La visita de Benjamín

1517 Palabras
Sentada en el piso, recostada en el sofá; miro a mi alrededor sintiéndome insignificante después de todo lo que mi madre dijo. Y ahora que lo pienso, no recuerdo cuando fue la ultima vez que me sentí querida por ella. Tampoco es que necesite una explicación para ello, en decir, sus palabras son más que un reflejo de su grato amor hacia a mí. No necesito más que eso para darme cuenta que con ella jamás tendré sana, simplemente ella es mi progenitora y yo lo que trajo al mundo. Quizás es suficiente de esperar más de nosotras, más de nuestra relación, más … más de lo que podemos dar una a la otra. Quien sabe, creo que ya es momento de madurar y dejar volar ese deseo de tener una amistad con ella. Por más que la quiera, me hace daño, y no quiero seguir perdonándola para que después de tener que soportar otra herida de su parte. Es difícil pesar en ello. Me duele el pecho y por más que intento respirar profundo y sacar eso que tengo atorado, no puedo. Cierro mis ojos intentando no ver mi realidad, pero la mano de mi madre levantada yendo directo a mi rostro lo revivo. No es la primera vez que ella me agrede, pero si la primera que me defiendo, que defiendo mi integridad y todo lo que soy como mujer y como profesional. Ese es posible el enfado de ella y lo entiendo. —Este a sido el fin —me digo. Me levanto de donde estoy, quiero y necesito un baño para calmarme y alguna crema que calme el dolor que siento en mi mejilla. Acaricio mi mejilla enrojecida mirándome al espejo, observo mis ojos enrojecidos por las lagrimas que derramé y no sé si sentirme mal por mí o enojarme por ser tan noble que hasta por las personas que me dañan lloro. Una lagrima intenta escaparse, sin embargo, la limpio rápidamente con la manga de mi bata. Miro mi bata puesta y mi cabello que está recogido en una toalla, y me veo tan ridícula llorándole a un espejo. Me alejo un poco del tocador contemplando mi reflejo en él. Siento como el enojo va recorriendo mi cuerpo, tanto, que tomo el primer objeto que está cerca de mi mano, lo tomo y lo lanzo en contra el espejo haciendo que este se rompa. El ruido es tan grande que pego un salto al mismo tiempo que estillas de él caen por todo el baño. ¡Demonios! Al instante que escucho el estruendo del espejo rompiéndose, me arrepiento de haber hecho tal cosa. Estaré metida en serios problemas por haber sido tan irresponsable y dejarme llevar por los impulsos del enojo. Soy débil, lo sé, no puedo controlarme. Me han destruido, eso ha pasado, Julián me destruyó, se llevó todo lo que yo era y, ¿ahora como me recupero? ¿Qué hago? Siento que un día voy subiendo peldaños y al otro retrocedo el doble de lo que había alcanzado. Es frustrante sentir me he perdido. —¡Ay Cristin! —Suelto el llanto. Salgo del baño y voy a la cocina por una escoba y una palilla para recoger los trozos del espejo, pero unos golpes en la puerta me detienen. Solo espero que no sea mi madre, Julián o el dueño del edificio. Tengo la mano en la manilla de la puerta, respiro profundo y suelto el aire. Sin pensarlo, abro la puerta y allí está Benjamín, su rostro es serio y yo solo puedo mirarlo llena de confusión. —¿Qué ha sido ese estruendo? —Me cuestiona. Sabía que mi poca paciencia fue escuchada por los vecinos, pero, ¿Benjamín? Ahora me siento tan avergonzada, que no sé qué responderle. —El espejo del tocador, explotó —comento para no verme como una persona conflictiva. —¿Explotó? —Me pregunta con duda, y no lo juzgo, yo misma dudaría de una respuesta como la que le acabo de dar—. ¿Cómo es eso posible? ¿viene mal de fabricación o un objeto se estrelló sobre él? Estoy segura que mi rostro es de terror, creo que es más que obvio lo que pasó, y yo mintiendo para salvar mi pellejo. —¿Por qué la pregunta? —Digo intentando no verme perdida mientras él descubre la verdad. —Algo me dice que tengo la razón, ¿necesitas ayuda? Me giro dándole la espalda, tomo la escoba y la palilla e ingreso al baño. —Si pudieras retroceder