—No me voy a poner eso Alysa, no soy una prostituta, y eso —señalo el pedazo de tela que tiene entre sus manos, que podría decirse es del tamaño de un cinturón —. No es un vestido...
—Pues tampoco eres una monja —me arroja el vestido y me ayuda a ponérmelo a pesar de todas mis objeciones —. Y esta noche vas a ver al hombre que hace que te mojes toda sin decir nada, así que tienes que impactarlo.
—Muy linda tu intención pero de seguro irá con otra súper modelo y yo ahí...
—Tú ahí le demostrarás que no tienes nada que envidiarle a esas mujeres —me interrumpe. Hace que me pare frente al espejo y sin dudar tenía razón. Ese vestido sin tiras me quedaba perfecto, así que mis pechos se vieran mas grandes y que mi trasero luciera muy firme. Con la chaqueta y los accesorios quedaría estupenda. —Además hoy es tu noche. Al fin vas a comerte a ese bombón que tienes por jefe —se tira sobre la cama mirando al techo, mientras suspira —. Si no fuera porque tengo novio y me agradas, yo ya lo habría probado.
—Que perra —agrego con tono divertido —. Yo no estaré con nadie hoy, sólo iré un rato y ya.
—Sigo sin entender por... —se calla de pronto. En su rostro una mueca de entendiendo se forma —. A ti no sólo te gusta... ¿Estás enamorada de él?
Me quedó callada. Por suerte el timbre me salva, aunque es seguro que ella ya se dió cuenta.
Andrew, su novio, llega acompañado de otro muchacho. Muy guapo por cierto. Ambos me miran asombrados.
—¿Verdad que está hermosa? —pregunta Alysa.
—Wow Alexa... Te ves increíble. ¿No te parece Matt?
El joven sólo asiente sin dejar de verme. Sonrió.
—Ale, él es el primo de Andrew. ¿Un galán no? —como siempre mi amiga tratando de conseguirme ligues.
—Hola —le digo.
—Hola, de verdad estás... Wow —él suena muy agradable y dulce.
Mi celular suena distrayéndome, es Darla, ya llegó por mi.
—Bueno, me voy —me despido rápido de todos y salgo tratando de caminar bien con estos tacones tan altos.
—¡Haz cosas sucias! —le escucho decir a mi amiga. Ojalá pudiera ser como ella o Darla, que no involucran sentimientos con sus acostones. Yo no puedo dejarme seducir por James... No puedo.
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—Esto está fantástico —Darla se mueve al ritmo de la música que suena. No es algo alocado, sólo para romper el hielo. Se suponía que ella seria quien conduciría pero ya va por su cuarto trago por lo que esa idea sale rápido de mi mente.
Yo tampoco estoy en condiciones de manejar, por lo que nos tocará ir en taxi.
Observo hacia todas partes en lo que ella me cuenta de su encuentro con Giovanni. Busco a James por doquier y no lo veo.
—¿Estás bien? Luces tan bonita y no dejas que nadie se te acerque... —Darla insiste en que acepte a algún chico pero no puedo porque simplemente no quiero estar ahí.
Miró hacia la entrada y mi expresión decae al verlo entrar del brazo con aquella mujer alta y de cabellos rubios.
Cuando regreso la mirada mi amiga está charlando con el director del área de diseño. Ambos parecen estar muy contentos. Como siempre salgo sobrando.
Respiro, y dejo mi vaso sobre la mesa. Decido salir a tomar algo de aire. Camino algo mareada pero logro llegar al barandal del balcón de aquel gran hotel.
La luna luce bellísima esa noche. Quisiera poder estar en cada tranquila sin preocuparme por quién está James.
—¿A quién engañas, Alexa? —me digo en voz alta. Aunque estuviera allá igual me interesaría por él.
—La noche está casi tan bella como tú. ¿Por qué estás tan sola? —ese acento hace que reconozca con facilidad a quien está hablando.
—Necesitaba algo de aire —le aclaro. El señor Rossi se acerca a mi, y se apoya en el barandal.
—Espero que quien sea el afortunado para el que te vestiste tan hermosa, sepa apreciarlo —su declaración me pone incómoda.
—No me visto para nadie —agrego seca y cortante —. ¿Usted será el nuevo socio de la empresa, verdad?
—Quizás, aún no me decido.
—¿Y qué necesita para decidirse? —nuestras miradas se cruzan.
—Encontrar algo que me haga querer estar aquí —su mirada recorre mi cuerpo, haciéndome sentir incómoda —. Y creo que tal vez esté cerca de hallarlo.
