A la mañana siguiente cuando bajamos a desayunar, mi mamá se veía notablemente nerviosa, no tanto pero yo la conocía perfectamente, habíamos sido el apoyo de la otra todos estos años. —¡Hola mamá! —digo, ella me mira y sonríe, se esta haciendo un café, yo agarro dos tazas, le paso una a Mateo. —Hola chicos, ¿Cómo durmieron? —pregunta. —Bien gracias —dice Mateo, yo asiento. —Dormí como un bebé, esta semana estuvo bastante agotadora —digo, mi mamá asiente y me acaricia la cabeza. —Ya no te queda mucho para salir, y sabes que todo esfuerzo trae su recompensa —dice, yo asiento. —Lo sé, después de comer iremos con Mateo al mall —digo, ella asiente—. ¿A que hora llegara tu invitado? — —Estén aquí como a las seis —dice, yo asiento, recién son las diez de la mañana. —Perfecto — Nos arre