el tiempo, sería una gran ayuda, así me evitaría cometer tantos errores. Escucho la puerta cerrarse y unos pasos acercándose a mí. —¿Te refieres a Julián? —Me cuestiona. —Sí, iniciando por él. Sería un gran error por borrar, Es más, recuérdame cada vez que puedas lo idiota que él es. Benjamín alza una de sus cejas, quizás mis palabras son tontas y eso lo hace pensar mal de mí. —¿Quieres contarme qué es lo que está pasando contigo? Giro para verlo y no puedo evitar llorar, es que; es tanto lo que cargo que siento que cada vez se hace pesado y pronto me va a tumbar al suelo. —No sé por dónde empezar, Benjamín, es todo, ha sido todo —alzo mi rostro lleno de lagrimas hacia él. —Es como si mi vida se hubiese detenido a causa de la traición de Julián. Todo lo que conocía se esfumó, incluso mi estabilidad se fue junto con él, ¿me comprendes? Benjamín permanece serio, presta atención a cada detalle de mis palabras, quizás es porque no quiere juzgarme tan precipitadamente o solo quiere entenderme. —Y de verdad no quiero sentirme de esta manera, no quiero pensar en lo desdichada que soy y en cómo Julián jugó conmigo, sin embargo, por más que intento no sentirme así, hay algo que siempre me recuerda él y en lo que me hizo. —Mis palabras no serán de mucha ayuda, pero por lo poco que he escuchado, lo amaste mucho o si no, no tendría otra explicación para lo que escucho en este momento. Limpio mis lagrimas y sonrío como una loca desquiciada, cambiando mi estado de animo fingiendo así que ya estoy mejor. —Pero va doliendo menos, te lo aseguro. Benjamín me atrapa entre sus brazos y me apachurra contra él. —Deja de fingir algo que no estás sintiendo, aunque lo dudes, sé perfectamente por lo que estás pasando, así que, no finjas delante mí. Rodeo su cuerpo con mis manos y escondo mi cabeza en su pecho, lloro por que hasta ahora solo él me ha sabido acompañar en este duelo, no me ha juzgado y mucho menos me ha cuestionado, algo que no he recibido de mi madre. —Me duele su traición Benjamín, me duele por que no sé qué está mal en mí, que tiene ella que yo no para que me ha sido infiel, ¿por qué no termino la relación antes de lastimarme así? —me aparto de él para mirarlo a los ojos—. ¿no era suficiente?, es eso lo que me carcome en este momento, ¿puedes imaginar como me siento? siento que todo fue mi culpa quizás si hubiese estudiado una carrera o .... Mis palabras quedan inconclusas cuando Benjamín me hace callar con su mano en mi boca. —Calla, deja de decir cosas tan feas —chilla con gracia haciendo que sonría—. No es que seas insuficiente, es que él no supo valorarte, son cosas muy diferentes y créeme cuando te digo que, Alberto no llegará al altar con Clarissa. Esas palabras son alarmas para mí, ¿puede ser cierto eso? —¿Por qué lo dices? —Cuestiono con culpa. —La respuesta es simple, desde la propuesta de matrimonio Clarissa está muy a la defensiva y las respuestas que recibe a sus preguntas no son del todo asertivas, y solo crean más dudas en ella. Cierro mis ojos e inclino mi rostro, solo pido que Benjamín no le hable de mí y de lo que sabe hasta este momento. No quiero lastimar sus sentimientos, aunque tampoco quiero que termine como yo, siendo traicionada por Julián. —Debe estar aterrada —lazo mi rostro para ver a Benjamín y rogarle que no diga nada, pero cuando intento hablar él me interrumpe. —No debes preocuparte, no diré una sola palabra. Benjamín me da una amplia sonrisa para que le crea, lo cual me hace reír y esconder mi rostro en su pecho nuevamente. —Eso me hace sentir mejor, no podía lastimarla a ella, no sabiendo que Julián le mintió al igual que a mí. Benjamín pasa su mano por mi espalda acariciándome, algo me hace sentir bien, es como si quisiera sacar de mí toda tristeza, enojo e incluso miedo. —Gracias por venir, Benjamín, estar sola en este lugar es horrible. —Para eso están los amigos, no tienes porque agradecer —Me responde y me apachurra más contra él.
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