Estoy a punto de decirle algo descortés cuando James nos encuentra.
—Aquí estás, el señor Takashi insiste en conocerte —le dice a Giovanni. Él nos observa como intentando dilucidar qué hacíamos.
—Dile que estoy ocupado... —agrega el italiano sin siquiera preguntar mi opinión.
—Pues eres tú quién perderá un gran negocio.
Después de aquello Giovanni acepta ir. Se despide de mi intentando darme un beso en la mejilla, pero me aparto dejándole claro que no me interesa nada con él.
—Hasta pronto, Bella —sale hacia el gentío mientras James y yo nos quedamos solos en el balcón. Puedo sentir como mi sangre comienza a hervir de tan sólo verlo así de guapo con aquel traje n***o.
—No sabia que te llevaras tan bien con Giovanni... —¿acaso eran celos lo que estaba oyendo? ¿O el alcohol ya me estaba afectando? Me muevo un poco y trastibillo, sosteniéndome por la barandilla. Él me sujeta por la cintura, haciendo que su aliento quede en mi nuca. Siento las piernas tembalearse.
—Podría decirse que sólo soy amable... Será su socio después de todo.
—Sabes a lo que me refiero.
—En realidad —le sostengo la mirada firme —. Con usted nunca estoy segura de nada.
James baja la mirada por poco tiempo. Nos quedamos en silencio contemplando aquella ciudad majestuosa que se presenta ante nosotros impávida y bella.
—Estás impactante —dice dejándome sin palabras. Me inclinó un poco dejando que mi escote llame su atención. James me observa, sorprendido por mi descaro —. Pero no necesito de tu ayuda para cerrar tratos.
—Quería ayudar —camino dejándolo atrás, hacia dentro del salón —. Le diré a Darla que nos vamos.
—Alexa, No creo que ella quiere irse —dice a mi oido señalando a mi amiga, quien está flirteando con un chico muy guapo. Bufo molesta.
—Caminaré.
—Será mejor que te lleve a casa. No te ves bien —James insiste, y me toma por la cintura. Me resisto un poco. Esta bien que tome algunas copas, pero no me sentía borracha. Tal vez un poco mareada pero no lo suficiente como para que algo me sucediera.
—Puedo sola, además no dejaré a Darla conducir.
—No te preocupes por ella. Yo me encargo de que algún conductor la lleve a su casa. ¿No confías en mi?
—Esa es una pregunta difícil James —su rostro muestra una mueca de asombro. Y una sonrisa de lado nace en sus labios.
—Creo que te traeré otra copa, me has llamado por mi nombre.
Me quedo sorprendida, y comenzamos a reír. Salimos del salón, yo sosteniéndome por él. James le indica a un joven algunas cosas, y salimos hacia su auto -. Sube, por favor.
Bajo mi vestido un poco y le hago caso. Su chófer nos mira esperando que le indique mi dirección. James se la da, y yo lo observo sorprendida de que sepa donde vivo. ¿Me persigue o qué?
—¿Cómo sabes mi dirección? —mi voz sale algo extraña.
—Sé todo sobre lo que me interesa —su respuesta me deja perpleja. Me acerco un poco más a James. Él no evade mi acercamiento.
—¿Le intereso señor Adams? —su labio se curva en una sonrisa seductora, y sus ojos se pierden en mi escote. Al verlo, puedo ver como su mirada se torna deseosa. ¿Quién era esta mujer que me hacia comportarme así?
—Me encantaría que diéramos un buen espectáculo —supe que se refería a su chófer —. Pero si te traje, fue porque necesito decirte algo. Aunque noto que no estás lo suficientemente bien, para hablar de eso ahora.
—Dime James, no me dejes intrigada. Estoy perfecta para oír cualquier cosa. -—le doy su espacio. Él permanece en silencio, su mirada deseosa recorre mi cuerpo con lentitud. Mi cuerpo lo desea, y en este instante, si me creo capaz de animarme a todo.
—Quizás para oírlo, pero no para pensar en claro una respuesta. Hablaremos cuando estés mejor. Ahora descansa —el auto frena. Miro por la ventana y veo la fachada de mi edificio.
Nos quedamos en silencio un momento, y yo decido bajar.
Antes de cerrar la puerta me despido.
—Gracias por traerme, Señor Adams.
—Siempre es un placer, Alexa.
Me alejo. Él aguarda que entre al complejo de departamentos antes de irse. Yo aún puedo sentir como mi parte íntima arde. Mi respiración sigue agitada. Ese hombre me derretía.