solo hay reuniones, una tras otra —dice, yo hago una mueca igual.
—Buenos días —dice Esteban pasando por nuestro lado, Silvia le sonríe grande, y en cambio sonrío por cortesía.
—Buenos días —digo, Silvia se levanta y camina hasta estar a su lado.
—Buenos días don Esteban, enseguida le llevo su café —le dice ella, Esteban solo asiente y después de darme una mirada, camina hacia su despacho, yo ruedo los ojos cuando me da la espalda, solo espero que esta practica termine luego.
Cuando Esteban entra a su oficina, Silvia me mira.
—¿Te llevo un café? —me pregunta, yo niego.
—Luego voy yo por el, ¿me pasas las carpetas? —le pido, ella asiente, vuelve a su escritorio y me pasa una cantidad de seis carpetas, con lo que parece bastante contenido.
—Si, la primera reunión empieza es treinta minutos, esta es la carpeta —dice dándome la primera.
Una vez en mi oficina me siento a revisar la carpeta, es un caso de violación, un expediente que había sido cerrado, pero que la victima quiere volver a abrir, puede sonar raro, pero estos son los casos que me importan, es decir, ayudar a las mujeres que han sido abandonadas por el estado y la justicia, no puede ser que alguien te violente de esa forma y quede impune, sobre todo si ella es tan valiente como para haber dicho que fue abusada.
—Estamos listos para la reunión —me avisa Silvia, yo asiento, tomo mi IPad, la carpeta y me dirijo hacia la oficina de reuniones, al entrar me fijo que hay dos personas, más bien dos mujeres, una de más edad que la otra, podría asumir que son madre e hija, se parecen bastante. Las saludo con cortesía a ambos y me siento en el puesto que ocupo siempre. A los minutos aparece Esteban, quien saluda a las dos mujeres.
—Buenos días, me alegra que estén aquí, me han llegado desde la fiscalía todos los datos del caso, entiendo que desestimaron los cargos contra el violador —comienza él, ambas asienten.
—¡Quiero que ese hombre pague por lo que me hizo, no puedo creer que este libre, viviendo como si nada, mientras yo ya no puedo salir sola a la calle por miedo, y las pesadillas en la noche no me dejan dormir, no es justo, debe pagar por lo que hizo! —dice la mujer más joven, comenzando a derramar algunas lagrimas.
—Te entiendo, hoy ingresaremos la querella, en unos días tendremos la respuesta, ahora quiero que me digas con lujo de detalles todo lo que paso aquel día —dice Esteban, la chica mira a la otra mujer, a mí y respira hondo, le doy una sonrisa tranquilizadora, quisiera decirle que la entiendo y comprendo pero es algo que esta demás, ella no necesita que yo la entienda, y si para pasar página su violador debe estar en prisión entonces eso es lo que haremos.
Ella comienza a contar lo sucedido, toma aire en varias partes, y bota varias lágrimas, es algo que paso hace unos cinco meses, pero que el tiempo parece no curar.
Cuando terminamos la reunión, Esteban se retira a su oficina, yo voy en busca de las otras carpetas y decido esperar en la sala de reunión, ya que iban a seguir en solo diez minutos.
Las reuniones me dejan agotada mentalmente, eran casos muy fuertes y era prácticamente inevitable no ponerse en el lugar de las victimas, casos de violación, intentos de homicidios, violencia intrafamiliar. Una mujer entro, en la última reunión, la mitad de su rostro quemado, su pareja la había rociado con bencina y le había prendido fuego, estuvo cuatro meses en coma inducido, porque además de eso la había apuñalado en múltiples partes de su cuerpo, sin olvidar que a parte de su cara, su cuerpo también estaba marcado por las quemaduras, apenas hablaba al recordar los momentos, y en parte por la intubación que necesito. Un juez muy incompetente no había condenado al hombre, que aún la acechaba al parecer en busca de cumplir su prometido. Hoy había sido el día en que más había aprendido, en lo cruel que podía ser el mundo para las mujeres, por el solo hecho de ser mujeres.
“Voy en camino”
Le envío un mensaje a Mateo.
“Ya estoy aquí, te espero, te amo”
“Llego en cinco, te amo”
Cuando llego al lugar donde esta ubicado el local, Mateo esta afirmado en su moto mirando el celular, encuentro un estacionamiento justo frente a él, cuando me ve, me sonríe, con esa sonrisa preciosa de él.
—¡Que bueno que estás aquí, estoy nervioso! —dice, yo sonrío.
—Por supuesto nene, no tienes que darme las gracias, contigo en todo —digo dándole un beso.
—Ustedes deben ser Mateo y Juliette —dice un hombre alto y delgado, ambos asentimos—. Bueno un gusto, pasemos —dice, con Mateo lo seguimos tomados de la mano, el abre la puerta y cuando entramos sonrío, es exactamente igual a las fotos, miro de reojo a Mateo, en su cara se nota el alivio.
—Bueno… —comienza el hombre, pero Mateo lo detiene.
—¡Lo quiero! —dice firme, el hombre ríe y yo igual.
Mi celular suena con una llamada, es Esteban, me disculpo con ambos y salgo del local para contestar.
—Hola —
—Hola Juliette, llamaba para decirte que mañana en la noche, tenemos una reunión, irán algunos socios, abogados y quiero que vayas, como mi acompañante —dice, yo dudo.
—¿Es obligación que vaya?, es que luego de las clases quedo bastante cansada —digo.
—Es obligación, debes ir formal, vestido o como quieras, adiós —dice y luego finaliza la llamada, yo me quedo mirando el celular, no sé porque tengo la sensación de que no es obligación de que yo vaya.